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La última película de Anthony Quinn

Por Enrique Fernández Lópiz

La señora Jennifer Barrett (Madeleine Stowe), una mujer casada y con un hijo, ignora que su familia, que ella cree biológica, es una familia de adopción. Su padre real es Angelo Allighieri (Anthony Quinn), un importante mafioso. El tal capo tiene un incondicional amigo y guardaespaldas, Frankie Delano (Silvestre Stallone). Don Angelo ve aproximarse el día de su muerte, lo que parece una coincidencia macabra, pues Quinn habría de morir al poco de finalizar el rodaje como consecuencia de un cáncer y de complicaciones respiratorias causadas por una neumonía (3 de junio de 2001); y efectivamente, uno de los puntos de interés de este film para mí era ver la última película de este gran actor que fue Quinn, de agitada, rica y variada filmografía. Pues bien, con motivo de esta premonición en la peli, el capo Don Angelo decide grabar sus confesiones con una cámara de vídeo. Frankie Delano, su guardaespaldas e incondicional amigo, se encarga de filmar las alocuciones casi filosóficas de su jefe. Al poco, en un restaurante y por un descuido de Delano, Angelo perderá la vida a manos de sus rivales mafiosos. Antes, Angelo ya le había encargado a Delano que cuidara de su hija natural, y al fallecer su admirado jefe, jura proteger a Jennifer de los enemigos de su padre, e incluso de su promiscuo esposo que la trae a malvivir. Pero para eso ha de revelar a Jennifer su verdadera identidad y prevenirla del peligro que corre.

Se trata de una película dirigida con oficio por Martyn Burke, con un guión mediocre de Steve Mackall y Will Aldis, música buena de Bill Conti y una fotografía también de calidad de Ousama Rawi. En cuanto al reparto, esto es ya harina de otro costal, aunque en realidad no está tan mal. Me explico. A pesar de la boca torcida de Stallone, tenemos en esta cinta la presencia importante y última en el cine de Anthony Quinn. En la peli, el mismo Quinn alude a su inminente muerte en un diálogo cuando a una frase del capo de que se va a ir no sé dónde (aludiendo a su final), Stallone le dice: Usted no va a ir a ninguna parte”; y Quinn responde: Todos nos tenemos que ir… a alguna parte”. De hecho, esta película sirve de homenaje a su persona como el gran actor que fue. Y finalmente destaco la respetable pero chillona interpretación sobreactuada de Madeleine Stowe, que hace de pija insufrible y estúpida, aunque atractiva (como dato curiso Madeleine Stowe ya había trabajado en la pantalla grande con Anthony Quinn en el thriller romántico Revenge de 1990, donde encarnaba a su amante; en esta ocasión se mete en el papel de su hija). O sea, un esquema actoral más o menos, salvando a Quinn que siempre es un valor. Como nota al reparto, quiero decir que parece como si Stallone, en compañía del gran Quinn, se esforzara en no defraudar a la “peña” y, vive Dios, que aunque parezca mentira, en alguna medida lo consigue, haciendo el papel de buenazo que incluso si ha de matar lo hace porque ya no hay más remedio y nunca se regodea en la cosa violenta.

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Es una comedia mezcla de acción (sin excesivos alardes de ello gracias a Dios), hibridada con comedia romántica; y en cierto modo es sorprendente pues a la vez que ramplona, es también entretenida y con algunos ramalazos de sutileza. Pero a pesar de algunos destellos de ingenio, no deja de ser un film con escaso brillo. Incluso el montaje es confuso y mal llevado pues no maneja bien el tiempo, y cosas que suceden en cinco minutos, deberían pasar en veinte, y viceversa.

Incluso yo diría que es de agradecer que no abunden los momentos de violencia o brutalidad, que son contados. De otro lado, la trama juega con temas que siempre resultan sugerentes para el público como el amor, la melancolía o la venganza. Como dato curioso, cabe señalar que mientras Jennifer intenta seducir a Frankie, escenas al servicio de Stallone, éste consigue lucirse en algún momento de humor riéndose de sí mismo, probablemente para sorpresa de sus críticos, que no son pocos.

Y es que Sylvester Stallone, no parece quererse rendir, ni entonces ni ahora, pues aún sigue en el “tajo” haciendo pelis de acción con los tercera edad del género (como la saga de Los mercenarios con Jason Statham, Jean Claude Van Damme, Bruce Willis, Chuck Norris o Arnold Schwarzenegger: ¡todo el equipo de forzudos!). Y, la verdad, aunque a veces uno sienta un poco de vergüenza por las cosas que hace el atlético actor, sin embargo, como creo haber apuntado alguna vez, Stallone es de esos que sintonizan, ¡a pesar de todo!, con la cámara.

En resumen, El protector (Avenging Angelo) es una comedia de acción simple, sin apenas alardes, sin demasiado ingenio, con guión mediocre, salvando la última participación de Anthony Quinn.

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