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La Tatcher y el vestidito de Primera Comunión

Por Enrique Fernández Lópiz

Vi esta película el año de su estreno y cada vez que la he vuelto a ver siempre experimentó un sentimiento de solidaridad y de simpatía por toda esa pobre gente a las que este mundo liberal y furioso arroja a los pies los caballos del paro, la necesidad, el hambre y otros males mayores de tipo social y psicológico. Esta película retrata con gran acierto el drama del desempleo durante la época de la autoritaria y pragmática Tatcher, cuando el mercado se impuso por encima del hombre y las bestias del rédito aullaban por los callejones oscuros.

En Lloviendo piedras, un trabajador en paro, Bob (Bruce Jones), vive modestamente en un barrio obrero al norte de Inglaterra con su esposa Anne (Julie Brown) y su hija Coleen (Gemma Phoenix). Es un hombre de profundas convicciones católicas, pero debido a su precariedad económica se busca la vida de forma heterodoxa, o sea, ilegal, que no injusta: hurtando capas de césped o algún cordero que luego vende junto con otro amigo, troceado, a diferentes carnicerías de la zona. Pero el asunto se complica cuando su pequeña hija se dispone a hacer la Primera Comunión. Para comprarle un bonito vestido a la niña en esa importante fecha, Bob se endeuda con un mafioso prestamista usurero, poniendo en riesgo su propia integridad física y la de su familia.

De Nuevo Ken Loach hace lo que sabe: denunciar la injusticia. Y lo hace de manera excelente, apoyado en un gran guión de Jim Allen que narra con el pulso debido, una historia que cautiva, que engancha, que además, dentro de su dramatismo tiene sentido del humor e incluso hace reír, pero que deriva por la pendiente de la tragedia, emocionando pero sin sentimentalismo de saldo, con la dosis justa de fatalidad, y también de entretenimiento, de forma que no parezca ni un sainete ni un melodrama. Es una cinta atractiva y encaja muy bien la música de Stewart Copeland, a la que acompaña una gran fotografía de Barry Ackroyd.

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El reparto es muy bueno. En sus papeles principales Bruce Jones hace una interpretación de altura y empática, que deja traslucir la situación difícil que viven él, su familia y sus amistades; un trabajo muy correcto. Julie Brown hace a las mil maravillas el rol de amante esposa acuciada por las necesidades domésticas; y madre amante de su hijita próxima a hacer su comunión. Gemma Phoenix es la niña, hija del matrimonio, que lo hace igualmente bien. Y acompañando, un equipo de actores de reparto estupendos como Ricky Tomlinson, Tom Hickey, Mike Fallon, Jonathan James, Ronnie Ravey o Lee Brennam. Además, como escribe Santi_Burgos: “Loach es el precursor del ´Free Cinema´, en el que los actores no tienen el guión hasta minutos antes de rodar la escena, ni tan siquiera saben lo que les depara la historia. Y Loach los lanza a rodar con todo el equipo preparado (a veces usando 2 cámaras para no perder nada). Les da ciertas indicaciones para rodar la escena pero les deja también libertad para actuar con su propio criterio. Así capta la espontaneidad de la improvisación. Además nunca busca actores famosos sino actores que hayan pasado por experiencias similares”. De ahí que el trabajo actoral resulte tan natural y en el mejor sentido, sencillo.

Tiene entre premios y nominaciones en los años 1993 y 1994. 1993: Festival de Cannes: premio Especial del Jurado. Drama. Premios BAFTA: Nominada a Mejor film británico. Premios Cesar: Nominada a Mejor película extranjera. 1994: Premios Goya: Nominada a Mejor película europea.

Estamos ante un film que cuenta historias que todos podemos ver, historias sencillas. Un padre dispuesto a lo imposible para conseguir un traje de comunión a su hija. Y no hay que dar más vueltas, pues toda la historia es esta. El mérito estriba en su capacidad de denuncia y en que en su narración, “Loach insiste en el drama extirpado del asfalto. La risa desnuda y agria se alía con la denuncia sincera para sacar adelante una cinta con modales de directo en el hígado.” (Martínez). Y aunque no sea exactamente lo mismo, quiero recordar aquí la enorme película también de Loach, de este 2016, Yo, David Blake, de temática equivalente, que este año ha merecido el Premio BAFTA a la mejor película británica con idéntico ímpetu de denuncia social.

Esta película deja entrever la penuria detrás de diversos episodios rocambolescos como el robo de una oveja vieja (increíble comienzo) o en tono de mayor seriedad, la conversación final con el sacerdote, en la que más que la doctrina de la Iglesia Loach subraya la actitud del sacerdote como individuo, como ser humano, ante la fatídica muerte del sicario prestamista. Y es así como va desgranando los problemas de Bob y familia, que son los problemas de todo un conjunto de personas marginadas por los vientos del desempleo y la ausencia de conmiseración social. Bob, como padre y ciudadano no quiere otra cosa que ser alguien común. No lo engulle el “orgullo” de padre, sino el deseo de ver feliz a su hijita, algo normal en cualquier persona con buen corazón. Y para eso está dispuesto a correr cualquier riesgo. Loach se conduce según una especie de realismo social espontáneo e improvisado que sólo alguien sobresaliente puede conseguir. No creo errar mucho si digo que Loach se inspira para esta obra en Ladrón de bicicletas (1948). Recuerdan esta asociación episodios de esta película como la camioneta robada, el traje de comunión, la imperiosa necesidad de alimento o supervivencia. De manera que ya vemos, el Loach de los noventa, conecta con el “neorrealismo” italiano de postguerra de De Sica. Y es que siempre hay pobres que pagan las prebendas de los ricos.

También, en esta película y en otras, Loach no se las da de intelectual dogmático con un credo de verdades inamovibles; más bien hace una propuesta ética y también cinematográfica, despojada de artificios, para así conseguir la autenticidad del instante; y lo logra, y qué bien que lo hace, aunque tampoco tendría que ser en 35 mm y con el tembleque de cámara en mano. Como punto de calidad que subrayo, el film no es maniqueo y las situaciones son más complejas que la sempiterna lucha de clases.

En los años ochenta Loach fue censurado y vetado en su propio país. Esto ocurría meramente por decir evidentes verdades que mucha gente y variados intereses políticos no querían escuchar. Como es sabido, por aquellos entonces, en Inglaterra, con Margaret Thatcher en el poder se produjo un notable deterioro del tejido industrial, se produjo un aumento del desempleo, así como hubieron recortes a todo nivel. Loach, lejos de mantener la boca cerrada lo denunció en un documental titulado A Question of Leadership de 1981, lo cual le granjeó muchos enemigos y dificultades para financiar sus películas.

Resumiendo, cinta cargada de escenas realistas y amargas, como cuando su compañero de fatigas llora por tener que aceptar dinero de su hija. Sin embargo, en ningún momento cae en la ñoñería ni en la tendencia lacrimógena. Es una película que califico de excelente y además tiene un final muy acertado.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=TnkJmYo6sjE.

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