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La mediana edad a juicio

Por Enrique Fernández Lópiz

En la película Mientras seamos jóvenes, Josh (Ben Stiller) y a su mujer Cornelia Srebnick (Naomi Watts) son un matrimonio cuarentón que vive felizmente su vida. Un buen día se cruzan en su camino dos jóvenes, el ambicioso Jamie (Adam Driver) y su novia Darby (Amanda Seyfried), una pareja de espíritu libre y talante retro, que usan máquinas de escribir convencionales y discos de vinilo. Ellos se ofrecen a ayudar al serio documentalista Josh, a ser más libre y a emprender nuevos documentales. Pero en todo este asunto hay una planificación de parte de los jóvenes que incluye conocer al famoso autor de documentales, el padre de Cornelia y suegro de Josh. A estas pillerías se une lo que podemos denominar el “abismo generacional”.

Así, el film plantea personajes todos poco evidentes y llenos de claroscuros en sus retorcidas naturalezas, tanto los mayores como los veinteañeros. Además, hablando de los personajes jóvenes, un ácido y a veces humorístico repaso a la cultura hipster, o sea, ese grupo de personas con gustos e intereses asociados a lo vintage (referente a objetos y accesorios con cierta antigüedad), lo alternativo y lo independiente, anti-convencionales y anti-comerciales al modo predominante (el mainstream), jóvenes extravagantes, como los de esta película.

El director Noah Baumbach hace un trabajo razonablemente atractivo con la historia de una relación intergeneracional que, como se demuestra, no llega a funcionar. El guión de Baumbach me ha gustado, si bien me parece que no profundiza lo suficiente en la historia, a la vez que se circunscribe en exceso al estilo de vida americano con toda esa milonga del éxito, la fama, etc. Buena música de James Murphy y aceptable fotografía de Sam Levy.

En el reparto Ben Stiller, Naomi Watss, Amanda Seyfried, Adam Driver y Charles Grodin hacen buenos trabajos y les acompañan muy bien Brady Corbet, Mariana Dizzia, Dree Hemingway, Adam Horovitz, Adam Senn, James Saito, Ryan Serhant, Greta Lee, Ashley James y Matthew Maher. Un elenco profesional y conjuntado.

Acabo de salir de ver la película, y esperaré hasta mañana para dar mi veredicto, que es lo que suelo hacer. De manera que siendo sábado a la noche, espero hasta mañana domingo para hacer un aporte crítico de mis ideas y valoraciones sobre la película, más pensadamente y consultadas con la almohada. A domani, pues.

[…]

Ya es el día siguiente, las ideas más reposadas y frescas, la mente con mayor perspectiva y, por supuesto, y dado que el film va de documentalistas cinematográficos, quiero recordar ahora, que ayer justamente me dediqué a comentar el documental de Manuel H. Martín, La vida en llamas, por cierto, un gran documental, realizado con ahínco y en el transcurso de tres años (puedes ver la crítica aquí), por un equipo entregado, honesto y muy humano, virtudes que en este film y con relación como digo al documentalismo de medio y largo metraje, se ponen en entredicho.

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Así pues, veamos. A mí la película me ha parecido razonablemente buena, con fondo, con mensaje, con ideas sobre la ética del trabajo, las relaciones entre generaciones, también con la familia política, y con la profesión de documentalista cinematográfico. Todo ello junto y más como ahora iré señalando, aunque no estemos ante ninguna obra maestra del cine.

Esta película de Baumbach parece querer mecerse entre la sencillez y la complejidad, ser espontánea y cotidiana, y a la vez introducirse en un santiamén en asuntos profundos y trascendentes. Como dice Ocaña: … sus ansias de entidad esconden en realidad películas más pequeñas de lo que aparentan. O no. En fin, bendita duda”. Y así es, la gran duda: ¿qué es antes su pretenciosidad y luego su caída de tono, o al revés? Esto de procurar primero ser extravagante y jocoso, con escenas donde las parejas van a fiestas hip-hop con los jóvenes, o a sesiones terapéutico-esotéricas con mezcalina, vomitonas catárticas incluidas, para luego entrar a saco en un breve lapso de tiempo en asuntos como la esencia del trabajo en el cine, la ética profesional, los fundamentos del buen documental, la naturaleza de la maternidad, el valor de la amistad, los peligros de la ambición, el éxito, una mirada a nuestro tiempo digital y tecnológico, etc… eso parece demasiado. Son elementos que así tomados a modo de paquete único, desafinan, cuya mezcla repentina resulta chirriante. No se puede pasar del humor, al Olimpo de los dioses o al dramatismo, con un solo escalón de por medio. Para ello hay que ir poco a poco, y subir una empinada y trabajada escalera, a ser posible de caracol. Ocaña redondea lo que digo con más benevolencia que yo cuando escribe: … cuando se fuerza la tuerca de la extravagancia, el director pierde un tono que por suerte recupera en la parte final, cuando además de todo lo narrado reflexiona sobre la realidad y la honestidad del documental, sobre la pureza del cine, sobre sí mismo, conformando así una obra tan franca como pretenciosa.”

