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La película más terrorífica de todos los tiempos

Por Javier Morales

Ataques cardiacos en pleno cine, desmayos colectivos, pesadillas duraderas y recurrentes, terrores nocturnos y una multiplicación exponencial de las solicitudes de exorcismos al Vaticano.

Estos son algunos de los logros de El exorcista, la película de William Friedkin que con ese atractivo slogan se convirtió inmediatamente en un clásico maldito.

Recuerdo verla por primera vez siendo chaval con mi hermano Carlos aprovechando que no estaban mis padres en casa y pasar miedo del de verdad, del bueno, que tanto nos gusta a los fans del género. He vuelto a verla decenas de veces y sigue pareciéndome estupenda.

Incluso logró dos Óscar de la Academia, al mejor sonido y al mejor guión adaptado, el que hacía William Peter Blatty de su propia novela sobre el caso real de  Robbie Manheim, en 1949, un niño de 14 años del estado de Maryland que presentó todos los síntomas posibles de posesión demoniaca y tuvo que ser exorcizado en varias ocasiones hasta lograr recuperar la normalidad.

Blatty trató de publicar su novela durante años recibiendo el rechazo de casi todas las editoriales, que por aquel entonces no parecían dispuestas a arriesgarse con una historia así y que, finalmente, con el apoyo de los jesuitas -los curas “modernos”- logró convertirse en un éxito de masas.

Enseguida la Warner se hizo con los derechos, garantizando a Blatty en el contrato que él tendría voto decisivo a la hora de elegir director, puesto que no quería que su libro acabase en pantalla convertido en un pastel con componente terrorífico. Friedkin, que cuando empezaron las decisiones no había dirigido aún ningún largo estuvo siempre en la mente de Blatty, pues fue el único que se atrevió a comentar que el esbozo del guión era una “basura”, literalmente. Era lo que el guión necesitaba, un director valiente y arriesgado. Tras barajarse varios nombres, entre ellos los de los mejores directores del momento, Friedkin se hizo definitivamente con el puesto. Rechazó el primer guión y enamorado como estaba de la novela de Blatty, exigió que no se cambiara nada en absoluto.

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El 14 de agosto de 1972 comenzaba el rodaje con buen pulso y maestría a pesar de lo joven que era el director. El rodaje pasaría por Washington, Nueva York e Irak y contaría con un presupuesto envidiable de 20 millones de dólares. Aun así la productora, poco convencida del futuro de la cinta, era reticente a caprichos, y como anécdota cabe decir que propuso que sólo se comería ensalada verde durante el rodaje para ahorrarse unos 50000 dólares. Director y guionista aunaron fuerzas y montaron en cólera, lógicamente.

La elección del reparto fue un auténtico dolor de cabeza para ambos. Para el papel principal, el del Padre Karras, el exorcista que da título a la cinta, había puñados de estrellas interesadas, como Jack Nicholson, que insistía casi a diario para lograr el personaje. Friedkin se negó rotundamente. No quería que el aura de estrella de Nicholson y otros famosos eclipsaran el verdadero espíritu terrorífico de la cinta. Así, Jason Miller, escritor y ganador del Pulitzer, acabó haciéndose con el papel de su vida. Ellen Burstyn, la fabulosa actriz que acabaría siendo coprotagonista en el papel de madre de Regan, la niña poseída, estuvo desde el principio en la baraja, pero dudaba de las posibilidades de Miller para llevar el peso de la cinta. La productora quería también a Carol Burnett y Jane Fonda para el papel, pero afortunada y finalmente Burstyn hizo de Chris, la madre de Regan, una actriz de éxito que duda de la intervención del maligno en el estado de su hija. Faltaba encontrar la actriz que hiciese ese personaje, el núcleo fundamental de la cinta, la niña Regan. Pero no fue una labor difícil, Linda Blair, de 12 años se hizo con el papel en la primera audición. Era inteligente, brillante, madura y muy atrevida. Había leído la novela y sabía lo que era una masturbación, tema que atormentaba al director, que al preguntarle si sabía en qué consistía el momento en que la niña se masturba con un crucifijo, Blair respondió: «Por supuesto, yo me masturbo, ¿quién no lo hace?», así a sus cortos doce añitos, lograba el papel que nunca volvería a encontrar, la cima de una carrera corta y llena de tropezones. Los ataques de parte de la prensa durante el rodaje hicieron temblar los cimientos de la seguridad del equipo, pero un golpe afortunado e imprevisible, una encíclica del Papa, Pablo VI sobre el libro, sobre el bien y el mal logró dar el golpe definitivo para que antes incluso de estrenarse la peli fuera ya todo un fenómeno.

