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La magia de Jacques Tati o el cartero cibernético en bicicleta

Por Enrique Fernandez Lópiz

Día de fiesta es el primer largometraje de Jacques Tati (1907-1982) en solitario como director. Antes, en 1935 Tati había dirigido e interpretado junto a Jacques Berr, Gai dimanche; y luego sería otro corto en solitario, L´ecole de facteurs de 1947; este corto fue incorporado a esta película que ahora comento (en francés Jour de fête), constituyendo la parte más cómica y satírica de la obra.

Los productores franceses fueron reticentes con esta película, a pesar de que ya se había estrenado con éxito en Londres en marzo de 1949. Finalmente la cinta se convierte en un gran éxito de público en Francia. Sin embargo, la crítica no fue muy entusiasta al principio. A pesar de todo, la obra recibe el Grand Prix del cine francés en 1950. Tati pensó que su película fuera una de las primeras películas en utilizar el color, pero por aquel entonces el sistema denominado «Thomsoncolor», aún tenía un carácter experimental. Además, el coste del positivado en color era excesivo. Fue así que se hizo en blanco y negro, que es la que yo tengo y he visto, aunque sé que en 1995 se hizo una copia en color que se presentó al público.

En esta película se narra la gran fiesta del pueblo de Saint Sévère en Francia. Todas las calles están preparadas para el acontecimiento adornadas con banderas y guirnaldas. Todo preparado para el baile en la terraza del café de la localidad, un baile al que asistirán todos los parroquianos y señoras. También están los feriantes con sus carromatos donde vienen las modestas atracciones del tío vivo con caballitos de madera, tómbolas, cucañas y hasta cine ambulante.

François, el cartero, quiere ayudar a los feriantes a montar la cucaña, lo cual que solo provoca un desaguisado tras otro; y todo, mientras reparte el correo. A todo esto, François asiste en la carpa de cine a un documental donde observa con atención y pasmo, las nuevas maneras de repartir el correo en los EE.UU., donde utilizan helicópteros y se lanzan en paracaídas los carteros para ser lo más diligentes y efectivos posibles. Entonces, François decide ponerse al día en las nuevas técnicas. Y aunque él no se puede lanzar desde el cielo ni otras hazañas que requieren tecnología punta, a la mañana siguiente, cuando el pueblo amanece tras la fiesta, nuestro cartero, herido en su amor propio por lo que vio sobre el reparto norteamericano del correo, la cartería de la nueva era, se pondrá manos a la obra e irá en su bicicleta a todo meter, a repartir sus cartas “a la americana”. Será la distribución del correo más acrobática jamás vista en el cine.

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El para mí enorme director, Jacques Tati, realiza una encantadora y entrañable obra con esta película, inicio de otras que vendrían luego, algunas de las cuales comentaré más adelante en estas páginas (Las vacaciones del señor Hulot, 1953; Mi tío, 1958 –mi favorita; o Tráfico, 1971). Tati, que se inició en el cine mudo, es heredero de una cohorte de personajes cumbre de este cine como Charles Chaplin, Buster Keaton o Harold Lloyd, con lo cual, aun siendo su cine sonoro, recupera empero en sus producciones la tradición mímica y las piruetas y expresiones corporales del cine silente. Además, a él, que siempre actuaba en sus películas, le venía muy bien, pues sus formas de andar, gesticular, mirar y otras expresiones de eso que se llama la kinésica de la comunicación, eran de una singularidad inaudita por su expresividad y comicidad.

La dirección de Jacques Tati en esta película es realmente soberbia, con una dinámica narrativa de primer orden, en la que los gags visuales se suceden a ritmo de vértigo, y en un tono hilarante a más no poder. Tati le imprime al film una fuerza cómica tremenda. Magnífico el guión de Jacques Tati junto a Henri Marquet, Jacques Mercaton y Jacques Sauvageot, que no da lugar al respiro. Preciosa música de Jean Yatove y una excelente fotografía en blanco y negro de Jacques Sauvageot.

El reparto es ante todo y sobre todo la espigada y ágil figura de Tati que está genial, es un digno sucesor de los Chaplin, etc., pero con su propio estilo. Tati perfecciona hasta el mínimo detalle este cartero que es sin duda uno de sus personajes estrella. Le secundan perfectamente Santa Relli, Guy Decomble, Paul Frankeur, Maine Vallee y Roger Rafal.

En 1949 fue nominada en el Festival de Venecia al León de Oro (mejor película). Y en general, cuando ya se pudo reconocer el mérito del film, cosechó excelentes críticas.

La película tiene escenas múltiples de gran comicidad, como cuando la feria ambulante entra al pueblo y un plano muestra los caballitos de tío vivo, a la vez que suena un peregrino relincho; mas cuando el encuadre se rectifica, se descubre, tras el primer plano de los caballitos de madera, a los auténticos caballos; o cuando el insecto volador invisible incordia al cartero François y a un campesino perezoso, y cómo el gran zumbido adquiere diferentes grados de intensidad según la distancia entre el insecto y la cámara; o el tablero que se agrieta y que, al producir el mismo sonido que emitió el poste que casi chafa a François, le lleva a éste a entrar de nuevo en la cantina, con bici y todo. El cartero ebrio persiguiendo un globo. O cuando el cartero, de tan veloz como va en su bicicleta de reparto, llega un punto en que la bicicleta sigue su camino y el cartero la sigue a todo meter, corriendo tras ella, mientras continua repartiendo a pie para no perder tiempo; y esa frase final de las de dos señoras en la calle que al ver que la bici va sola se dicen: “¿Esa no es la bicicleta del cartero? Va sola”; “Tranquila –dice la otra- parará en el bar”; y así ocurre, entra en el bar se mete un lingotazo y baila al son de la música, una escena cómica muy al estilo, como decía, del cine mudo.

Yo sé y lo he comprobado, que Tati no es para todo el mundo. Así es la vida. Yo he ido varias veces al cine a ver a Tati, por ejemplo recuerdo ahora cuando fui a ver en una capital de provicia la última suya, Tráfico, y había gente que se salía del cine y otros que incluso se quejaban. Mientras, yo estaba encantado. También cuento que por una casualidad, vi una tarde en un escaparate una caja con la obra completa en DVDs de Jacques Tati, y la adquirí. Pues bien, alguna vez he pretendido que alguna amistad viera alguna de sus películas, y en dos de tres tuve que interrumpir la proyección pues no era del agrado de los espectadores domésticos.

Pero a mí me encanta. Lo mamé de niño, cuando mi madre, que era incondicional de su película Mi tío, nos llevaba a ver esta comedia-sátira-tronchante para regocijo mío, de mis hermanos y de mi madre, claro. Es quizá una afición a Tati inducida por vía materna, y sea como sea, a mí me enamora.

Esta película, como otras, es sencillamente maravillosa. Además, Tati aprovecha para satirizar y reírse del progreso y la modernidad; igual haría en Mi tío.

Si puedes, si te pica la curiosidad al leer estas líneas, aunque seas joven y creas que lo antiguo no vale o es obsoleto o no tiene efectos especiales o etc., yo te recomiendo que veas esta obra donde la magia inunda la pantalla.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=lKix7oKNwLM.

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