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La primera de las Junglas de Willis: obra de acción arquetípica de los ochenta

Por Enrique Fernández Lópiz

John McTiernan dirige con desigual acierto esta cinta (Jungla de cristal) que en el original se tituló Die Hard (Duro de matar), vertebrada por un guión igualmente con fisuras de Jeb Stuart y Steven E. de Souza, adaptación de la novela Nothing Lasts Forever escrita por el especialista en relatos policíacos estadounidense Roderick Thorp (1936-1999), quien por cierto fue detective en su juventud. La novela de Thorp describe varias de las escenas, personajes y diálogos memorables de la película, que son tomados directamente de la novela. El periódico Los Angeles Times dijo sobre esta obra lo siguiente: Un feroz, sangriento y violento libro tan decididamente brillante en concepto y ejecución debe ser leído de una sola vez.” O sea, que ya podemos imaginar con esta sentencia, algo de lo que se verá en el film.

Posee la película una música bien de Michael Kamen, una fotografía buena de Jan De Bont, y un reparto que descansa sobre todo en la figura protagonista de un jovencísimo Bruce Willis, que hace el papel propiamente suyo y que le define y definió prácticamente en su carrera de duro, esta vez como un frustrado policía neoyorquino que va a visitar a su esposa; le acompañan de manera diversa un variado reparto con Bonnie Bedelia (esposa del protagonista: bien); Alan Rickman (jefe terrorista: ok); Alexander Godunov (violento sicario: bien); Reginald Veljohnson (estupendo como simpático policía de Los Angeles); William Atherton (policía cretinoide: regular); Hart Bochner (empleado estúpido: más o menos); Robert Davi (bien); Grand L. Bush (graciosete conductor de limusina: conveniente) y Wlihelm von Homburg (otro malo: correcto).

La historia es así. Un grupo terrorista ocupa al asalto las oficinas de una importante industria en el edificio Nakatomi Plaza de Los Angeles, aprovechando la fiesta de Noche Buena. Toman como rehenes a los ejecutivos de la Sociedad. Sólo un hombre, el policía de Nueva York John McClane (Bruce Willis), que ha llegado para recoger a su esposa tras el festejo, consigue escapar al cerco terrorista. Aunque está solo, descalzo, y con apenas una pistola, a partir de ese momento entabla una desigual y agotadora lucha contra los terroristas enfrentándose fervorosamente a los secuestradores. Él es la única esperanza para los rehenes.

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Yo, la verdad, lo confieso, la he visto hace muy poco entera y vera. Y es que me resultó entretenida como cinta de acción. Esta película habría de catapultar a la fama a Bruce Willis, quien hasta ese entonces meramente era conocido por series televisivas como Más allá de los límites de la realidad, más aún por Luz de luna y dos pelis con Blake Edwards: Cita a ciegas, 1987 (simpática comedia) y Asesinato en Beverly Hills, 1988 (una ensalada con el carisma ya apuntando de Willis). Pero fue a partir de esta entrega Jungla de Cristal, cuando Willis alcanzó el estrellato; y como suele ser habitual, Hollywood dio lugar a otras tres entregas (La Jungla 2: alerta roja, 1990; Jungla de Cristal III: la venganza, 1995; La Jungla 2.0¸ 2007) y algunos plagios de igual cuño y distinta ubicación como Alerta máxima, 1992; Pasajero 57, 1992 o Muerte Súbita, 1995. Algunos opinan que esta película fue junto a Terminator, 1984, el filme de acción por antonomasia de los años ochenta.

Fernando Morales escribió en su momento: Trepidante cinta de acción de gran éxito comercial. Acción sin barreras con suficientes elementos para entretener a todos. No se la pierda. Sin embargo, a esta afirmación tan apodíctica creo que hay que ponerle algunos reparos. Por ejemplo, la trama se revela inconsistente en su esencia, entre otras por todo un rosario de interrupciones en el relato, interrupciones que no vienen a cuento. Además, creo que el escenario de disparos, incendios, bombas, helicópteros abatidos o coches destrozados excede la suma de estropicios razonable para un film en el que un único súper Willis hace frente a todo un equipo de hombres armados a todo tren, con la máxima maldad, con el máximo villano al frente e incluso con los suyos igualmente intentando acribillarlo (“¡al suelo que vienen los nuestros!”).

Pero bueno, de esto va esta serie de “junglas” y el infinito rosario de pelis equivalente de los ochenta y noventa, de manera que acabaré diciendo que sí, que Jungla de cristal es ya un arquetipo de cine violento, incluso con las humoradas que el poco tiempo que tiene le conceden decir a Willis (que las pasa canutas, claro, desde la soledad del héroe), y la vis cómica de otros personajes como Reginald Veljohnson en el papel del buenazo y eficiente policía “comedonuts”; o personajes curiosos como Theo, el freak informático de risa floja. Y por fin, el amor, el inmenso amor de Willis hacia su avezada esposa ejecutiva, y el de ella hacia él; y sus lindos hijitos, que esperan en casa para celebrar, tras el estruendo, la Navidad feliz con papi y mami, como si nada hubiera pasado. Al final, el gracioso chófer de la limusina (Grand L. Bush) suelta el chiste genial de la peli cuando dice algo así como: “Si la Navidad la pasan así, no me quiero perder el Fin de Año”: ja ja!! Está bueno.

Si quieres, la ves. Yo ya no repito.

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Comentarios

  1. Miguel Ávalos

    Jungla de Cristal, clásico por excelencia de la Acción a la que le debo una buena crítica. Prácticamente no hay ninguna tregua para el bueno de John McClane (Bruce Willis)

    A todo esto Bruce Willis es de esos pocos Actores encasillados en la Acción que han logrado demostrar que tienen talento para bastante más.

    Una película que he visto tantas veces que he perdido la cuenta

    “Si así es como pasa la Noche Buena, yo no me pierdo el Año Nuevo” xxxddd

    Un abrazo gran Enrique!!

  2. Enrique Fdez. Lópiz

    Ja ja, sí esa frase final es genial. Gracias amigo, un abrazo

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