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La sutileza del gesto

Por Jorge Valle

Cuando un director dedica ocho años de su vida a un único proyecto, mimando y cuidando cada detalle al máximo, es probable que el resultado sea una película con alma y corazón, desbordante de amor al cine. Es el caso del español Pablo Berger y su preciosa, sencilla y fascinante Blancanieves (2012), una nueva versión del clásico cuento de los hermanos Grimm ambientada en la España de los años 20. La originalidad de la propuesta no reside solo en situar la historia en un tiempo y un espacio diferentes, sino que el director decidió que su siguiente proyecto tras Torremolinos 73 (2003) sería una película muda en blanco y negro en pleno auge del 3D y el formato digital. Una arriesgada pero acertada elección que ni siquiera el éxito de The Artist (2011), estrenada un año antes, pudo deslustrar. Al compás de la maravillosa música de Alfonso de Vilallonga, y sumergidos en la conseguida atmósfera sevillana gracias a un vestuario y unos decorados excelentes, acompañamos a la joven Carmen (Macarena García) en un auténtico viacrucis salpicado por la injusticia, la crueldad y la muerte de todos sus seres queridos.

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Su historia, que toma también algunos pasajes del cuento de La Cenicienta, es una sucesión de penalidades que hasta al corazón más frío pueden estremecer. Mucho tiene que ver en ese calvario su madrastra, la malvada y despiadada Encarna (Maribel Verdú). Blancanieves tiene una estética formidable, demuestra que la sutileza del gesto es suficiente para trasmitir la emoción del sentimiento –algunos carteles con aclaraciones sobran totalmente, sobre todo en el tramo final-, más todavía si los personajes son encarnados por actores de la talla de Verdú, Ángela Molina o Daniel Giménez Cacho, capaces de decir todo lo que llevan dentro con tan solo una sonrisa o una mirada. Berger, que ofrece una película perfectamente disfrutable para todos los públicos, renueva la esperanza del espectador más exigente, ansioso de experiencias cinematográficas que apuesten por el detalle y eviten lo convencional. Solo la escena final, amén de demostrar que la vida real no es un cuento de hadas, convierte esta Blancanieves en una obra para el recuerdo.

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Comentarios

  1. Mª José

    Pues a mi está película me resultó espantosa, de un aburrimiento digno de recordar en los anales. No es cuestión de que sea muda; Chaplin hacía películas la mar de entretenidas, sino que simplemente me parece lenta, reiterativa, desconectada de una trama de interés y sin lo que creo lo más importante: no aporta ninguna renovación al género. Sea como sea, está claro que es un pequeño clásico de nuestro país, y sin duda una rareza. ¡Gracias por la crítica!

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