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La relación de los hijos con sus padres mayores

Por Enrique Fernández Lópiz

En Todos están bien, un padre jubilado y viudo, Frank Gode (De Niro), echa en falta a sus cuatro hijos, que viven en diferentes lugares del país. Lo que pretende es reunirlos a todos alrededor de la mesa familiar un fin de semana. Mas lo que constata es que ninguno de ellos se presenta a la cita. Entonces decide que si ellos no vienen, él será quien vaya a visitarlos de manera sorpresiva. Entonces emprende un viaje e irá constatando que la realidad de la vida de sus hijos, tiene poco que ver con lo que imaginaba, amén de no sentirse bien acogido. Decide finalmente volver a su casa en avión, y tras un serio percance de salud, las cosas cambiarán radicalmente.

Dirige Kirk Jones esta película, con bien hacer, aunque falto de ambición y sin exceso de brillantez. El guión, del propio Jones es un remake de la cinta de 1990 que dirigió Giuseppe Tornatore, Stanno tutti bene. Ésta, como aquella u otras que ahora mencionaré, que “revisita esa terrible certeza por la cual la familia es más un desencuentro que un encuentro (Fernández).

El guión roza a veces el lagrimeo, a veces está bien y llega a ser resultón, y en otras partes se torna un tanto artificial. Pero a mí me ha sorprendido gratamente pues Jones no hace una ramplona defensa de la vejez del patriarca, sino que construye una emotiva película basada en el relato de un padre que ha frustrado las expectativas suyas y las de sus hijos. Como dice Fernández: “Cada conversación-visita al vástago esquivo y finalmente desconocido, constata el fracaso de unas vidas dilapidadas entre sucedáneos de felicidad y convivencia. Un trío de charlas que, pese al dolor del reflejo del cisma, tendrán un efecto balsámico agridulce, y que alcanzan mayor profundidad bajo la sombra de ese otro cuarto hijo, la aparente oveja negra, ausente”.

La música de Dario Marianelli acompaña bien al film, pero brilla con luz propia una hermosa canción de Paul McCartney, de título Want To Come Home (Quiero volver a casa), que fue multipremiada y que podéis escuchar aquí. Está bien la fotografía de Henry Braham, con excelentes panorámicas de Nueva York y Connecticut.

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Pero a mí me parece que el pilar fundamental que mantiene el peso de la película es la excelente interpretación de Robert De Niro, que lejos del histrionismo o la bufonada, se ejercita con sobriedad y contención en el rol de un padre desamparado y solitario a la búsqueda de una familia fragmentada. El resto de actores y actrices cumplen mal que bien sus roles de hijos, y otros personajes aledaños en el film: Kate Beckinsale, Sam Rockwell, Drew Barrymore, Katherine Moenning, James Frain, Melissa Leo, Lucian Maisel, Damian Young, Brendan Sexton III y Seamus Davey-Fitzpatrick.

Entre premios y nominaciones en 2009 tiene: Nominada al Globo de Oro: Mejor canción original. Nominada a Critics’ Choice Awards: Mejor canción.

A mí me ha agradado esta película. No es grande ni mucho menos, pero habla de la vejez y de la familia con sutileza y verismo. Nos presenta a un padre de cierta edad, con toques de tristeza y también de humor, en un estilo introspectivo dentro de un tono road movie independiente, que pasa el listón. Y si tuviera que referir un inconveniente de esta película, creo que éste no está en las genuinas emociones que expresa ligadas a las relaciones complicadas entre el padre y los hijos, sino en la manera en que están expresadas, con escenas faltas de imaginación y ocurrencia narrativa.

Esta obra, a mí, salvando las diferencias y sorteando calidades, me ha recordado otras películas sobre el tema. Por no ser excesivo mencionaré sólo media docena de grandes películas sobre la relación padres mayores-hijos, siendo que en esta asociación mental que yo hago, los títulos que menciono son, con mucho, bastante mejores que esta. Además, las he comentado en esta Web de ojocritico. Me refiero a películas como: Dejad paso al mañana, 1937, de Leo McCarey; Cuentos de Tokio, 1953, de Yasujirô Ozu; A propósito Schmidt, 1981; o Nebraska, 2013, ambas de Alexander Payne; y Cerezos en flor, de Doris Dörrie, 2008. En todas estas películas, la temática es equivalente, y las historias nunca salen bien paradas, salvo alguna honrosa excepción o detalle (como en Nebraska). Así que mirad por donde, el panorama sobre la relación hijos-padres mayores en el cine no es muy halagüeño, mostrando por lo común el lado más oscuro de la familia. Como que estas cintas hacen bueno el conocido refrán: Familia y trastos viejos, pocos y lejos.

Estamos ante una honrosa película, aunque a veces le falta claridad a la hora de explicar el abandono de parte de unos hijos muy ocupados; además, la visión moral de Jones queda entre dos aguas. Resulta evidente, eso sí, que todos esconden la realidad con tal de parecer que las cosas están bien, que es a lo que alude el título de la película. Todos mienten e incluso se autoengañan para que parezca que todo es bonito y feliz, para no defraudar al padre. Pero no sólo lo hacen los hijos, también el padre, cuando habla con su viuda en el cementerio ante su tumba y le cuenta lo que no es; siempre mensajes falsos tranquilizadores, que esconden frustraciones y fracasos. Ocaña lo describe muy bien cuando retrata este film desde: “La presión de ciertos padres para que sus descendientes consigan lo que ellos no pudieron alcanzar, el muy extendido maternalismo en cuestión de secretos y preocupaciones, y una cierta visión del reverso tenebroso del sueño americano”.

En resumen, un drama entretenido, una historia entrañable, buena actuación de De Niro, una cinta humana y un espejo en el que cada cual puede, bien verse reflejado en el momento actual, bien prever cuál será la imagen que reflejará en un futuro o, casi seguro, ver a su familia reflejada desde alguno de los personajes. Aconsejable.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=mTMM-rJkffE.

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