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La muerte, una realidad evitada

Por Enrique Fernández Lópiz

La película Truman cuenta el episodio de vida de dos amigos de infancia, ahora en la mediana edad; Julián es un actor argentino que vive en Madrid y Tomás un profesor de Matemáticas residente en Canadá. Julián recibe la inesperada visita de Tomás, que realiza un largo viaje y lo ha dejado todo de forma incondicional para hacerle apoyo y compañía. Julián tiene un cáncer terminal y Tomás lo va a ver para despedirse de él y ayudarle en lo que haga falta durante cuatro días. Truman es el perro fiel de Julián. Los tres comparten esos días viviendo momentos muy emotivos e intensos; días sorprendentes e inolvidables por la difícil situación de Julián. La reunión se convierte en una especie de definitivo adiós, no sin que ambos aprendan muchas cosas el uno del otro, y sobre la vida y la muerte.

El director de este film es Cesc Gay, un joven director barcelonés nacido en 1967 y autor de películas ya reconocidas como Hotel Room (998), Krámpack (2000), En la ciudad (2003), Ficció (2006) y Una pistola en cada mano (2012). En todas ellas, Gay nos regala una mirada llena de ironía y no exenta de humor ante las flaquezas de sus personajes. E igual ocurre en esta película que ahora comento. Pero se da la diferencia con relación a los anteriores filmes, en los cuales hace un tratamiento más de conjunto y coral. En esta película se centra solo y fundamentalmente en dos personajes: los dos amigos Julián y Tomás. Gay hace una exposición en Truman del lado trágico de la vida, el más nefasto, la muerte, la inminencia del final. Mas no por ello olvida el humor, provocar la risa y la sonrisa del espectador, con un tono agridulce; hay también causticidad en su enfoque, en ocasiones cruel. Y lo hace con un pulso narrativo muy interesante, preciso, sugerente, con perspicacia y elegancia ante la compleja temática.

El guión del propio Gay junto a Tomás Aragay es casi perfecto, trabajado, justo, sobrio y sin retruécanos excesivos. Abandona el lugar de la lacrimogenia, recurriendo más bien a las pinceladas de una inteligente comedia intimista que sabe auscultar los sentimientos ocultos e intrincados de los personajes. El libreto está basado en un diario que escribió relacionado con una difícil situación personal que vivió el propio Gay, cuando tuvo que acompañar a un ser querido durante el proceso de su enfermedad. Gay dice que sus películas surgen de él mismo, de su propia experiencia y de su entorno, de lo que ve y de lo que siente.

Tiene una música genial de Nico Cota y Toti Soler, y una nítida y estupenda fotografía de Andreu Rebés.

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Y si dirección, guión, música y fotografía hablan de una excelente película, el reparto es el pilar prínceps del film, sobre todo por un Ricardo Darín de lujo, uno de los mejores actores actuales, que ofrece un recital inconmensurable que roza el límite de la perfección, con un auténtico nivel de excelencia. Los gestos de Darín, su mirada, sus primeros planos, su soltura, su voz. Creo que es, si no la mejor, una de las mejores de este insigne intérprete proveniente de un país y de una cultura de grandes actores como es el caso de la Argentina. Sicum dixit Martínez: … lo que ofrece ‘Truman’ es una intensa, trágica, divertida por momentos y siempre resplandeciente exhibición de unos intérpretes al límite de casi todo. Darín, más Darín que nunca. Por supuesto no quiero olvidar la genial interpretación que hace Javier Cámara, al que Darín parece inspirarle y sacar de él lo mejor. Cámara, un gran actor y un gran trabajo en esta cinta también. Dolores Fonzi está, amén de muy linda, estupenda en un rol dramático, que afronta con gran nivel y una gestualidad y miradas encomiable. Hay apariciones breves pero contundentes de figuras como Eduard Fernández, José Luis Gómez, Àlex Brendemuhl o Pedro Casablanc. Y acompañan con igual calidad Javier Gutiérrez, Elvira Mínguez, Silvia Abascal, Nathalie Poza, Francesc Orella, Oriol Pla, Ana Gracia, Susi Sánchez y Ágata Roca.

Justamente, en 2015, en el Festival de San Sebastián esta obra obtuvo la Cocha de Plata a Mejor actor para Ricardo Darín y Javier Cámara.

La película trata, pues, de abordar la muerte desde el plano de la amistad, pero igualmente como un asunto social, cultural, que atañe a las amistades y conocidos que rehúyen al protagonista enfermo, a la funeraria a la que acude, a su propio trabajo del cual lo despiden sin consideración por su terminalidad, etc. Y es que ocurre que en estos tiempos, nuestra cultura y nuestras maneras de relacionarnos con la muerte y el morir, han cambiado notoriamente. Se muere en hospitales e instituciones, se desvincula este acontecimiento humano del hogar, de la compañía de familiares, amigos o vecinos, y se deja el final de la existencia y su afrontamiento a una manera que nada tiene que ver con la tradicional manera que apuntara el poeta Jorge Manrique, cuando narra las circunstancias, el lugar, la compañía y el respeto al recuerdo de su difunto padre en la última hora:

Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos y hermanos
y criados,
dio el alma a quien se la dio
(el cual la dio en el cielo
en su gloria),
que aunque la vida perdió
dejónos harto consuelo
su memoria.”

