Image Image Image Image Image Image Image Image Image

La vejez y la vida al filo del camino

Por Enrique Fernández Lópiz

El escritor Bill Bryson (Robert Redford), después de veinte años en Inglaterra retorna a los Estados Unidos. Es un hombre mayor, con una bonita familia y una amantísima y bella esposa (Emma Thompson). Pero sus días transcurren un tanto tediosamente. Con las mismas, decide salir fuera de los muros del hogar e iniciar una gran aventura en su vida: recorrer el camino de los Apalaches, en una itinerario a pie atravesando los paisajes más bellos del continente. En el viaje cuenta con la compañía de un viejo amigo (Nick Nolte), quien tras varias llamadas resulta ser el único dispuesto a acompañarlo en tan “disparatada” aventura de miles de kilómetros. Entre ambos se entabla una singular relación, cada uno con sus características personales bien diferentes; cada uno de ellos tiene una idea diferente del sentido de la aventura.

La película, Un paseo por el bosque, me ha encantado, es una adaptación de A walks in the Woods (1998), uno de los más divertidos libros de viajes del británico nacido en los EE.UU., Bill Bryson, un respetado escritor también en otros terrenos, pero que sabe tener también una vis humorística de primer orden. Admirador del humor de Mark Twain, en el libro relata su agotador y gracioso viaje a pie por el sendero más largo del mundo, que recorre los Apalaches en la costa Este de los EE.UU. En la novela, y para que nos hagamos una idea de cómo es el film, Bryson nos cuenta una parada técnica en un pueblo para cenar caliente y escribe: No diré que la comida del Georgia Mountain es de la que anima a la gente a viajar, ni siquiera dentro de Hiawassee; y de la tarta que le pusieron de postre añade: Era un monumento a la tecnología alimentaria: tan amarilla como para dar dolor de cabeza y lo suficientemente dulce como para que se te pusieran los ojos en blanco. En suma, todo lo que se puede pedir a una tarta, siempre y cuando el sabor y la calidad no sean parte de los requisitos.

El director Ken Kwapis, todo un veterano e irregular autor, ha sabido, desde mi modo de ver, construir una comedia con cierto grado de blandura y benevolencia, pero que resulta amable y agradable. El guión de Michael Arndt y Bill Holderman, que recrea la novela de Bryson, tiene unos diálogos ocurrentes, afilados y con un particular humor que puede que no a todo el mundo agrade; yo no paré de reír. Es evidente que el libreto está escrito para el casi el exclusivo servicio de las estrellas protagonistas; pero ahí donde algunos ven una falla, yo veo un acierto, pues como ahora diré, esta película es ante todo y fundamentalmente, una exhibición de los añosos Redford y Nolte, que hacen una gran pareja, que sintonizan de principio a fin.

Me ha gustado mucho también la música de Nathan Larson y la fotografía de John Bailey es de resplandeciente, justo para los hermosos parajes y vistas que en la película asoman para el recreo del espectador, en el denominado Sendero de los Apalaches, que cuenta con recorridos por ambientes naturales de Carolina del Norte, Georgia o Pensilvania (entre otros).

un-paseo-por-el-bosque-2

El reparto está presidido por un estupendo Robert Redford a sus ochenta años, un actor que en su madurez parece haber ganado y se muestra natural y sin artificios. Y no la va a la zaga un enorme Nick Nolte en un rol de hombre tosco, desastrado, fullero y con tendencia contenida al güisqui, que acompaña perfectamente a su pareja de viaje. Está muy bella y estupenda Emma Thompson en el poco metraje que le corresponde. Y quiero resaltar a Kristen Schaal, que hace un papelito de lo más cómico como muchacha engreída y verborrágica, una joven caminante que tiene mucha gracia y que en cierto modo está desaprovechada en este film. Acompañan muy bien Mary Steenburgen, Nick Offerman, Sandra Ellis Lafferty, Derek Krantz, Linds Esward, Andrew Vogel, Hayley Lovitt, John Kap, Walter Hendrix III, R. Keith Harris y Alex Van.

Es una cinta en la que además de aprender sobre los adultos mayores, uno se ríe a gusto, con buenas interpretaciones y una trama que tiene su origen en el gran escritor que es Bryson. Como escribe Montoya: “Con esa extraña pareja funcionando a medio gas, y pese a la atonía de la puesta en escena y de un guión menos tronchante que su referente literario (¡qué poco se aprovecha la aparición de Kristen Schaal!), es indudable la fuerza de la película como generadora de buen rollo. Mal que les pese a los ´haters´ de las´ feelgood movies´, salir sonriendo de una sala de cine es todo un valor. Y por ahí encontrarás un camino más plácido que el que encaran los protagonistas del film”. Además, el viaje y la aventura tienen el tinte de comedia que deviene esperpento en ocasiones. Pero las constantes gotas de humor que destila, unido a la química que se da entre los protagonistas, salvan cualquier escollo.

Estamos ante una obra con hombres mayores, se puede decir que viejos (si nos centramos en los actores que encarnan los personajes, Redford tiene 80 años y Nolte 75, en este film). Y llama la atención a modo de mensaje explícito, la idea de que la vejez no es óbice para tener proyectos, ilusiones, y llevarlas a cabo; el afán y la excitación por descubrir nuevas cosas, por tener experiencias o poner en marcha emprendimientos largamente guardados y que un buen día, nos invitan a salir y, como en el caso de los personajes, a salir caminando por una ruta extensa y casi imposible: ¡más de tres mil kilómetros! Pero van.

Estas son las asignaturas pendientes, el gusto por conocer, por conocer a personas nuevas, nuevos horizontes, por experimentar que se está vivo. En esto la película es toda una enseñanza, sobre todo para los mayores de hoy que están, más que antaño, en buenas condiciones físicas y mentales. Como escribe Bermejo: Los extraños personajes que conocen las penurias a las que se someten, las diferencias entre las vidas que han elegido, entre el matrimonio fiel o la soltería díscola […] se ordenan de tal forma que resulta igual de fácil cogerles cariño a los personajes, reírse con ellos, que entender que la mayor aventura de todas, el mejor reto, es saber envejecer a tiempo”. A tiempo pero no antes, añado yo, eso es lo que nos transmite el film. Hay que saber envejecer, pero sin apresurarse, como los personajes de esta comedia tan estimulante. Los mayores gastan un tiempo precioso en médicos, lutos, funerales, y otras actividades poco reconfortantes (estoy harto de enfermedades y funerales, dice el protagonista) ¿Y si los mayores se deciden a hacer de a poquito el Camino de Santiago, ya que estamos en España? ¡Qué mejor! ¿Y si nos anotamos en un curso de ordenadores o de Poesía? ¿Y si vamos al cine? Hay mucho por hacer, planes y aspiraciones que los mayores pueden desempolvar. De eso va el film, también por supuesto de la amistad, de una amistad largamente guardada por parte de dos colegas viejos.

La recomiendo, sí, de forma decidida recomiendo esta película para todas las edades. Nos sirve para aprender de la vida y sobre las personas mayores, sus afanes, sus anhelos y sus ganas de vivir. Como dice Redford en un momento del film: El sendero de los Apalaches es como la vida, no sabes lo que está por llegar, pero lo haces lo mejor posible. Pues eso.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=MO8zBR_do5A.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario