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La novia

Por Alejandro Arranz

-Paula Ortiz hace un gran esfuerzo para adaptar a Lorca, lo hace con agudeza, pasión y un excelente elenco actoral. Sin embargo la película se excede en su propuesta formal.
-Inma Cuesta realiza un trabajo lleno de fuerza dramática, una pena que la dirección se empeñe en subrayar lo que la actriz ya transmite por si sola.

Paula Ortiz es esa directora, guionista y productora aragonesa que recordaréis por aquel drama de historia cruzadas, De tu ventana a la mía, que causó una gran división de opiniones en 2011. Aquella fue su ópera prima y en esta ocasión se enzarza, como la propia palabra indica, en un asunto complicado: adaptar a Federico García Lorca. La novia es una versión libre y ambiciosa de Bodas de sangre, obra que ha sido llevada al cine anteriormente por: Edmundo Guibourg (1938), Souhel Ben Barka (1976) y Carlos Saura (1981). La versión de Ortiz le da mucho más protagonismo a la atmósfera y en especial al apartado visual; la primera decisión resulta al final un acierto redondo, la segunda creará polémica, aunque a este articulista le parece un fallo rotundo de una película que en otros sentidos es admirable. Migue Amoedo repite como director de fotografía convirtiéndose en uno de los protagonistas de la propuesta, y por último tenemos un potente reparto encabezado por Inma Cuesta y en el también que encontramos nombres de la talla de: Asier Etxeandia, Álex García, Luisa Gavasa, Carlos Álvarez-Novoa, Ana Fernández, Consuelo Trujillo, y Leticia Dolera.

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Paula Ortiz y Javier García Arredondo (Secuestrados) adaptan el guión con cierta fidelidad pero cambiando numerosos aspectos que a mi parecer resultaban primordiales en la obra de Lorca, no obstante La novia es una adaptación libre y que capta algo del espíritu del dramaturgo, aunque pierda casi todos los temas de la obra. Cierta fuerza textual del poeta reside en el guión y eso es algo que de por sí hace merecedor al filme de un visionado. Por otro lado está el reparto, con una Inma Cuesta firme candidata a alzarse con el Goya por encima incluso de la difícil y comprometida interpretación de Penélope Cruz en Ma ma, su actuación es intensa y penetrante, además de estar bien resguardada por algunos secundarios de lujo. Entre ellos una brillante Luisa Gavasa, un Asier Etxeandia que no defrauda en absoluto y una de las sorpresas del año (en lo que a cine patrio se refiere), Álex Garcia. Mi último elogio va para la atmósfera con la que Ortiz imbuye el filme ayudada de ese personaje de la anciana profeta, al final es como ver una especie de western fronterizo y sobrenatural. Por otro lado está lo que no me gusta de la película. El trabajo de dirección es voluble y excesivo (no soporto esos primeros planos), a menudo ofrece escenas estimulantes para los sentidos, pero también a menudo sobrecarga la pantalla con elementos, efectos y subrayados molestos e innecesarios. La cuestión es que Amoedo y la directora conciben una puesta en escena manierista, barroca (un poco a lo Luhrman pero sin provocar nauseas) y recargada, que estropea mucho la película, incluso aunque en algunos momentos llegue a transmitir cierta poesía. Tampoco me parece correcto el montaje, ni las cámaras lentas, ni la luz y tampoco la banda sonora de Shigeru Umebayashi (The Grandmaster), que aunque escoge algunos temas apropiados, sufre de los mismos inconvenientes que el apartado visual, empecinándose en subrayar emociones e ideas que ya quedan bien claros en el filme sin necesidad de insistir.

La belleza es algo primitivo, a veces sutil, a veces agresiva; la obra de Lorca tiene ese tipo de belleza, al mismo tiempo es áspera, amarga y folclórica. La novia sin embargo es reconocible con otros adjetivos diferentes: inofensiva, artificial, remilgada y visualmente estridente. A muchos les entrará por los ojos, y no es algo criticable, pero algunos preferimos a Lorca el de toda la vida, poético y cautivador pero sin melindres. El filme de Paula Ortiz deja algunos tramos interesantes y un reparto de gran potencial, pero no es una buena adaptación. La obra de Lorca estaba mejor como estaba, aunque se agradece el intento.

Alejandro Arranz

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