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La película de Catherine y Sharon

Por Marcos Cañas Pelayo

En ocasiones, un intérprete es una película. Puede resultar sumamente injusto resumir en un solo nombre  el arduo trabajo de equipo técnico, montadores, productores y demás esforzados artesanos del séptimo arte… pero el imaginario popular tiende a resumir, a sintetizar, a quedarse con una coordenada concreta de un gran mapa.

Basic Instinct (Instinto Básico, 1992) será siempre recordado como uno de los thriller noventeros más exitosos de la década, un argumento tramposo a más no poder, una puesta en escena del morbo más elemental, una banda sonora pegadiza y, muy por encima de todo y de todas, Sharon Stone.

Hacía mucho tiempo que el guión Joe Eszterhas calentaba (nunca mejor dicho) las almohadas de muchos productores de Hollywood. Una script que escondía pura dinamita y garantizaría unos generosos dividendos en taquilla. Existía también el director adecuado para llevar la empresa a buen puerto, Paul Verhoeven, mas todo podría quedar en agua de borrajas si erraban en la elección del pie de una Cenicienta de armas tomar…

No obstante, aquella rubia de hermoso rostro no dejaba de ser una cara bonita más en los competitivos casting a los que se estaba acostumbrada aquella tierra de las oportunidades de difícil acceso que es el cine comercial norteamericano. De cualquier modo, había destellos, una fugaz aparición en un film de Woody Allen había mostrado aquella presencia que generaba atención. Decía Enrique Villén que en una ocasión vio a toda una cafetería girarse por la mera nuca de Cary Grant ¿Cuál era su CV hasta ese momento? ¿Qué hacía indicar que su dorada cabellera tenía el blonde poison con la que la amoral Catherine Tramell incendiaría el celuloide?

Apariciones en secuelas, incursiones en el cine español, portada de Playboy… Un extraño cóctel que aterrizó en aquel quinto centenario del descubrimiento de América, justo a tiempo para brindar un cruce de piernas que también pasaría al recuerdo como un evento memorable. Si a la campaña de publicidad de una obra en promoción le viene bien un poco de polémico, Instinto básico tuvo dos tazas de todo aquel sector social que podría haber arqueado la ceja.

La moral más conservadora no podía sino rasgarse las vestiduras ante las escenas de alto voltaje, mucho más descarnadas y sin ninguna de las censuras a las que el género tenía acostumbrado a los más puritanos. Verhoeven había enseñado un storyboard que hubiera podido firmar el mismísimo Milo Manara, dejando claro a su pareja protagonista (Stone + Michael Douglas) que habría que pasar por el aro y era hora de llevar el Kama Sutra al siglo XXI.

Como fuere, muchos se debieron de sentir más sorprendidos por la polémica que se generó en ciertos mentideros del colectivo homosexual, al cual no se esperaba como adversario. Se hablaba de una terrible visión del grupo, de unos personajes que incitaban a la homofobia, de lesbianas perversas que hubieran dejado a las brujas de Macbeth como monjitas de La Caridad… El director, mostrando más inteligencia y sensibilidad de la que sus detractores le intuían, salió con elegancia del políticamente incorrecto trance: «Presentamos la homosexualidad como algo biológico, un aspecto más de la vida… no algo que determine. Los que nos piden esos cambios en algunos personajes no entienden el problema como adultos. El film está claramente a favor.»

La Caja de Pandora había sido abierta y no había marcha atrás. Lilith, Salomé, Mesalina y otras princesas oscuras ya tenían al fin un hueco más en el trono. 130 minutos de metraje, perfectamente acompañados por los acordes de Jerry Goldsmith, habían bastado para hacer pasar a Stone la frontera de ser reconocida a la fama más exagerada.

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Se notó de inmediato, especialmente en los Estados Unidos. Hacía dos años, había aparecido en el popular espacio televisivo de David Letterman, pero en 1992 ya lo hacía como mega-estrella. Apenas tres años después, el mismísimo Martin Scorsese la reclutaba para acompañar a dos vacas sagradas como Joe Pesci o Robert De Niro.

