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La leyenda de Schindler

Por Javier Fernández López

La historia nos demuestra en numerosas ocasiones que el hombre comete errores. Dicen que errar es humano; perdonar, divino. EL mago Gandalf le enseñó al hobbit Bilbo Bolson, al comienzo de su viaje, una valiosa lección: «el valor no está en saber cuándo quitar una vida, sino cuándo perdonarla.» Se tiene que ser muy valiente para saber perdonar las atrocidades que ha hecho el hombre a lo largo de la historia, y eso es algo que nos convierte en más que humanos. Un acto así nos hace eternos, tan eternos como lo será La lista de Schindler, la obra magna del “Rey Midas” del cine, Steven Spielberg.

Filmada en blanco y negro, se narra la historia de un empresario alemán llamado Oskar Schindler, quien salvó a más de 1000 judíos durante el holocausto nazi. Cada plano, cada escena y cada secuencia es un deleite para el espectador que disfrute de la película, un placer para los sentidos y un golpe de emotividad para su corazón, más aún sabiendo que la historia está basada en hechos reales. No tarda Spielberg en regalarnos una escena maravillosa acompañada del precioso tango de Carlos Gardel Por una cabeza. En medio del caos que asola sobre la comunidad judía, están los nazis disfrutando de una buena orquesta y altos placeres. Ahí está Oskar Schindler, fumando y escuchando la dulce música mientras reflexiona sobre su alrededor. Es un visionario hombre de negocios, pero desconoce en lo que se convertirá posteriormente. Schindler se mueve como pez en el agua entre la comunidad nazi, haciéndose un nombre. Liam Neeson (Batman Begins) realiza aquí el papel de su vida, ofreciéndonos un personaje profundo, con motivaciones, inteligente y con carisma, resaltando además la credibilidad del papel cuando éste cambia su perspectiva sobre el mundo.

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La persona que vea esta película no podrá olvidar fácilmente el momento en el que Schindler y su compañera Ingrid ven montados a caballo, desde terreno elevado, la masacre y el horror. Nuestro protagonista queda impactado viendo la matanza que está ocurriendo en el gueto judío de Cracovia, que tuvo lugar entre los días 13 y 14 de marzo de 1943, lo que se denominó como una liquidación. El teniente Amon Goeth, encarnado por un magnífico Ralph Fiennes (El dragón rojo), suelta su pertinente discurso para que los soldados nazis vean todo esto como un acto de honor que hará historia. En mitad de tanta sangre y tantos cadáveres, destaca una inocente niña vestida de rojo, que camina entre la muerte y es observada desde lo alto por Oskar Schindler, quien comenzaría desde este punto a ver a los judíos no como una manera para ganar dinero, sino como personas que estaban sufriendo la mayor de las injusticias posibles. Suena de fondo una preciosa y dramática canción, voces de niños que evocan la inocencia y la nostalgia.

Cada elemento de la película merece recordarse, desde un pequeño niño que juega a ser nazi salvando a su amiga judía, hasta ver cómo Amon Goeth intenta asesinar a un pobre judío a sangre fría con una pistola que no funciona. La crueldad de este hombre resulta terrorífica, ofreciendo momentos de humanidad en algunos momentos, haciéndolo más impactante aún, ofreciéndonos una dualidad sumamente inestable y llena de maldad. Los diálogos son otro punto a favor para un guión cuidado al más mínimo detalle, mimado con cariño para deleite del público. Las tres horas que dura esta cinta se hacen breves e intensas, pues Spielberg maneja de forma excelente el ritmo, sabiendo dónde poner las escenas dramáticas y dónde colocar los momentos más tranquilos y suaves.

La banda sonora del film está compuesta por John Williams, el hombre que siempre acompaña a Spielberg en sus trabajos. El tema principal de la película es una pieza tocada a violín e interpretada por el célebre violinista Itzhak Perlman.

Ben Kingsley (El juego de Ender) interpreta a Itzhak Stern, un judío polaco que trabaja como contable y que acaba colaborando con Schindler tanto en su empresa como en la elaboración de la lista, la famosa lista en la que ambos escribirían más de un millar de nombres de judíos con el fin de llevarlos a un lugar seguro. Bonito y curioso detalle que el personaje se llame igual que el violinista encargado del tema principal de la película Itzhak Perlman.

Todo el metraje funciona correctamente y la factura técnica es magnífica desde el primer minuto. Los detalles están minuciosamente cuidados, y todo el reparto hace un trabajo magnífico. Por supuesto, no se puede olvidar el papel de Embeth Davidtz (El hombre bicentenario), la chica judía que aportará al personaje de Goeth aún más estabilidad si cabe.

Hay quienes critican ciertos aspectos de la cinta, quizá el más sonado cuando se habla del final, el famoso epílogo con personas reales colocando una piedra sobre la lápida de Schindler. Personalmente, suelo criticar a Spielberg por sus finales dulces y emotivos, pero en este caso lo veo necesario. A todos los rasgos, lo veo como un homenaje perfecto a un hombre que hizo un gran bien, finalizando con Liam Neeson frente a la lápida, en pie y reflexivo, aunque no le vemos la cara.

En conclusión, una dirección magistral por parte del señor Spielberg, lo mejor de su carrera con diferencia. Es un retrato de nuestra humanidad, de nuestra historia. Y el final de la película, que no el epílogo, es un pequeño cuento sobre el arrepentimiento, sobre el poder que se obtiene al salvar una vida, sobre el corazón y la amistad.

Adaptación de la novela de Thomas Keneally, El arca de Schindler, ganó 7 Premios Oscar y 2 Globos de Oro. Si quieren saber sobre más historias así, lean sobre Ángel Sanz Briz o Félix Kersten, personalidades de nuestra historia que, al igual que Oskar Schindler, salvaron miles de vidas.

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