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La sabiduría de Hollywood

Por Enrique Fernández Lópiz

En Novia a la fuga, el periodista Ike Graham (Richard Gere), redactor de un periódico neoyorkino viaja a su refugio favorito, abrumado por problemas de diversa índole, con el firme objetivo de encontrar algunas ideas para poder escribir. En esas anda el bueno de Ike cuando se informa de un singular caso que ha ocurrido en una zona rural de Maryland. Se trata de una joven de nombre Maggie (Julia Roberts), a la que le atraen los compromisos de matrimonio, pero siente un incoercible horror a casarse, lo cual que acaba huyendo del lugar de la boda. Ike, interesado por el caso escribe una columna sobre el caso de la joven, pero no acierta a prever el enfado de Maggie. A continuación se produce una cascada de enredos que incluso llevara a Iker al altar con la susodicha joven, con un final imprevisto.

Película dirigida sin mucho alarde por Garry Marshall, con un libreto simplón de Josann McGibbon y Sara Parriott (co-guionistas), música aceptable de James Newton Howard y una fotografía igualmente bien de Stuart Dryburgh.

El reparto son, básicamente las dos estrellas de los noventa, Richard Gere (que siempre tiene mucho tirón) y Julia Roberts (que no es menos para eso de llenar salas de cine). Están muy bien Hector Helizondo y Joan Cusack, y acompañan con profesionalidad Rita Wilson, Paul Dooley, Laurie Metcalf, Jane Morris, Cristopher Meloni y Sela Ward.

Hace unos días visioné esta película y la vi hasta el final de las casi dos horas que dura. Sí, lo hice. Aunque la verdad es que a no ser ya algo detestable, yo veo las pelis enteras y prácticamente nunca me he salido de una sala de cine. Pero bueno, lo que quiero decir es que la película no valía demasiado y yo me la tragué entera y vera ¿Y por qué? Pensaba yo sobre las razones y se me vino una idea: es por la sabiduría de Hollywood. Sí, no hay que menospreciar los años de experiencia en la industria de este emporio complejo y a veces irritante llamado Hollywood. Hollywood es capaz de lo mejor y de lo peor, pasando por todas las gamas medias. Su secreto es haber creado una industria, con unos mitos o estrellas y un estilo técnicamente de bueno para arriba, y al tenor de este talante, todo lo que hace ya deslumbra y suscita el interés que no provoca el cine checo o español o polaco, etc., aunque el cine europeo –o indio, o chino, o etc.-, tenga gran calidad. Pero le falta “mitología”, relumbrón, el atractivo irracional que proporciona la impronta Hollywood.

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Pues bien, en esta película, a su director Garry Marshall le basta con que Gere y Roberts brillen, que para eso ya se ha creado el mito en torno a ellos, y luego, para adobar, los rodea de unos personajes secundarios divertidos e ingeniosos. Son los actores de reparto –no cualquier cosa en Hollywood-, y el guión de los interfectos McGibbon-Parriott, que aunque no son de Premio Nobel, se adecúan perfectamente a las pretensiones de la industria y del mercadeo de cintas tiernas de segundo orden, pero resultonas por cuanto llevo dicho.

Para mí es una película estereotipada, lenta, hecha a base de falsetes, pero graciosilla y romanticona, para aquellos, que son muchos, a quienes les va este tipo de historias. Además, la peli está llevada a cabo -¡ojo al parche!- por los mismos creadores y con las mismos protagonistas que Pretty Woman. No alcanzó la fama de aquella. Veréis, la cosa es así. Entre las películas románticas del rocambolesco Hollywood, las colocadas en primer lugar son: Mi gran boda griega de Joel Zwick (2002); Lo que piensan las mujeres de Ernst Lubitsch (archigenial) (1941); y Hitch de Andy Tennant (2005). Pretty Woman (1990) de Garry Marshal es la cuarta comedia romántica más taquillera, y ésta que ahora comento está en octavo lugar: ¡no está mal para lo que vale!

Hay sin embargo algo que sí quiero comentar y que es psicológicamente y culturalmente llamativo, tanto más por cuanto siempre ha sido un pánico atribuido al género masculino y no al femenino: ¡el miedo a casarse! Hace años vi en TV una interpretación libre del conocido cuento infantil de los hermanos Grimm, Juan sin miedo, que cuenta la historia de un niño que a nada tiene miedo y realiza un viaje para conocer qué es esa emoción. En este cuento de hadas, el personaje Juan, en su viaje, se topa con una bruja y un ogro, pero no los temió. Finalmente llega a un castillo encantado. El rey había prometido que concedería la mano de su hija a quien pudiera pasar tres noches en él. Juan no lo dudó y ni los fantasmas ni las criaturas horribles que en allí habitaban y a las que tuvo que hacer frente, lograron causarle miedo. Así pues, consiguió la mano de la princesa. En la versión que yo vi, que era muy graciosa, Juan entró en pánico ¡el día de la BODA con la princesa! Pues bien, en esta película, este ancestral temor al matrimonio de parte de varones, corre ahora por cuenta de la protagonista femenina del film, Maggie, la Roberts: ¡Curioso! ¿No? Pues tradicionalmente es ella quien quiere desposarse y él el asustado y el que suele poner pies en polvorosa. De modo que en un país tan matriarcal como los EE.UU. de Norteamérica, mira por dónde le han dado la vuelta al tópico, siendo la mujer la que se fuga (Novia a la fuga) dejando al futuro marido compuesto y con dos palmos de narices.

Entonces, si tú te preguntas las razones de por qué habiendo tantas actrices y actores talentosos, directores geniales, guionistas de lujo, todos ellos sin empleo, y si te preguntas por qué uno de los tríos más mediocres en la historia del cine vuelva a triunfar, respóndete así: por la sabiduría de Hollywood. Tú sabes mucho, entiendes de cine, conoces otros realizadores y estrellas que no lucen pero que son de lujo, y sin embargo Roberts-Gere-Marshall se unen, hacen su peli y todos a una vamos y la miramos de cabo a rabo, aunque ya a los cinco minutos sepamos que es una chorrada. Oye: ¡no cualquiera!

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