El leit motiv de la cinta es la lucha continua entre las fuerzas del bien y del mal, y Friedkin se encargó de lograr las inquietantes imágenes imborrables que lo representaban. La pelea entre un perro blanco y uno negro, el hombre del ojo de cristal, el demonio Pazuzu que el personaje de Max Von Sydow encuentra en el prólogo en Irak, los contrastes de color, los insectos, unos efectos especiales soberbios y la sintonía del disco Tubular Bells de Mike Oldfield, que acabó siendo la banda sonora de la película tras una composición desastrosa previa, acabaron por confirmar que la frase promocional de la cinta no fuera ninguna tontería. El exorcista iba a ser definitivamente la película más terrorífica de todos los tiempos.

Una de las anécdotas que más me gustan de esta película es que para los momentos en que Regan está poseída, el director contrató a Mercedes McCambridge, una actriz respetadísima, ganadora de un Óscar que padecía bronquitis crónica desde niña y poseía una voz muy peculiar. La actriz se sometió a un intenso tratamiento de alcohol y tabaco para potenciarlo y así la voz de Regan en esos momentos es puramente una voz infernal.

La peli se estrenó el 26 de diciembre de 1973 y recaudó 400 millones de dólares, una auténtica barbaridad que mantuvo contentos a todos. Las reacciones fueron como era de esperar muy diversas, desde un fenómeno de fans antes no conocido a fervientes detractores que la consideraron “el allanamiento del camino para la llegada del diablo”, pero el caso es que todo el mundo acudía haciendo colas kilométricas a ver la cinta. Los desmayos, las ambulancias en la puerta del cine y un rayo que incendió un edificio de Roma de 400 años de antigüedad el mismo día del estreno, así como nueve muertes misteriosas conectadas con el reparto ayudaron a grabar a fuego la leyenda de El exorcista. Ni qué decir tiene que, tras el éxito, llegaron dos irregulares secuelas y hasta un reestreno el 22 de septiembre del 2000 con 11 minutos inéditos que engordaron las recaudaciones del original, haciendo que el fenómeno lo fuera también económico.

Hoy recuerdo esa primera vez que la vi, tapándome los ojos con las manos de niño y no me explico cómo no me quedé en el sitio.

Si hay algo que me vuelve loco de la película, y aquí viene mi toque mitómano, es el personaje de Burstyn, esa actriz preciosa, que aun siendo atea tiene que convencer al sacerdote de que lo que padece su hija es una posesión una vez que ha abierto los ojos. En esa dualidad radica el poder y lo magistral de una película que hasta este año retrataba el exorcismo más terrorífico de la historia. Lógicamente he visto cientos de películas similares. La mayoría regulares. Si he de elegir una me quedo con la brillante El exorcismo de Emily Rose, pero el genio de James Wan le ha arrebatado con su fantástica Expediente Warren el título del exorcismo que más miedo me ha provocado nunca. Los últimos diez minutos de esa película no se me quitan de la cabeza meses después.

Qué gustazo…

Comentarios

  1. LUCHI

    Maravilloso, como todas tus críticas. Se nota que de terror entiendes un rato!
    Mis felicitaciones

  2. Íñigo

    Muy bien. Recomendaría ver el montaje del director, hay algún momento (el sueño del Padre Karras o el primer análisis de Reagan) que sí que asustan, con esas superposiciones y efectos Kuleshov.

  3. JESUS PALACIO ROLLÁN

    Hombre, por fín, la mejor peli de miedo de todos los tiempos bajo tus perspectivas… Un gusto, la verdad.
    Completamente de acuerdo en todo.
    Felicidades, campeón

  4. Albany

    El Exorcista es sin duda mi película favorita de todos los tiempos, cuento con apenas 20 años de edad, pero desde una muy temprana edad esta película me cautivo, ha sido sin duda para mi ”La película mas terrorífica de todos los tiempos”, marco mi vida, mi infancia, mi adolescencia y mi vida actual, obra maestra, se me enchina la piel solo de escuchar ”tubular bells” y hasta la fecha de hoy no soy capaz de ver a ”Regan” en su estado de posición de frente, en hora buena por la critica, felicidades.

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