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La lista de Schindler

Por Enrique Fernández Lópiz

Spielberg ha hecho de todo en el cine, desde el genial El diablo sobre ruedas (1971), al maravilloso E.T. el extraterrestre (1982), pasando por otras grandes que alterna con obras menores tipo Indiana Jones y el templo maldito (1984) o El imperio del sol (1987). Pero La lista de Schindler (1993) es otra cosa, es un grito sobre el gran drama del pasado siglo, el Holocausto, el exterminio judío sistemático, pensado y programado a manos de una locura colectiva dirigida por el innombrable Adolf Hitler.

La verdadera lista de Schindler parece que fue encontrada entre papeles y recortes de periódicos alemanes en una biblioteca de Sidney. Fue Leopold Pfeffeberg, uno de los obreros de la historia, el número 173 de la lista, quien se la dio a Thomas Keneally, a fin de de que publicara su novela El arca de Schindler (1982), donde relató los hechos que el film expone.

El film narra la obra de un personaje excepcional, una de esas personas que te hacen creer en la humanidad, un industrial llamado Schindler que salvo no una vida, sino cientos de vidas, y con ello, como dice el Talmud “salvó la humanidad”. Es una obra de agradecimiento a un hombre valiente, civilizado entre la barbarie, y bueno; una persona sin par, inteligente y osada, que se jugó vida y fortuna para salvar a mil doscientos judíos represaliados por los nazis.

Oskar Schindler (Liam Neeson) (1908-1974) nació en el seno de una familia acomodada, católica, de origen checoeslovaco; era una persona educada, de modales elegantes y porte agraciado, oportunista, astuto y muy galante con las mujeres; personaje también de gran astucia y talento para las relaciones sociales, a la sazón simpatizante e informante de los nazis, se granjeó la simpatía de las altas esferas alemanas. Tras la invasión germana a la pobre Polonia en 1939, Schindler consiguió, gracias a sus contactos, hacerse con la propiedad de una fábrica, la Deutsche Emaillewaren-Fabrik en Cracovia. En esa fábrica de artículos para la Wehrmacht (utensilios de campaña) empleó a cientos de obreros judíos condenados a los campos de exterminio en Auschwitz, Terblinka y Sobibor, por cuya explotación la fábrica prosperó con prontitud. Schindler había contratado como gerente al avezado judío Izhak Stern (Ben Kingsley), que fue el director de orquesta en la sombra de la prosperidad fabril, pues Schindler carecía de capacidad para dirigir una empresa. En la convivencia con los obreros hebreos, Schindler se fue dando cuenta de lo que significaban los relatos de las brutalidades y el destino que los nazis le daban a los judíos bajo el nombre de «reinstalación judía». Esta reconversión personal le llevó a servir de ayuda incondicional para sus operarios. Schindler fue inicialmente perseguido por los judíos hasta 1955 en que se le reconoció su enorme labor salvadora. Fue declarado «Justo entre las naciones» por el memorial de Yad Vashem el 1 de julio de 1967, permitiéndosele plantar un árbol en la Avenida de los Justos en Jerusalén; también intentó socorrerlo económicamente una vez que éste retornó definitivamente a Alemania, pero rehusó amablemente y falleció en Hildesheim a la edad de 66 años, en la mayor de las pobrezas; corría el año 1974. Fue sepultado en el cementerio católico de Jerusalén.

Esta película de Spielberg estremeció al mundo con esta dolorosa y a la vez soberbia narración sobre lo que fue el Holocausto nazi. La lista de Schindler es una película paralizante, como si te dieran con un dardo del mítico veneno llamado “curare”. El espectador queda paralizado viendo la pasmosa historia ante la cual no caben argumentaciones ni argucias mentales, sino simplemente bajar los brazos y gritar: ¡me rindo! Tal es la el rodaje de la pura angustia, del terror, de la crueldad; a veces se hace casi inaguantable, porque ¿quién puede soportar cómo el comandante de un campo, desde la terraza de su vivienda mata a discreción y caprichosamente fusil en mano a cuanto pobre prisionero se le antoja? Estas y otras escenas en las que la malignidad es caprichosa y aleatoria, parece fruto de un mal sueño. Sin embargo todo eso ocurrió, no es una fantasía o un invento, como incluso hoy día alguno pretende. Pues sabemos que líderes musulmanes y otros que no lo son, niegan aún hoy el Holocausto, una evidencia documentada hasta el detalle. No en vano, cuando los aliados norteamericanos liberaron los primeros campos de concentración nazis, el por entonces general Dwight David “Ike” Eisenhower (1890-1969), comandante supremo de las tropas de los Aliados en el Frente Occidental, ordenó filmar las tremendas escenas de masacres y horror porque, según sus palabras, “es probable que en el futuro algún imbécil niegue estos acontecimientos”. Y así se hizo, lo cual que ha servido y sirve como testimonio filmado de las atrocidades nazis.

