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La patrulla: Los inicios de la guerra de EE.UU. en Vietnam

Por Enrique Fernández Lópiz

La película se contextualiza en 1964, justo poco después de que los franceses salieran por piernas de Vietnam abandonando el terreno. En este punto incursionan en dicho conflicto los norteamericanos para apoyar a los anticomunistas del sur e impedir la reunificación de Vietnam bajo el régimen comunista que quería imponer el norte. Esto desembocaría en una guerra, guerra que como todos sabemos, se habría de prolongar durante años posteriormente, concretamente hasta 1975.

Pues bien, La patrulla narra esos inicios de EE.UU. apoyando a Vietnam del Sur contra Vietnam del Norte (las fuerzas del Viet Cong); cómo un grupo de soldados norteamericanos deben llevar a cabo una misión en un lugar denominado Muc Wa. El mayor de la tropa (Burt Lancaster) intenta coordinar las acciones militares sin mucha convicción, pues es un militar amortizado, que ya nunca ascenderá por su vida disoluta y por estar dado de lado por parte del Alto Mando. Y los jóvenes, que están allí por convicción, la mayoría se enfrentan a un mundo oriental cuyos códigos desconocen y por el que han de sufrir al límite de sus posibilidades. Recuerdo aquí que en estos principios de la intervención Norteamericana que narra la película, los asesores estadounidenses estaban en el sureste asiático para formar una fuerza en las Tierras Altas Centrales, e instruir al Ejército de Vietnam del Sur en tácticas, mantenimiento de aeronaves y otras funciones auxiliares. No tenían permiso para intervenir en los combates, mucho menos para preparar acciones contra los guerrilleros, lo cual no siempre era llevado de forma exacta ni mucho menos.

Yo diría que es una película no muy brillante, aunque tiene de importancia el hecho de narrar la primera época norteamericana en Vietnam, una época con más convicción de parte de los americanos y de su tropa en la contienda que posteriormente, cuando ya la guerra se desencadena abiertamente. Y además, había menos críticas de lo que luego habría de suceder posteriormente, como ahora diré. Es por ello un film testimonial.

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Su director Ted Post (que no es un genio que digamos) maneja la película de manera profesional, con un buen guión, tal el que escribió Wendell Mayes (uno de los más reconocidos guionistas del Hollywood de la época; este trabajo le valió estar nominado a mejor Guión del año entre sus propios compañeros de profesión); el guión está basado en novela de Daniel Ford. La fotografía de Harry Stradling Jr. y la música de Dick Halligan no desmerecen.

En cuanto a las actuaciones, Burt Lancaster es siempre Burt, una figura cimera, un grande entre los grandes, y en esta película padecía una afección que le hacía cojear de manera real, no ficticia. Y aunque éste no sea su mejor papel, desde luego su mera presencia es ya de suyo un valor para el film. En cuanto al resto de actores (Carig Wasson, Jonathan Goldsmith, Marc Singer, Joe Unger, Evan Kim o Dennis Howard), hacen una interpretación en coro muy meritoria, aunque con algo de falta de garra y convicción en sus roles.

De otro lado, se trata de una película sin muchos medios económicos, y esto se puede ver a las claras, pues sobre todo hoy, cuando los efectos especiales lo inundan todo, aquí las bombas, la guerra en sí, la escenografía, etc., no se hacen del todo creíbles.

Desde luego esta película no es de las que dejaron huella sobre el conflicto vietnamita como El cazador, 1978 de Michael Cimino; Apocalypse Now, 1979 de Francis Ford Coppola; Platoon, 1986 de Oliver Stone; o La chaquetas metálica, 1987 de Stanley Kubrick; es más bien una película singular, una espécimen rara en la filmografía que yo con mis reparos recomiendo. Y es que el film no deja de tener su interés, sobre todo porque como ya he dicho, relata, un poco a modo de documento histórico, los inicios de la intervención americana en Vietnam. En esos entonces los motivados hombres que allí llegaron de forma voluntaria, eran básicamente asesores militares–como ya he apuntado- y entregados a la causa patriótica y anticomunista. De todos es sabido que tras la ofensiva del Tet, los bombardeos masivos (napalm incluido) o la caída de Saigón, es decir en pocos meses, es cuando la cosa cambiaría sustancialmente en la escena militar, política o social de aquel momento histórico (lo que finalmente desencadenó la intervención total estadounidense que partió de una reunión mantenida por Lindon B. Johnson con sus asesores el 21 de julio de 1965).

A partir de este punto, aparecieron por doquier, incluido en los EE.UU. de Norteamérica, movimientos antibelicistas, manifestaciones contra la guerra en Vietnam, el descrédito de los norteamericanos en aquella sangrienta, cruel y mantenida guerra, la desigualdad de medios entre norte y sur (o sea, los americanos), la degradación moral de la tropa americana (drogas, prostitución, deserciones, matanzas a discreción, etc.), el contagio de Camboya y la final huida por piernas. Todo ello perfiló un panorama que ya nunca más querríamos que se volviera a dar, los que tenemos memoria; algo que no habríamos querido que se repitiera, aunque recientemente hemos tenido que lamentar el desastre de la guerra de Irak, cuyas consecuencias aún colean sin que se sepa por cuánto tiempo más durará el conflicto en este país del oriente próximo. Habría que gritar más fuerte para que estas cosas no se vuelvan a repetir por nada del mundo.

Entonces, las anteriores obras sobre Vietnam sí tocaban estos temas de violencia descarnada o la degradación moral (ver en estas páginas mi crítica de Apocalipse Now.

Pero como digo, esta cinta tiene la particularidad, entre otras, de narrar, mal que bien, los prolegómenos de aquella terrible contienda que aconteció en la llamada Península de Indochina.

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