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La mejor oferta

Por Óscar Sánchez

La mejor oferta recupera el espíritu de thriller verdadero, que no es otro que aquél que hierve a fuego lento. Desde el arranque nos damos cuenta de que estamos ante una gran película y que nos vamos a encontrar con una historia muy cuidada   y mimada.

Giuseppe Tornatore, autor de la magistral Cinema Paradiso –imposible de olvidar el final con el plano secuencia de los besos que ya es historia viva del cine– se encarga de dirigirla y escribir su guión. Mediante una puesta en escena sobria, pulcra y sencilla, sin necesidad de efectismos o artificio alguno pero con la fuerza que da la seguridad en sí mismo, nos presenta una película que habla de lo que siempre ha acaparado la atención del hombre: el amor y el arte. Todo rodeado con un magnífico halo de suspense y un estupendo crescendo en tensión psicológica durante su desarrollo que culmina en un final de marcado carácter nostálgico.

Tornatore saca todo el partido al mayor atractivo que posee La mejor oferta, que no es otro que la interpretación de su protagonista. Nos encontramos con un excelente Geoffrey Rush -cuyo papel está a la altura del de El discurso del Rey,- encarnando a un subastador de alto nivel cuya única pasión en la vida es el arte y las antigüedades. Es además una persona maniática, con problemas para relacionarse con los demás y un perfecto ejemplo de lo que es ser un snob que mira por encima del hombro a todo el mundo, ya que su devoción por el arte le ha distanciado del mundo real. Pero ello no le hace ser un hombre de moral recta ya que no dudará en aprovecharse de cualquier oportunidad que tenga para hacerse en sus subastas con cuadros que ha valorado muy por debajo de su tasación. Siempre ayudado en esta tarea por Donald Sutherland, que es sin duda uno de los puntos flojos en la película, tanto porque desentona en la interpretación, al contrastar demasiado con la finura y elegancia del resto del reparto como porque parece que esté forzado en la historia.

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Si bien la forma de afrontar la vida del subastador comenzará a resquebrajarse a partir de una extraña llamada telefónica que propiciará un giro de 180º en su visión del mundo. Y es que una casi fantasmal Sylvia Hoeks, enclaustrada en una mansión de cuento, por padecer de agorafobia, hará que Rush comience a sentirse atraída por ella. Ella quiere subastar toda su colección de arte que le han dejado sus padres como herencia. A partir de este hecho, entra en juego el excelente mcguffin que nos tiene preparado Tornatore, que es el encuentro por casualidad de unas piezas antiguas y que Rush deberá llevar a su amigo, Jim Sturgess, o mejor dicho lo que nuestro protagonista entiende por amigo, que es un experto en la reparación de todo tipo de cosas y cachivaches.

Desde la entrada en juego de las extrañas piezas y las siguientes que seguirá encontrando toda la trama se pone en marcha. Y es que ese proceso de encontrar y montar las diferentes piezas entre sí le sirve a su director como eje de la película y forma de hacerla avanzar argumentalmente. Cuanto más iremos conociendo de este arcano que presentan las piezas, más confuso y gris se irá volviendo todo en el mundo de nuestro particular subastador.

Comentarios

  1. Diego B

    Buena crítica, Oscar. La cinta ha cosechado buenas y dispares críticas, arrasado en los Donatello, no sería de extrañar que la veamos luchar en los Oscar como mejor película extranjera, si finalmente es seleccionada. Si ya tenía ganas, ahora todavía más. Lo que más me sorprende es lo de Sutherland y lo que anhelo, escuchar otra vez a Morricone para Tornatore. Un Saludo.

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