¿Qué había ocurrido previamente en aquel rodaje para provocar aquella transformación vertiginosa? Básicamente, los secretos ocultos el asesinato de una estrella de rock en San Francisco. Temperaturas altas, dignas de La tentación vive arriba,  una investigación alocada con los suficientes accidentes y asesinatos por el camino, llevada a cabo por un temperamental policía Nick Curran, interpretado por Michael Douglas. Fue en aquellos días donde el hijo de Kirk Douglas se ganó la compasión y comprensión de todo el público por tener tareas ingratas como aquella… Su suerte no cambiaría y en 1994 se vería acosado por Demi Moore. La envidia del resto del orbe, le merecía la pena.

Bienvenidos a los libros que auguraban los asesinatos antes de Death Note. A viajes acelerados por los secretos más recónditos de la alcoba, a la coca y las fantasías más perversas de un extraño cuadro, descompensado e inverosímil, pero que es imposible dejar de mirar. Si la fascinante personalidad de Hannibal Lecter elevaba El silencio de los corderos a otro nivel, Catherine obtiene la recompensa de enganchar desde todos los ángulos posibles, por encima incluso de posibles defectos de la cinta.

Estábamos acostumbrados en literatura y cine a los “ángeles del hogar”, descansos del guerrero de santidad y lealtad, la bondadosa Melanie en Lo que el viento se llevó o devotas doñas Ineses. Luego, en la otra esquina, estaban las rubias del film noire, Veronica Lake o las dulces tentaciones de Lauren Bacall. Mujeres fatal en bares sabineros, portadas pulp como Mia Wallace en los cárteles promocionales de Pulp Fiction.

Stone logra una apuesta a doble o nada y sale ganando. Su Catherine es la mezcla perfecta de lo que no se puede ser a la vez, pulcro y desordenado, belleza y salvajismo, indefensión y ataque, Gwen Stacy y Mary Jane Watson en una… Los dos modelos anteriores bajo la misma actriz, con el toque del particular harén de ambos sexos de la ambiciosa y extraña escritora.

¿Hay más allá de las leoninas malas pulgas y testosterona desparramada por el personaje del agresivo policía Curran? ¿Puede una buena actriz como Jeanne Tripplehorn compensar los vacíos que tiene su personaje no trazado del todo?

Se ha hablado mucho del alto voltaje de sus escenas más tórridas, pero quizás no tanto de los homenajes a Kim Novak en la magistral e inolvidable Vértigo, firmada por el maestro Sir Alfred, gran ídolo de Verhoeven, tanto en vestuario como en la ambigüedad de esta mujer, más que objeto de deseo, es invasión de la mente del individuo o individua del que es presa y captora a partes iguales.

Hablar del mundo de los homenajes, los cameos, las parodias, la emulación…, vuelve a mostrarnos claramente de la influencia de esta extraña ópera que mezcla Pero… ¿quién mató a Harry? con el sado-thriller de una forma tan abierta y a pie de calle que explica y fundamenta su fama, aún hoy en día.

Y no hablamos únicamente de la defenestrada secuela (Instinto básico 2: Adicción al riesgo, 2006), quizás prueba palpable de la dificultad de volver a emular puertos taquilleros, en esta ocasión, sin Verhoeven y Douglas en el barco. A su manera, ya fuera por su «entretenida vulgaridad» (Owen Gleiberman) para unos o «ser una de las obras más inquietantes, pese a sus trampas de guión […] bajo las colinas recientes de Hollywood», para otros, estos primitivos instintos habían venido para quedarse. Aunque quizás sea una pena pensar que no se ha aprovechado del todo a la musa que inspiró todo el asunto.

No importa su incondicional admiración por la filmografía de Almodóvar y el perfecto conocimiento que exhibe sobre ella, siendo un enigma para un servidor cómo el genial cineasta manchego no ha usado su fértil imaginación para encontrarle un hueco a codazos en algún proyecto. Igual que con otra rubia célebre, parece que su CI no logra disuadir a algunos de los más grandes en confiar en ella. Mítico fue el momento en que acudió a hablar en persona con Scorsese para pedirle, literalmente, que le metiera tanta presión y la exigiera tanto como hasta entonces solamente estaba haciendo con De Niro en Casino.

Los  años pasan y alguna aventura cinematográfica interesante se alterna con proyectos de calidad más dudos. Manteniéndose en la sensación de muchos que no se había sabido exprimir todo el potencial de aquella aparición tan impactante en 1992.

Por fortuna, siempre nos quedará Catherin, nunca importó menos quién fuera el asesino, si ella estaba por el graderío.

Comentarios

  1. Enrique Fernández Lópiz

    Me ha gustado tu crítica. Felicitaciones. Saludos

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