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A propósito de este extremo, ayer felicité a una compañera de esta página, a Clara Castro, por la estupenda crítica, justo sobre un documental titulado Noche y niebla de Alain Resnes que, como dice Clara fue “realizado en 1954 como encargo del Comité de Historia de la II Guerra Mundial con motivo de la celebración del 10º aniversario de la liberación de la Francia ocupada.” Y ya me he prometido que en cuanto pueda iré a verlo, pues son estos documentos los que evitan el olvido de la crueldad y la perversidad de la guerra, pero sobre todo de este tipo de acciones, insólitas en nuestro mundo hasta que emergió en la Historia Hitler y todo su aparato. Son documentales de la locura universal, y de nuevo me permito citar a mi apreciada Clara Castro cuando dice: “A pesar de su corta duración, este documental relata con detalle cómo se planteó la construcción de los campos, la organización de mando y de los retenidos, la distribución del trabajo, los métodos de exterminio, el aprovechamiento de los cadáveres… Noche y niebla da cuenta del funcionamiento de los campos como ciudades autónomas y de la ley y pensamiento que regía en ellas sin evitar en ningún momento (ni en imágenes ni en el discurso) el drama y la barbarie que encerraban.”

Y entonces ha de surgir una pregunta: ¿hay alguna idea o argumento que pueda explicar esta barbarie? Creo que muchos hemos visto los juicios de Nurembreg, también excelentes películas aclaratorias que yo mismo he comentado aquí como Hannah Arendt (2013), gran película de Margarethe von Trotta que versa sobre la culpabilidad de algunos nazis en el Holocausto: http://www.ojocritico.com/criticas/hannah-arendt/.

Y en este punto, quiero traer a colación la obra de uno de los grandes de la ciencia y del pensamiento en el pasado siglo, Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, judío también y que tuvo que huir de Viena y exiliarse en Inglaterra por la persecución implacable que aquí comentamos (aunque también por sus ideas). Pues bien, Freud escribió en 1921: Psicología de las masas y análisis del yo, una de las obras cumbre del pensamiento contemporáneo. En esta obra, Freud expone con gran agudeza y lucidez, retomando sus estudios sobre la hipnosis y la sugestión estudiados en los inicios de su carrera en París con Jean-Martin Charcot, que la psicología de las masas queda explicada a partir de los cambios en la psicología de la mente individual. Según Freud, dentro de la masa, el individuo experimenta, por influencia de ella, una alteración profunda de su actividad anímica que apunta a una nivelación con los otros individuos de la masa. Además, según este discurso, una masa es una multitud de individuos que han puesto un objeto, uno y el mismo, en el lugar de su “ideal del yo”, a consecuencia de lo cual se identifican hipnóticamente con el director de orquesta o líder que ejerce un poder omnímodo sobre la multitud, que ya no actúa como una componente de individuos, sino como un conjunto embaucado en este caso, por Hitler, que en esto era una especie de encantador de serpientes, nunca mejor dicho. Estas ideas y otras se inspiraron en Gustave Le Bon cuando con acierto sugirió que: ‘’La masa es siempre intelectualmente inferior al hombre aislado. Pero, desde el punto de vista de los sentimientos y de los actos que los sentimientos provocan, puede, según las circunstancias, ser mejor o peor. Todo depende del modo en que sea sugestionada”. Es decir, en los seres humanos, al entrar en la masa suele destacar una característica: que se convierten en un alma colectiva en la cual sienten, piensan y actúan de forma totalmente diferente a lo que sentirían, pensarían y actuarían de manera individual. O como apunta Freud en su definición de Psicología Colectiva: “El individuo se ve como miembro de una tribu, pueblo, casta social o institución que se organiza en una masa o colectividad”. O sea, el Yo se convierte en Nosotros, se pierde la identidad individual. Y querría también, para intentar comprender cómo tantos ciudadanos alemanes fueron arrastrados a la barbarie por un demente, mencionar las palabras de otro gran psicoanalista, Wilhelm Reich, quien en 1933 escribió una obra que lleva por título: La psicología de masas del fascismo donde advierte cosas como que: “Para acabar con el fascismo hay que hacer otra cosa además de palabras, esto es, ¡conocer! […] se olvida demasiado a menudo que el fascismo es el sobresalto ideológico de una sociedad agónica, tanto desde el punto de vista sexual como desde el económico, que se rebela contra las aspiraciones dolorosas, pero irrevocables, que el pensamiento revolucionario plantea a la libertad sexual en tanto que económica, libertad que inspira un miedo mortal a los reaccionarios.” En fin, digamos que esta película habla de todo esto, de cómo la malignidad y la necrofilia descritas por otro psicoanalista, Erich Fromm, explican el gusto por la violencia y la destrucción, el deseo de matar y la atracción por la crueldad y el sadismo como la consecuencia de llevar una vida sin estar realmente vivo. Para Erich Fromm la necrofilia es lo opuesto a la biofilia, y es junto con la fijación simbiótica y el narcisismo, uno de los tres mayores males de la humanidad. Según Fromm, la carencia de amor en la sociedad conduce a la necrofilia: ¡cuán cierto!

