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La mala semilla

Por Jon San José Beitia

La mala semilla es un relato de terror clásico que presenta a Rhoda, una niña de ocho años, perversa, cínica y muy inteligente. Christine, su madre, que sospecha que ha asesinado a un compañero de colegio, acaba relacionando este hecho con otros trágicos accidentes y piensa que la niña puede ser responsable de todos.

El argumento tiene puntos de interés intrigantes e inquietantes, pero los responsables de la película cometen el error de caer en la reiteración de ideas, alrededor de las numerosas sospechas que giran en torno al personaje de la niña, derivando en una pérdida del interés por parte del espectador en lo que se desarrolla, cayendo en el abuso de diálogos y planteamientos que apuntan en la misma dirección constantemente.

El personaje interpretado por la niña resulta incómodo y realmente molesto, por esa actitud prepotente y consentida, lo cual no despierta la simpatía del espectador que la ve precipitadamente como un mal bicho infantil. La trama intenta presentar una serie de ideas y planteamientos alrededor del nacimiento del mal, si es algo innato o si se va desarrollando progresivamente, intentando buscar dar con la respuesta.

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El interés suscitado inicialmente y el juego de planteamientos y cuestiones llega a cansar, dando síntomas de problemas de ritmo y de ciertos instantes para que el espectador tome aire. Gran parte de la trama se desarrolla en interiores, haciendo que se parezca demasiado a una obra teatral, donde lo que más brilla son los intérpretes, con mención especial para la niña protagonista. Cada momento que comparte con su madre ficticia lo borda, ofreciendo lo que a la postre son los mejores momentos de la película. Merecidas nominaciones a los Oscar de su época, pero que no lograron alzarse con la estatuilla.

La película alcanza un desenlace decepcionante, se rumorea que la censura tuvo mucho que ver, dejando espacio para una especie de justicia divina que lo soluciona todo, sorprendiendo a propios y extraños, en un clímax anticinematográfico que echa por tierra todo lo conseguido con anterioridad.

Recomendable como clásico de terror anecdótico que no logra ser una obra maestra completa, por los problemas de ritmo que presenta, junto con los puntos condicionantes de la censura de la época. Una lástima, porque el relato promete ser valiente, pero no cumple por completo con las expectativas generadas.

Jon San José Beitia

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