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La última gran película del injustamente olvidado Jacques Tati

Por Enrique Fernández Lópiz

En la película Tráfico, el señor Hulot, personaje emblemático con el que el director y protagonista de este film Tati se identificaba, es un diseñador de una modesta Sociedad parisina de nombre Altra, que se dedica a la fabricación de automóviles. La Sociedad le encarga a Hulot conducir un Renault 4 dotado con numerosos artilugios de su invención, tipo autocaravana, para que vaya a una exhibición en el Salón Internacional del Automóvil de Ámsterdam. En el trayecto, el tráfico resulta ser un obstáculo. La señora encargada de las relaciones públicas de Altra, María, está muy nerviosa por el retraso de la comitiva, y su estado de nervios hace que se desencadenen una serie de contratiempos y catástrofes inoportunas. Hay escenas como las de un choque múltiple, que sirve para poner cara y análisis psicológico a las divertidas reacciones de los diferentes conductores involucrados en el percance: el pusilánime, el sacerdote, el enérgico joven, etc.

El gran director, intérprete y cómico Jacques Tati (su nombre original fue Jacques Tatischeff), es considerado heredero de diversos actores y directores del cine mudo como Keaton, Chaplin o Lloyd; pero sobre todo, del actor cómico judío-francés Max Linder (su verdadero nombre era Maximilien Gabriel Leuvielle). Linder era un actor que solía interpretar un personaje de aspecto distinguido y de atildada vestimenta, que se veía atrapado en los más insólitos enredos. Pues bien, con estas influencias, Tati creó su propio humor, un humor que ha sido considerado un humor intelectual y eminentemente francés. Por si alguien, sobre todo joven, no conoce a Tati, diré que su primer largometraje fue Día de fiesta (1947), y que desde entonces se hizo famoso por sus interpretaciones del personaje Hulot. De hecho, con su película Las vacaciones de monsieur Hulot (1953) ganó el Gran Premio de la Crítica Internacional en el Festival de Cannes y fue nominada en dicho Festival a la Palma de Oro. Pero la película que lo encumbró fue sin duda Mi tío (1958), con la que consiguió un Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1958. En 1979 le fue concedido el Premio Nacional de Cine en Francia.

Tráfico fue el último largometraje que firmó Tati, que se se emplea en este film con su característico estilo y una absoluta solvencia. Es una obra cimera, desde mi modo de ver, del cine de humor francés e incluso universal. Tati es puro ingenio en esta obra suya y domina a la perfección su territorio del gag, los espacios y los recursos de la mímica y el lenguaje corporal del cine mudo; pues aunque su cine es sonoro, es sobre todo visual. Y surrealista, satírico, y sorprendente también, como asombrosa es esta cinta.

El guión de Jacques Tati y Jacques Lagrange está construido sobre la ocurrencia y la hilaridad, con un ritmo narrativo sorprendente, es decir, que no se te ha pasado el pasmo y la risa de una escena, cuando ya estás en la siguiente que es igual o más graciosa que la anterior. Magnífica la fotografía de Eduard van der Enden y Marcel Weiss, animada música de Charles Dumont y un enorme trabajo de montaje.

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El reparto es esencialmente Jacques Tati con su inconfundible estilo y su inigualada figura y humor que sabe articular al personaje, el espacio donde se desarrolla la escena, su manera de caminar, moverse y hasta de mirar. En esta obra Tati se emplea a fondo y lo hace con una enorme vis cómica y excelentes dotes para sacar la carcajada al espectador inteligente. A su lado, acompañando y haciéndolo muy bien actores y actrices como Maria Kimberly, Marcel Fraval, Honoré Bostel, Tony Kneppers, Mario Zanuelli y François Maisongrosse.

Premios y nominaciones en 1973 y 1971. 1973: National Board of Review: Mejores películas extranjeras. 1971: Premios BAFTA: Nominada al Premio Anthony Asquith.

De manera que en este film vuelven las aventuras y también desgracias del famoso señor Hulot, en una película que además del humor cuenta con finos toques de ironía (al más puro estilo “Tati”), con un rosario de acontecimientos descacharrantes que narran las peripecias por las que tiene que pasar el protagonista hasta llegar a Ámsterdam.

Tiene la película un carácter metafórico, donde el camino no es meramente un trayecto de obligado cumplimiento para llevar en camión con el pretencioso vehículo a Holanda, sino que el rosario de incidentes que se producen quieren significar igualmente un reflejo de la propia vida de Hulot, que es en cierto modo la de Tati. Recuerdo aquí que Tati se quejaba en los últimos años del olvido al que le había sometido la industria del cine: ¡solo seis películas en treinta años de profesión!

Tiene el film así, un carácter humano frente a los problemas cotidianos que la vida plantea. Tati ofrece una mirada sorpresiva del mundo, sorpresa que deviene sarcasmo. En esta película, como en otras, la mirada de Tati es una mirada limpia, una prístina e inocente visión para este mundo que enloquece por momentos.

Escenas de auténtica risa, humor a todo gas (nunca mejor dicho), un humor para quien le guste el humor de Tati, con su singular estilo, su forma de caminar y moverse jugando con los encuadres diferentes, con esa mecánica en el ir y venir de gente que no se sabe a dónde van, personajes que se mueven sincronizadamente con una precisión de relojería; un Tati que pone la cámara en el sitio justo para alegrarnos la vida.

Hay escenas memorables en Tráfico, son muchas. Como cuando Hulot cambia la rueda del camión que transporta su vehículo, por la parte que da a la carretera, con grave riesgo para su físico; los coches le pasan rozando y Hulot, en ese girar el gato y agacharse y subirse, se sincroniza con los autos que pasan veloces rozándole el trasero cuando está de pie y la ausencia de autos cuando se agacha. La señorita sacando su pamela del porta ruedas trasero del deportivo. Cómo atraviesan la aduana a todo gas para pasmo de los gendarmes. Las escenas de paseítos y movimientos cargados de gracia. La equivalencia entre los distintos tipos de limpiaparabrisas y las características de los conductores. El guardia dirigiendo el tráfico y el caos que monta con un choque multitudinario. La reiteración surrealista en que dos policías de tráfico que ven pasar una y otra vez el mismo deportivo amarillo y el camión amarillo también (https://www.youtube.com/watch?v=1OKGWh9TWj8). En fin, Tati es genial; podemos verlo aquí, hablando de tráfico, con que gracia y finura imita la diferencia entre un policía de tráfico británico y otro francés.

Tati ha sido un director poco valorado y relegado al ostracismo por la industria cinematográfica. De hecho, en gran parte, era él mismo quien costeaba sus películas. Acuerdo plenamente con algo que en su momento escribiera Diego Galán en El Diario El País: “No fue nunca Tati un hombre cómodo ni un cineasta seguro. Los riesgos de sus empresas superaban la capacidad imaginativa de los financieros. Pocas veces ha tenido un cineasta de tanto talento tan escasas posibilidades de mostrarlo. Coincidía su voluntad de no acatar las disposiciones de la industria con la que reflejó en sus películas.

Qué más puedo decir. Pues que yo esta película la recomiendo y mucho. Pero si luego no te gusta, no me digas nada; más bien hazte una revisión a fondo a ver cómo andas de sentido del humor.

Muchas de las mencionadas escenas se pueden ver en este tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=-S2hRXV41S0.

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