Y si vamos a la relación entre la pareja madura y la joven, lo primero que digo es que me habría parecido mejor si la diferencia de edad hubiera sido mayor. Entre 26 y 43 años no hay una diferencia tan grande. Pero dejemos pasar este extremo. Lo que veo, y no quiero generalizar, es un retrato bastante fiel de la generación de quienes fueron educados en determinados valores y con un bagaje ético y de compromiso social, político, etc., y otra generación más joven que quizá por haber vivido más consentidamente, por haber vivido otro mundo, diferente en lo político e ideológico, resultan ser individuos más autocomplacientes y que creen merecerlo todo frente a la generación mayor. Hay muchos detalles sobre esto. Por ejemplo, el joven nunca paga las facturas del restaurante cuando va comer o cenar con los mayores, o sea, es un gorrón. Pero no sólo eso, es también calculador para conseguir sus objetivos manejando con antojo y adulación a los más mayores, es arribista, deshonesto manipula los documentales que realiza, aprovecha circunstancias sensibles con tóxicos de por medio para meterle mano a la mujer de su “amigo” mayor, y, en fin, es un tipo de cuidado del que no hay que fiarse.

De manera que la historia habla de un asunto que yo siempre respeto. Salvo con niños o adultos mayores, mi relación con el joven de veintitantos o treinta y tantos es siempre cordial y cariñosa, pero nunca puedo ir de colega. De lo contrario se corre el peligro de los protagonistas del film en esta trama plácida en la que más que blancos y negros hay, como dice Cuellar: “…un Everest de grises con sus diversas tonalidades.” Y además, en este tipo de intercambios, corres el riesgo de incurrir en el error del film que de nuevo Cuéllar define de la mejor forma cuando escribe que Baumbach cuenta … una curiosa historia de mezcla generacional entre adultos que se creen jóvenes y hipster de nuevo cuño que se creen los más listos del mundo. Unos, los primeros, están engañados en su eterna piel de Peter Pan, y los segundos, van de genios y lo que son es mitad estafadores mitad listillos de la pradera.

Estamos ante una película cargada de sarcasmo y pedagogía; no es una cinta graciosa ni divertida sin más. Te deja pensando, y es que ¡hay que pensar! Baumbach conforma una estructura argumental con un profundo enfoque de cómo es el tiempo que nos toca vivir (no hay otro tiempo que el que nos ha tocado, que dice Serrat). Una reflexión sobre esta época y sobre la generación que avanza con paso firme en ese flujo de cohortes a veces despiadado, ese río de generaciones, donde una empuja a la siguiente y la desplaza, y así sucesivamente: ley de vida y análisis de la Historia.

En conclusión, película que nos habla de esa mixtura generacional que constituirá el inminente futuro.

Por otro lado, ese querer ser joven cuando ya no se es joven, me recuerda a Gardel, en esa idea de que, más allá de las arrugas profundas que nos deja el vivir, como que existiera esa necesidad de retornar a la juventud, de volver -y aquí viene el tango- aunque sea “con la frente marchita.”

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=NRUcm9Qw9io.

Y para terminar la letra al completo del conocido tango que cantara Gardel, con ese mensaje del volver tan explícito en el ansia de juventud de los personajes más mayores del film que, al fin, ni siquiera son mayores, son de edad mediana, o sea, en plenitud: ¿entonces?

Ahí va.

Volver

Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos van
marcando mi retorno
son las mismas que alumbraron
con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor
y aunque no quise el regreso
siempre se vuelve a su primer amor
la quieta calle, donde el eco dijo
tuya es mi vida, tuyo es mi querer
bajo el burlón, mirar de las estrellas
que con indiferencia, hoy me ven volver

Volver con la frente marchita
las nieves del tiempo, platearon mi sien
sentir que es un soplo la vida,
que 20 años no es nada
que febril la mirada
errante en la sombras te busca y te nombra
Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo
que no ha de volver.

Tengo miedo el encuentro con el pasado
que vuelve a enfrentarse con mi vida
tengo miedo de las noches que pobladas
de recuerdos encadenan mi sufrir
pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar
mas el olvido que todo destruye
haya matado mi vieja ilusión
Cual escondida la esperanza humilde
es toda la fortuna de mi corazón.

Volver con la frente marchita

Carlos Gardel y Alfredo Le Pera (Tango de 1935)

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