La muerte preocupa al ser humano, la muerte es la pérdida de todo lo que se tiene y de lo que se pudo tener, la muerte es el máximo exponente de la limitación humana, de su fatal destino biológico y existencial, de su penosa desembocadura en lo incierto, final éste que se vive con gran ansiedad por el afectado y con gran penar de quienes se quedan. Es la pena, la rabia, el profundo pesar y el corazón partido que tan magistralmente expresa el gongorino, contemporáneo y naturalista Miguel Hernández en otra de las grandes elegías poéticas de la lengua castellana, la dedicada en Orihuela (Alicante, España), “su pueblo y el mío”, a su amigo Ramón Sijé (“muerto como el rayo”), “con quien tanto quería”:

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano”.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta

de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
….

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata le requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.”

En este casi nuevo siglo, la muerte es cada vez más aséptica, más disímil de los penares y emociones de los poetas de antaño o de no hace tanto, y es que han cambiado mucho las cosas y a un ritmo muy rápido en las últimas décadas. El fallecimiento era antes más próximo a las personas, más naturalmente entendido como designio de vida y como acontecimiento religioso en la llamada de Dios, dejado a las manos sobre todo de los ministros religiosos, sin que la ciencia ni nadie tuviera nada que hacer salvo aceptar la llamada del Todo Poderoso. De nuevo Manrique nos ilustra este extremo, a caballo entre la fatalidad y la resignación, en estos bellos versos:

No tengamos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera
es locura.

Hoy esto ya no es más así; se combate la muerte, se asiste al moribundo con drogas y en ocasiones con apoyo psicológico dentro de los lugares en que oficialmente se instala el espacio para este trance, sobre todo hospitales e instituciones geriátricas, y es pues motivo de preocupación para muchos profesiones vinculados a la enfermedad y la asistencia a personas moribundas, aclarar y decidir, científicamente, psicológicamente, cómo atender este tipo de casos, qué resortes pueden aclararlos, de qué forma podríamos apuntalar un abordaje óptimo a este disruptivo acontecer que es, sin más, el final de la vida.

Como escribe Martínez: Morir tiene mala prensa. Y es raro. Al fin y al cabo, la muerte o mejor la consciencia de ella (que diría, con perdón, Heidegger) nos define como proyecto inacabado, como posibilidad, como deseo. De alguna manera, la sociedad moderna ha claudicado, en el consumo acelerado de lo inmediato, de cualquier reflexión con sentido sobre quizá la única certeza: pase lo que pase llegará un momento en que dejará de pasar. Es así”.

Todo lo dicho se aplica a Truman con meridiana claridad, siendo que Gay consigue ser claro en un equilibrio inestable y con la justa carga emocional. Entra en el delicado territorio de lo íntimo, pero sin hacer “mercado” de las emociones, sin gritar ni hacer impostura del dolor. Este film es una obra desvestida de aspectos innecesarios, incluso sencilla. Además, es como que en vez de mirar nosotros el film, fuera la pantalla la que nos mira a nosotros por frente y por derecho. Del mismo modo que lo hace la metáfora del perro Truman, un perro viejo al que le queda igualmente poca vida, un perro feo y a la vez sentimental que sirve en la cinta a de forma alegórica, y que entre otras, simboliza la amistad y la lealtad.

Por eso y como apunta Boyero, siendo trágico lo que narra, Gay … no renuncia a provocarnos la sonrisa”. “Qué magníficos momentos sobre la ética y la amistad, sobre las incomodidades de estarse muriendo”, como apunta Rodríguez, quien añade: “Cesc Gay consigue aquí poner el pie un peldaño más arriba.

He intentado balancear el drama y la comedia, como si fuera un funambulista. No podía frivolizar, y tampoco quería ponerme intenso, nos cuenta el cineasta barcelonés. Era difícil encontrar ese punto medio, no cruzar nunca la línea. Como apuntó en otra entrevista Gay, pudo hacer una película sobre algo que era triste y ciertamente dramático, pero vista con una perspectiva amable, con humor, con equilibrio.

Loureda apunta que el resultado final es: Una película amable, que encantará al público por evitar inteligentemente el dramón, y apostar por la emoción y la ternura. Radiantes interpretaciones de estos dos monstruos del cine actual.

Y efectivamente, lejos del efectismo exaltado de algunas películas americanas sobre el tema (recuerdo aquí La fuerza de vivir, 2006, esta película es interiormente afligida pero por fuera nos hace sentir bien avenidos con nosotros mismos. Es la amistad, es la frontera con la muerte, es drama, pero no le falta sentido del humor. Es la certeza de un final, pero también la seguridad de la mano amiga que incluso salva a Truman de la quema y del penar del duelo.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Zc4gq70bZW0.

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