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La mejor comedia de Jerry Lewis da para pensar

Por Enrique Fernández Lópiz

Jerry Lewis, como director, como actor sobre todo o como ambos siempre me resultó un individuo difícil de digerir. Su torpeza crónica, sus constantes meteduras de pata, sus muecas, gestos y “gags” o su cara de cretino sólo las aguantaba porque de muy pequeño me llevaban a ver a este sujeto horribilis e infumable, sencillamente porque sus películas eran toleradas para menores. Y para mi asombro infantil, observaba que la gente reía de forma descosida ante la ringlera de memeces y situaciones ridículas en las que se veía envuelto sin dar un minuto de respiro. Sí, un ratito de cinta para verlo normal, sin hacer el tonto. Recuerdo muy bien algunos de estos filmes como El botones (1960); Lío en los grandes almacenes (1963); o, Caso clínico en la clínica (1964). Creo que mi furor interno hacia Jerry Lewis de niño casi rozaba el límite de lo tolerable, como cuando veía con mis hermanas las películas de Marisol (estas en otro sentido: por su ñoñería, cursilería, etc.).

Mas hete aquí que como por arte de magia Jerry Lewis, sí, el mismísimo Lewis dirigió e interpretó una película auténticamente graciosa y a la vez profunda, sin duda la mejor comedia en la que participó. Se trata de este film que ahora paso a comentar, El profesor chiflado de 1963.

En la historia, Julious Kelp es un profesor universitario de química que no puede ser más poco agraciado, torpe y desde luego con muy poca fortuna en sus relaciones con los demás, sobre todo con las jóvenes. Pero metido en su laboratorio, Kelp descubre la fórmula de una poción que cuando la bebe le convierte en una persona totalmente opuesta: un hombre muy atractivo, interesante, con carisma, elegante hasta decir basta y tan narcisista, engreído y seguro de sí mismo que incluso se hace llamar Buddy Love.

Lewis, como director de este largometraje, consigue construir una obra que yo califico de bastante buena y que forma parte ya de la historia de la comedia americana, a la vez que está en el recuerdo de quienes la hemos visto. Hace una película con gran oficio y ribetes de maestría, lo cual creo firmemente. Porque la película, con el tiempo y conforme se vuelve a visionar, tiene lecturas y provoca reflexiones que hace más de cincuenta años no se hacían.

El eje del film es un guión escrito por el mismo LewisBill Richmond, en lo que es una aguda adaptación en tono cómico y cáustico de la conocida novela de Robert Louis Stevenson, “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, publicada por primera vez en 1886. Algo sin duda curioso y singular. No está mal la música de Walter Scharf y buena fotografía de W. Wallace Kelley.

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En el reparto sobresale, cómo no, Jerry Lewis en su mejor papel dentro de sus muchas y a veces insoportables humoradas. Lewis hace lo que sabe hacer, lo hace muy bien y la ventaja estriba en el guión, pues tener a Stevenson detrás es siempre una garantía. La chica mona de aquellos entonces hoy ha quedado como una Barby trasnochada y demodé para quien el tiempo no ha pasado en vano. Pero bueno, como el principal protagonista es Lewis, pues no pasa nada. Y acompañando con saber hacer están Stella Stevens, Del Moore, Kathleen Freeman, Med Flory, Norman Alden, Howard Morris, Henri Gibson y Eliva Allman.

Por un lado, cansado uno de ver a Jerry Lewis hacer personajes absolutamente desastrosos y estúpidos, ver de pronto que se convierte poco menos que en un “latin lover” exitoso, o al menos en alguien que habla normal y se desenvuelve bien, esto, lo recuerdo muy bien, me produjo en aquellos lejanos años infanto-puberales cierto sosiego: ¡por fin Lewis no era el estólido impenitente inaguantable! Esto se me hacía aún más patente por cuanto acercándome a la pubertad, quería yo ver en Lewis algo diferente al perpetuo inmaduro al que todos patean. Por fin, Lewis abandona la inseguridad para revelar el sueño de todo jovencito, esto es: presentarse ante el mundo con una imagen de fuerza y admiración, resuelto y conquistador. Podrá dominar a otros hombres y convertido en macho alfa, hacerse con las chicas que tanto se le resistían ¡Vaya con la pócima! Era fantástica para seducir. Incluso algún avezado, como yo, hace su lectura psicoanalítica, pues el personaje se llama Kelp (un hombrecillo) y lover (el macho galáctico). Por fin Lewis saca a pasear sus instintos básicos de varón avezado dejando pasmado a todo el que lo ve con un porte carismático y potente: https://www.youtube.com/watch?v=DyGpdfACgtk.

Pero igualmente, entre la variedad de muecas lewisianas que salen en la cinta, además de una sátira social implacable a la sociedad USA del momento con el culto por el cuerpo, la belleza, la musculación y todo eso, además de este sarcasmo que está muy bien, la película, vista con el tiempo se transforma en una especie de lección sobre el ser humano. Es, no sólo de risa, también es una visión seria y por lo tanto nada cómica, de cómo cada persona debe crecer y desarrollarse como es, sin subterfugios. En esto los padres, como evidencia la película, tienen mucho que ver. Cada individuo ha de ser ayudado desde pequeño para superar sus conflictos y complejos, manifestando su singularidad, no tendiendo a ese “modelo ideal” de hombre o mujer que social y familiarmente parecen querer imponernos. Estos modelos son artificiales, y como dijo aquel gran pediatra y psicoanalista que se llamara Winnicottt, una madre (“suficientemente buena”) debe servir de soporte (“holding”) para que el niño pueda manifestar su genuino y verdadero self; no ese falso self al que conduce una educación equivocada dirigida a metas detestables y lo peor, postizas. Así que Lewis nos quiere hacer reír, pero igualmente quiere que pensemos que no hay que hacer artificial lo que es innato en el ser humano, esos aspectos que vamos construyendo con esfuerzo y tesón y que son genuinos. Esto dice el film, el guión de un pobre hombre destruido en su familia, que gracias a un artificio logra pasar de ser el pobre Kelp a ser el hombre maravilloso, guapo e inteligente. Pero esa es la terapia, no el fondo de la cinta.

Y ya puestos, la gran lección es la insatisfacción que observamos por doquier: el moreno quiere ser blanco y viceversa, el de pelo rizado lo quiere tener liso, los bajitos se ponen tacones para disimular su estatura limitada, los de un trabajo anhelan el del vecino, y al contrario. Así, es mucha la gente que habita en este mundo que está disconforme, personas que estarían dispuestas a cualquier cosa para hacerse con una pócima, cirugía, remedio el que fuere (incluyendo los ilegales: estorsión, compra de voluntades, chantaje, etc.), artificio, cosmético, diseñador de moda o accesorio con tal de darle la vuelta a su supuestamente fatal destino. No digo que no haya desgracias, yo hablo del común de los mortales, esos a los que nada les conforma o satisface. Pues bien, también eso transpira Jerry Lewis en su film.

Yo creo que Jerry Lewis hizo un arduo trabajo, logrando finalmente esta magnífica película que entró en la historia de la comedia; e incluso, no solo del cine, sino también en la historia de aquellos que habiéndola visto en su momento, guardamos muchos recuerdos felices que ya forman parte de nuestra memoria Obviamente, el filme como ya he apuntado, no es mera risa. También busca revalorizar un concepto de sinceridad, de amor a lo genuino, esa idea de que lo más importante es ser uno mismo, sin añadidos, conservantes ni colorantes. Eso antes que fingir el éxito, la fama o buscar desaforadamente aspectos o cualidades que no forman parte de nuestra persona.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=INmNEARMwFA.

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