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La última gran batalla de la Guerra Fría

Por Enrique Fernández Lópiz

En La guerra de Charlie,  corren los años ochenta, principios, en plena guerra de la ex URSS contra Afganistan. En ese contexto, un congresista aficionado al whisky, a las mujeres y al descaro ante los escándalos y de moral poco recomendable, Charlie Wilson (Tom Hanks); junto a Charlie, Joanne Herring (Julia Roberts) una gran dama texana de Houston, ultraconservadora, anticomunista y defensora de las buenas causas, quien convence al congresista filojudío Charlie, para que se vuelque con la causa afgana; y como tercera pata del banco un agente de la CIA inteligente y amante de los retos, Gust Avrakotos (Philip Seymour Hoffman), marginado agente que estiró las normas de la Agencia hasta límites nunca vistos. Pues bien, cómo este trío conspiró hasta llevar a cabo una operación secreta que fue crucial en nuestra historia reciente: ayudar a los muyahidines afganos proveyéndolos de armas para expulsar a los soviéticos de Afganistán. Este hecho permaneció velado en la memoria reciente de Estados Unidos y de la política mundial. El propio Jimmy Carter, quien fuera Presidente de los EE.UU. de 1977 a 1982, llegó a decir que esta fue la última gran batalla de la Guerra Fría.

Película muy bien dirigida por un ya consagrado Mike Nichols que dirigió obras de envergadura como:¿Quién teme a Virginia Woolf?, 1966; El graduado, 1967, etc. Gran guión de Aaron Sorkin basado en la obra del reportero George Crile, Charlie Wilson’s War, donde relata la increíble historia real que un congresista tejano asilvestrado y un pícaro agente de la CIA montaron: la más exitosa guerra santa moderna que cambió la historia de nuestro tiempo. Muy buena música de James Newton Howard y excelente fotografía de Stephen Goldblatt. Lo que sí hay que decir es que las interpretaciones se quedan desde mi modo de ver un poco justas, con algo que desear. Hanks, aunque es siempre grande, está algo excesivo (aunque en su descargo diré que el tal Senador a quien interpretaba parece que era un sujeto excesivo en sí); la Roberts un poco fuera de tiesto pero bonita y sugerente; y sin duda el mejor en esta película, como no podría ser de otro modo dada su talla, y no en vano fue propuesto para el Oscar, fue Seymour Hoffman.

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Así y todo, la película goza de los ingredientes para ser una cinta de calidad como efectivamente es.

Entre nominaciones y premios en 2007 tiene: Nominada al Oscar: Mejor actor de reparto (Philip Seymour Hoffman). 4 nominaciones al Globo de Oro, incluyendo mejor película comedia o musical. Nominada a los Premios BAFTA: Mejor actor de reparto (Philip Seymour Hoffman). 2 nominaciones Critics’ Choice Awards: Mejor guión, actor secundario.

Con las mimbres de esta historia se teje una urdimbre narrada con claridad y carácter en la que se exponen las corruptelas, entresijos dudosos y demás ángulos oscuros de la alta política, que a veces es “baja política”. Y Nichols cuenta la historia con causticidad, sin esconderse en absoluto, narrando el cinismo propio de este tipo de acciones político-económicas, con diálogos de gran nivel y profundidad dramática fruto de la pluma de Sorkin. Los toques de humor ayudan a digerir tanto impudor y tanta argucia compleja en el complicado mundo de la política internacional.

Pero lo que resalta desde mi modo de ver, para los que hemos seguido la historia de este mundo en los últimos treinta o cuarenta años, es ver cómo los norteamericanos de nuevo se equivocan y lo que pretende ser un punto a su favor, se torna con el tiempo en su contra; las cañas se tornan lanzas. O sea, lo que hacen el protagonista y sus amigos es armar con artificios sofisticados a los muyahidines afganos para que expulsen y le den la puntilla a los restos del imperio soviético; y lo consiguen. Lo que no saben es que luego, sus amiguitos afganos, de la mano de unos y otros, incluido Osama bin Laden, se enfrentarán al Imperio, o sea a los norteamericanos, con toda la crudeza del terrorismo, y posteriormente en una guerra más o menos velada de EE.UU. y aliados en Afganistán, donde los yanquis prueban su misma medicina, o sea, son atacados con las armas que ellos mismos aportaron a los afganos ¡Ver para creer!

Si no la has visto te la aconsejo, no pierdes nada, verás una buena película y de paso te enterarás un poquito mejor de esa porquería llamada política, más en el plano internacional, pues salen todos: EE.UU., Israel, ex URSS, Pakistan, Afganistán, y todo el mundo del comercio de armas, ¡¡la primera industria en nuestro planeta!! ¡Vergogna!

Esta película ofrece las claves para entender esa rara mezcla de naturalidad, multicefalia y estado singular de la política estadounidense, que dieron lugar a dos fenómenos vitales en nuestra reciente era contemporánea: el colapso de la Unión Soviética y, paradójicamente, el nacimiento del terrorismo islamista que desembocaría, entre otros, en el mayor ataque exterior sufrido por Estados Unidos, el 11-S.

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