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La revolución se hace con fuego

Por Rodrigo Aliende

Aunque Los juegos del hambre me pareció una adaptación correcta, distaba mucho de ser tan buena obra como lo es el libro en el que está basada. Las ansias hollywoodienses de convertir esta saga en la nueva Crepúsculo me aterraban, porque Suzanne Collins tiene unos personajes mil veces más profundos que los vampiros de instituto de Stephenie Meyer. Aun así, la película quedó con un tono muy light, para todos los públicos, cuando tildar al libro de novela juvenil me parece una calificación pobre.

Se demostró que Gary Ross no era el más adecuado para crear un blockbuster de estas dimensiones, así que se optó por Francis Lawrence (Soy leyenda, Agua para elefantes), decisión que a la postre se antoja acertada. La promoción de la película se basaba en gran parte en destacar la nueva edición de Los juegos del hambre, esta vez con una vuelta de tuerca  especial y retorcida. Por suerte, los guionistas Simon Beaufoy y Michael Arndt han sabido medir los tiempos y dar a cada momento los minutos que se merece. De las dos horas y media que dura la película, una hora y media transcurre fuera de la arena y la hora restante se dedica a relatar la lucha a muerte de los juegos.

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En llamas fue publicado en 2009. Sin embargo, la historia que cuenta no podría ser más actual, y eso ayuda a darle incluso más fuerza a lo que vemos en pantalla. Los distritos se encuentran en la más absoluta penuria mientras los poderosos se enriquecen y siguen exprimiéndoles hasta que no tengan nada más que perder. Las primeras protestas surgen y un simple silbido y un alzamiento de mano se convierten en un símbolo de rebeldía, que hay que suprimir a base de brutalidad policial. Como ya he dicho, el tono suavizado de la primera película me hacía presagiar lo peor en las siguientes, porque la saga literaria va in crescendo en cuanto a crudeza. Lawrence no se ha cortado a la hora de mostrar lo que ocurre en los distritos: violencia gratuita, miedo entre la población, torturas y ejecuciones públicas. Además, deja en el espectador una sensación de desasosiego, apenas hay espacio para la esperanza, y eso se nota en el guión y visualmente, con una paleta de colores oscura, incluso sucia. En contraste, la recreación del Capitolio es también digna de elogio. La ostentación y el lujo hasta llegar a lo indecente se plasma a la perfección tanto en la arquitectura como en el vestuario de sus habitantes.

Jennifer Lawrence sigue siendo la pieza clave en pantalla, y es que la poseedora de un Oscar se ha superado esta vez. Su actuación se mueve entre el engaño y lo real, entre los cuales hay un extenso mar de sentimientos encontrados. Esto es lo bueno de Los juegos del hambre: la complejidad de sus personajes y las relaciones que tienen. Aunque Katniss se coma la pantalla, su compañero de armas, Peeta, también se merece una mención. Entre los demás tributos, quien destaca por encima de todos es Finnick, interpretado por Sam Claflin. El que parecía ser sólo una cara y un cuerpo bonitos sorprende con un personaje que va mucho más allá de eso. Johanna (Jena Malone) es la otra que aporta su personalidad característica al grupo. No hay mucho tiempo para pararse en los tributos, así que la descripción es rápida y somera. Quien quiera saber más tan sólo tiene que coger el libro.

Resumiendo, En llamas es una muy buena adaptación y una muy buena película. El resultado ha sido gracias a un trabajo conjunto, dentro del que destacan el director, los guionistas, la dirección artística y de vestuario y los actores. Sin duda, será la película de las Navidades y dará que hablar en los especiales de las mejores películas del año, por no hablar en taquilla. Sólo queda esperar lo mejor para el broche final de la trilogía, Sinsajo.

Comentarios

  1. Es una de las pocas películas que he sentido deseos de ver en el cine más de una vez… Y eso que la entrada cuesta lo suyo. Bravo por todos esos actores que has mencionado, pero también por el enorme Philip Seymour Hoffman en ese papelón de vigilante.

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