Image Image Image Image Image Image Image Image Image

La pasión según Mel Gibson

Por Jorge Valle

José de Arimatea y Nicodemo descienden a Jesús de la cruz y entregan su cuerpo, ya inerte, a su madre, quien lo acoge entre sus brazos intentando asimilar que ya no podrá abrazarle nunca más. Es el dolor de una madre que sabe que tiene que despedirse de su vástago para siempre. Y con lágrimas en los ojos, María nos mira directamente durante unos segundos, culpándonos, en un acto de egoísmo pero también de gran humanidad, de la muerte de su hijo, que se ha sacrificado por todos nosotros, arrebatándole a ella su bien más preciado. Son detalles como estos los que hacen de La pasión de Cristo una verdadera maravilla, tanto por la formidable estética visual con la que Mel Gibson narra el calvario de este hombre como por la humanidad y el realismo con los que ha sido tratado el personaje de Jesús, en el que sin duda ha sido el mayor acierto de la cinta. Y es que en ningún momento tenemos la sensación de que este profeta sea el hijo de un dios, tan solo un hombre que sufre, que duda y, sobre todo, que ama. Un hombre que es castigado por dos de los peores males que ha cultivado la humanidad: la envidia, presente en los sacerdotes judíos, temerosos de perder su riqueza y su poder sobre el resto de la población analfabeta, y la ignorancia, representada por esos soldados romanos que en ningún momento son conscientes de las consecuencias de sus actos. Jesús es un hombre atormentado por tentaciones que le asaltan constantemente, pero que sortea con la entereza y la serenidad propias solo de las personas que tienen el estimable valor de escoger el camino más difícil por ser el correcto. En este caso, el camino que elige Jesús es el de la pasión, el sufrimiento, el dolor y la sangre, siempre presentes a lo largo de todo el metraje. Y lo hace por un ideal basado en la comprensión y la tolerancia en el que cree firmemente y que propaga sin temor a lo que piensen los demás. Jesús incita a amar, no solo a las personas más cercanas, sino también a los enemigos, a quienes se debe perdonar a pesar de todo el daño que nos hayan podido causar. “Amaos los unos a los otros como yo os he amadoes quizás el mandamiento que mejor resume un pensamiento que, lamentablemente, fue totalmente malinterpretado tras la muerte de Cristo. La presencia del demonio, turbadora, sombría y terriblemente atractiva, también sobrevuela incesantemente a los protagonistas, incitándoles siempre a caer en el pecado.

lapasiondecristo2

Quizá se hubiera podido sacar mayor provecho a personajes secundarios como María Magdalena o San Juan, pero poco más se le puede achacar a una obra intensa y apasionante desde el principio hasta el final, salpicada de acertados flashbacks que amplifican y complementan la trama principal, que el director ha preferido centrar exclusivamente en la pasión, a la vez que permiten un agradecido descanso entre tanta violencia, cuyo patético y exhaustivo retrato es necesario para poder transmitir al espectador el horror y la degradación en la que puede caer el ser humano. Al margen de la moralidad de las radicales ideas del ultracatólico Gibson, no se puede negar que ha conseguido plasmar en el cine no una religión o pensamiento, cuya subjetividad puede no convencer a todo el mundo, pero sí un sentimiento. Naturalmente y como era de esperar, la cinta levantó enseguida un polémico revuelo, recibiendo por parte de la crítica un amplio espectro de calificaciones que se mueven desde la “mayor tontería jamás filmada” hasta la “obra maestra”. Obviamente, La pasión de Cristo no es una película para todos los públicos, no solo por la abundancia de sangre y la crudeza del drama, sino por la complejidad de un tema tan espinoso como es la vida de Jesús, que poco o nada tiene que ver con el cristianismo posterior. De hecho, Mel Gibson recibió el premio a la libertad de expresión que concede todos los años la National Board of Review, una de las asociaciones cinematográficas más importantes de EEUU. En cualquier caso, y sin tener en cuenta la polémica y la cuestión del creer o no creer, La pasión de Cristo es dolorosamente física y profundamente espiritual, un auténtico regalo para todos los sentidos.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario