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La verdad

Por Alejandro Arranz

-Una película muy interesante y muy bien hecha. Un trabajo de dirección depurado, un guión inteligente y un reparto en excelente estado de forma conforman la propuesta.
-Se le puede acusar cierto maniqueísmo e incluso que la intensidad del filme proviene de la potencia de sus interpretaciones, pero no por ello dejamos de tener delante un thriller periodístico de primera categoría.

Debuta en la dirección un guionista tan dispare en sus trabajos como lo es James Vanderbilt. A sus espaldas encontramos trabajos tan diferentes como la magnífica Zodiac de David Fincher, el remake del hombre araña de Marc Webb o el explosivo y divertido disparate ochentero de Roland Emmerich, con nombre Asalto al poder. En anteriores trabajos se podía presuponer que era un gran amante del buen periodismo, ese honesto, limpio y necesario que a día de hoy ya parece una leyenda urbana. Y queda más puesto de manifiesto en este nuevo proyecto que nunca en su carrera. La historia se centra en el llamado caso “Rathergate” sobre los documentos encontrados por la CBS que creían demostrar que el presidente Bush habría utilizado sus influencias para librarse de cumplir su servicio militar; y también en como este supuesto descubrimiento y su emisión desembocó en graves consecuencias para sus responsables. Una de las facetas más interesantes sobre este thriller dramático basado en una historia real es su increíble reparto, protagonizado por la fabulosa Cate Blanchett además de otros fantásticos interpretes entre los que se encuentran: Robert Redford, Topher Grace, Elisabeth Moss, Dennis Quaid y Bruce Greenwood.

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El guión del propio Vanderbilt está basado en las memorias de la productora de noticias Mary Mapes a la cual interpreta Cate Blanchett. Y se nota mucho que el guionista tiene en alta estima al personaje retratado y su forma de pensar, uno de los motivos por los que podemos observar ciertas posturas maniqueas en el transcurso de la historia. No obstante estamos ante un trabajo sobrio, que va más allá de posturas políticas. La verdad es un thriller con resonancias a Lumet que trata sobre el buen y el mal periodismo, sobre la información y la desinformación, las preguntas y las respuestas, las ambigüedades y los matices de la sociedad actual y los medios de comunicación, e incluso sobre como los hechos, las personas y sus actos pueden marcar nuestra forma de ser. Sin embargo y aunque se juega con variedad de temas de actualidad, el mensaje es único y unidireccional, un problema que podría ser terrible si no estuviéramos ante una cinta que sabe jugar sus cartas con auténtica agudeza y vitalidad. El comienzo del filme es flojo, llama la atención del espectador por una agilidad y una energía no muy habituales en este tipo de películas. El ritmo por tanto en un punto a favor, siempre es constante y ayuda mucho que la historia sea interesante y que los actores estén realmente bien dirigidos. No obstante la película en el primer tramo deja bastante que desear, pero luego va mejorando conforme avanza, volviéndose más madura, más interesante y jugando con puntos de vista y tonalidades de grises que algunas veces pueden llevar al espectador a confusiones importantes, no siempre por casualidad. Los sólidos diálogos, la precisa construcción de los personajes y el acerado uso de las herramientas de escritura son los puntos fuertes de un guión que derrocha inteligencia por los cuatro costados, así como cierto clasicismo. La dirección es parecida, aguda, pulcra, con una cámara que pasa desapercibido pero sin perder interés en algunos detalles excelentes y centrando la atención en un elenco que hace maravillas. Así pues y aunque todos están realmente bien, sobresalen el sempiterno carisma de Robert Redford y la soberbia interpretación de Cate Blanchett que vuelve a superarse a si misma fundiéndose con su personaje en un trabajo que la garantiza otra muy merecida nominación al Oscar.

Con la historia que tenían podía haber salido una película extraordinaria, pero también una mediocre, a medio camino encontramos la película que se ha logrado finalmente. Una película imperfecta pero igualmente eficiente, inteligente, concisa y entretenida, que tiene la capacidad de convencerte de la veracidad de lo que nos cuenta. Lamentablemente hay fisuras importantes en el guión que muchos no podrán dejar pasar ni a pesar de su buen ritmo, de sus evidentes virtudes y de un reparto espléndido. Les recomiendo encarecidamente que la vean porque aún con sus fallos es cine de alto nivel, muy bien hecho y con el que no van a perder el tiempo. Ahora me despido como lo hacía Edward R. Murrow, con un: “Buenas noches, y buena suerte”.

Alejandro Arranz

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