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La marca del lobo

Por Jon San José Beitia

Película que sigue la moda de recientes adaptaciones con historias de amor imposibles, en la que un ser humano se enamora de un ser fantástico. En este caso nos adentramos en el mundo de los licántropos y su estilo de vida en el anonimato. La forma de introducirnos en el mundo de los licántropos es un poco torpe y precipitada, volcándose en presentar a los integrantes de la manada y jugando de una forma aparatosa con la ambigüedad y extrañeza de diversas situaciones. Una vez presentado el estilo de vida de los licántropos, sus códigos y normas, da paso a desarrollar un romance, a base de limitados encuentros entre sus protagonistas, construidos con secuencias idílicas, poco diálogo y acompañadas por la banda sonora melódica de turno.

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Las conversaciones que mantiene la futura pareja resultan sorprendentes y forzadas, ya que gran parte del tiempo que pasan juntos lo dedican a hablar de la mitología de los licántropos, como si no hubiera otro tema de conversación en una pareja que se está conociendo. Un acierto de la película reside en que no cae en el abuso de efectos especiales, ni en esos ridículos lobos generados por ordenador de la saga Crepúsculo. Utiliza lobos reales, que introduce empleando trucos de cámara e iluminación, muy logrados y de una extraña belleza. Para no caer en lo empalagoso y aburrido de la relación de amor prohibido se introducen secuencias de persecución, que muestran el peligro al que está expuesto el protagonista, logrando mantener el interés por su desarrollo.

La película tiene un tono desenfadado, fresco y juvenil, al que sabe otorgar un aura de misterio y riesgo, que siempre ha acompañado a los relatos de hombres lobo. En su reparto podemos encontrar a Olivier Martínez, haciendo de jefe de la manada, con una constante sombra de peligro y misterio, llena de atractivo. El resto de los intérpretes se limitan a ejercer de secundarios que vienen y van, sin hacer un trabajo verdaderamente reseñable. Un entretenimiento dinámico y desenfadado, que se nutre del éxito de la saga Crepúsculo, para intentar repetir la fórmula. Cine creado para espectadores poco exigentes, fieles seguidores de sagas para adolescentes, con historias de amor imposibles que reciben un tratamiento edulcorado.

Jon San José Beitia

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