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La seducción como negocio, comedia irregular

Por Enrique Fernández López

Cacé al vuelo esta película Las seductoras no hace mucho y me la vi tan ricamente. La verdad es que no es ningún lujo, pero sirve a modo de distracción. Como dice Morales: … rinde homenaje a las típicas comedias de enredo de Hollywood.” Además, cuenta, en forma exagerada y en tono delictivo, cómo las señoras protagonistas del film utilizan sus bellezas para robar y aprovecharse del típico incauto seducido.

En realidad el film aborda algo que no es nada extraño, esto es: cómo algunas mujeres han hecho, hacen y harán uso de sus encantos y dotes tentadoras y hechizantes, para obtener mercedes y rentabilidad de los varones. Beneficios que, en la vida común y en el mejor de los casos, consiste en cazarlos para el matrimonio; pero que se traduce también en utilizar el embeleso para conseguir obsequios y regalos, viajes u otras menudencias, cada una en la medida de sus posibilidades. Esto es más viejo que el hilo negro.

Sé que alguna dirá que estoy haciendo comentarios machistas. Y no es así. Es meramente una realidad que he podido observar docenas de veces en la vida real. Venturosamente la emancipación de la mujer y su acceso al mundo del trabajo rentado, y gozar de sus propios recursos dinerarios, ha hecho que este tipo de comportamientos embaucadores de parte de mujeres bonitas pero de escasos medios, hayan descendido. Por otro lado, la viceversa, aunque menos común, también se ha dado, se da y se seguirá dando: galanes zalameros que utilizan su apostura y distinción, amén de sus ardides, para seducir y enamorar a alguna rica y hacerse con su fortuna.

En la película, una pareja de estupendas mujeres compuesta por Max (Sigourney Weaver) y su hija Page (Jennifer Love Hewitt), se dedican a cautivar y timar de forma profesional a cuanto millonario se les pone por delante. De hecho, el film se inicia con la boda de Max con un pudiente hombre (Ray Liotta), a quien tienden madre e hija una trampa al día siguiente de la boda, como que él le está siendo infiel, y se le cae el pelo. Su esposa, a renglón seguido y comprobado el hecho -amañado con la hija, claro-, le pide el divorcio y le saca una sustanciosa suma de dinero al cándido y abatido esposo.

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Pero en el transcurso de estas fechorías ocurre lo que suele pasar. En una de sus andanzas, cuando Max va tras un excéntrico magnate del tabaco (Gene Hackman) para atraparlo, Page conoce a un guapo y agradable joven que regenta un Pub (Jason Lee) y se enamora de él. A partir de aquí, Page se cuestiona su anterior vida y empieza a tener problemas de conciencia. La situación se complica doblemente porque el engañado ex-marido de Max, furioso, sigue los pasos de ambas mujeres.

Es en esta parte cuando la película baja, cuando se inicia el protagonismo romántico entre la Love Hewitt y el apuesto Jason Lee; ahí la historia se reconvierte en poco tiempo en una comedia pretendidamente romanticona, y el ritmo y los golpes de humor del guión se esfuman, dando paso al típico pasteleo predecible, con buenas dosis de aburrimiento. Solo salva este despropósito un final en el que reaparecen Ray Liotta y Gene Hackman para volver a animar un poco la función. Sin duda, los mejores momentos de la Hewitt son aquellos en los que tiene al lado a estos dos y a Weaver.

La dirección del film deja que desear y David Mirkin juega un papel como realizador bastante mediocre, aunque en realidad, Mirkin nunca ha hecho nada de particular en las apenas tres películas que tiene en su haber. O sea, como dice Morgenstern: No hay problema con la estructura de ‘Heartbreakers’, pero la dirección de Mirkin es desgraciadamente torpe, y el tono de la película es desagradable. Y eso que el guión de Robert Dunn, Paul Guay y Stephen Mazur es equilibrado, óptimamente diseñado y se defiende bien. La música de John Debney con tema de Danny Elfman es resultona. Y una fotografía alegre de Dean Semler.

El reparto está bien, con unas hermosas y sugerentes Sigourney Weaver y Jennifer Love Hewit expresivas y hasta graciosas; Gene Hackman estupendo como siempre en su rol de millonario tusígeno y mayorcete; Ray Liotta espléndido el tiempo que está en pantalla que no es mucho; Jason Lee es el príncipe azul del film; y acompañan bien en sus respectivos roles unos actores de reparto de lujo: la controvertida Sarah Silverman; Anne Bancroft ¡nada menos!, la inolvidable Señora Robinson; Zach Galiafianakis, el gordo barbudo de Resacón en las Vegas; cameo de Jeffrey Jones incluido; y Carrie Fisher, Nora Dunn, Oleg Shefanko y T.J. Thyne, muy bien todos.

Como digo la película es entretenida y sin ser una gran obra, pues en absoluto lo es, sin embargo, al decir de Ebert, es: …una comedia escandalosa, trabajada y procaz, y me gusta su espíritu”. El film no tiene problema en su estructura, pero es que Mirkin está tan fatídico y torpe que el tono de la cinta resulta en ocasiones áspero y hasta desagradable.

Es entonces una película para pasar el rato, para ver, como escribe McCarthy: …. La mecánica de su trama y algunas risas ocasionales, más que por cualquier compromiso con sus personajes o el interés involucrado en ella. Un pasatiempo con algunos buenos golpes, y poco más.

Resumiendo, no hay que esperar mucho de esta película. Es una comedia simpaticona, sin complicaciones, buenos actores que se toman su trabajo plan divertimento, sin pretensiones, pero que al tener un guión más sólido que la media de lo que Hollywood nos tiene acostumbrados, consigue regalarnos dos horitas de divertimento sencillo y eficaz.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=a3eBVKTX9tk.

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