Estamos, así, ante una película impresionante, emocionante, una película que talla en blanco y negro el relato de cuanto venimos hablando, una auténtica obra maestra con una excelente dirección de Steven Spielberg sobre un gran guión de Steven Zaillian, grandes interpretaciones (Liam Neeson o Ben Kingsley, por mencionar algunos), fotografía sin par de Janusz Kaminski o una música de excelencia de John Williams. Y no olvidemos que este drama sobre el Holocausto nazi recibió nada menos que siete Oscars en 1993: Mejor película, Director, Guión, Montaje, Música, Dirección artística y Fotografía; además recibió tres Globos de Oro, siete Premios Bafta (que incluyó Mejor película), el National Board of Review a la Mejor película y otros premios del Círculo de Críticos de Nueva York; o sea, que no hablamos de cualquier cosa.

Spielberg, con esta memorable película, que por cierto fue todo un éxito económico, volcó todo su talento y su fama de director “comercial” y lo usó para recordar a las generaciones jóvenes que no vivieron la Segunda Guerra Mundial, que el exterminio judío existió en nuestra reciente y triste Historia. Pero además del horror, la película es también gozosa, por cuanto alude a la esperanza en el páramo, a la luz en la oscuridad. El pueblo judío, un pueblo perseguido y humillado durante siglos, encuentra en esta cinta la mano amiga y salvadora de un Oskar Schindler (una especie de Moisés contemporáneo) que representa a muchas personas que en el mundo hay y que sin duda habrían hecho de haber podido, lo mismo, un personaje que encarna a un gran mecenas, un héroe del siglo XX, un bienhechor de la ayuda en lo más precioso y cardinal de este mundo: la vida.

Comentarios

  1. Felicidades por la pedazo de crítica!! Tras leerla he tenido que volver a ver La lista de Schindler y he de decir que me ha impactado tanto o más que cuando la vi por primera vez, cuando era niña. Me apunto para ver la de Hannah Arendt, que me la perdí en el cine y por lo que escribes merece la pena.
    Un saludo!!

  2. Miguel Ávalos

    ¡¡ESPLÉNDIDA CRÍTICA!!

    Me pusieron esta película por primera vez en mi vida en clase de Ética a los 14 años. Me impactó sino lo siguiente. Todo el equipo responsable hizo historia. La volví a ver años después, me impactó de igual manera. Le llevo en mi memoria. Liam Neeson y Ben Kingsley hicieron historia con sus interpretaciones de oro, pero el resto de personas, sean del reparto o del equipo técnico, no se quedan atrás, absolutamente nadie.

    Fenomenales todos los datos que has puesto acerca del documental Noche y Niebla así como de Sigmund Freud, Gustave Le Bon, Wilhelm Reich y Erich Fromm.

    Y es que el factor psicológico, a veces no considerado en su justa medida, es base para poder entender lo que pasó. Alemania después de la Primera Guerra Mundial, estaba hundida en todos los aspectos, comenzando por el psicológico, nadie la ayudó después de la guerra y quedó desolada, momento en que apareció esa escoria antihumana llamada Adolf Hitler con sus promesas y comenzó con sus bonitos discursos. Nada más lejos de la verdad, se descubrió a uno de los mayores enemigos de la humanidad de toda nuestra historia.

    Cuan demente y genocida fue este elemento que, hasta otro engendro como el general Erich Ludendorff, quien dijo textualmente que la paz solo es el camino hacia otra guerra, le escribió a Paul Von Hindenburg cuando Hitler fué nombrado Canciller y citó textualmente “Le prevengo solemnemente que ese fanático llevará a nuestra patria a la perdición y sumirá al país en la más espantosa de las miserias”

    Para bien y para mal, la masacre judia es recordada, por un lado para que quienes vivimos ahora sepamos de la suerte que tenemos al no haber existido en aquellos años, siendo el único factor positivo el hecho de que pueda servir de manual, para que algo tan espantoso y repugnante no suceda en la historia de nuestra especie nunca más

    Un saludo para ti Enrique y 1000 gracias por tan extraordinaria crítica.

  3. Enrique Fernández Lópiz

    Estimado amigo Miguel Ángel:

    Me alegra que la lectura de mi crítica sobre La lista de Schindler te haya resultado de utilidad o interés. Y yo también aprendo de ti, pues no conocía las proféticas palabras que mencionas del general Erich Ludendorff.

    Que sepas que yo también te sigo en tus interesantes críticas. Yo, como supondrás, tengo mi actividad; y esto lo hago por pura afición. Y ya que hago estas críticas, incorporo argumentos y fundamentos que sirvan para esclarecer temas complejos; por ejemplo menciono a Freud o a Fromm, etc. Y la verdad, me agrada saber que estas reflexiones no sólo sirven para ordenar mi pensamiento, sino que sirven a otros que las leen.

    ¡¡MIL GRACIAS ENTONCES POR TUS PALABRAS!! Te mando un cordial saludo y por estas páginas seguimos en contacto… ¡Y feliz Día del Trabajo!

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