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La ladrona de libros

Por Enrique Fernández Lópiz

Película norteamericana de Brian Percival que cuenta la historia de una niña hasta su pubertad, en plena segunda Guerra Mundial, una muchacha valiente de nombre Liesel, que es enviada por su madre a vivir con una familia de acogida en Alemania. La llegada de Liesel al nuevo hogar producirá importantes cambios en dicha familia y en el pequeño pueblo que habitan. Para Liesel, el poder de las palabras unida a su exuberante fantasía e imaginación, son la única forma de escapar a las turbulencias y las crueldades de la época con el régimen nazi en plena pujanza.

Percival dirige con magisterio esta preciosa película de amor y poesía, con sentimentalismo –aunque se critique este calificativo hoy día -, pero con muy buen tino, con contención y excelente gusto, es decir, sin abundar en la sensiblería.

El guión de Michael Petroni es excelente, basado en la novela homónima de Markus Zusak, y se traduce en una historia cargada de placidez, de eficacia y de profunda visión sobre el ser humano. Es claro que se pretende dar protagonismo a la bondad en un contexto de barbarie; inicialmente y aparentemente, es una mezcla incompatible, pero en el transcurrir de la película ambas antítesis convergen en una síntesis apacible y evocadora de buenos sentimientos, sobre todo, a través de las letras.

Me parece muy buena la música de John Williams, maestro de maestros y referente indiscutible de la historia del Séptimo Arte con cinco Oscar a sus espaldas, y excelente la fotografía de Florian Ballhaus. La tríada interpretativa se fundamenta en Sophie Nélisse, un gran Geoffrey Rush y una impecable Emily Watson que junto al resto de actores y actrices tejen una red de interpretación casi perfecta. Para mi gusto, Geoffrey Rush se consagra en este film de manera definitiva como uno de los grandes actores de los últimos tiempos. Sobre la genial niña Nélisse hablaré más adelante.

Desde el mismo comienzo de la película, una voz en off que es la muerte nos previene que hagamos lo que hagamos, cada uno de nosotros desaparecerá algún día, en algún momento, consolidando una suerte de democracia perfecta y justa pues nadie está aquí para siempre; más tarde, hacia el final del film la misma voz advertirá: «los humanos siempre me acechan». Aunque a decir verdad, se trata de una muerte desconcertantemente clemente que entiende, y así lo manifiesta, cuán ocupada está con la circunstancia histórica dramática que vive

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Y así se va tejiendo la historia de la película, la historia de Liesel, una niña analfabeta de nueve años adoptada por una singular familia obrera en la que el padre es un bonachón y cariñoso hombre, en tanto la madre aparenta ser una mujer dura y despiadada pero con un gran corazón de fondo.  La verdadera trama comienza tras asistir Liesel a la escuela y quedar en evidencia el primer día que no sabe leer. A partir de este punto, la niña, ayudada por su padre adoptivo, emprenderá una emotiva carrera tras las letras hasta aprender a leer, a descifrar los códigos del alfabeto y desentrañar las historias de cuanto libro cae en sus manos, siendo que acaba sintiendo un fervor inusitado por la lectura. En el mundo atroz y cruel que vive del nazismo como telón de fondo, y la recién declarada guerra, leer atenúa el miedo, combate el horror de las bombas y la violencia imperante, exorciza los espíritus perversos de un mundo endemoniado donde igual se queman libros que se eliminan judíos. En lo que toca a la quema de libros, Liesel de forma valiente se atreve a salvar un ejemplar de una de las pilas de libros que los nazis quemaban en el centro del pueblo. Con relación al segundo gran terrible capítulo, el exterminio de judíos, la niña es capaz de comprender y atender a un pobre joven hebreo amparado por sus padres y evitar su muerte por frío, hambre y enfermedad, leyéndole incesantemente mientras estaba enfermo en el sótano de la casa. Los libros, los tenía que sustraer o tomar prestados la niña, de la biblioteca de un prohombre nazi que vive junto a su amable esposa, con la cual se encariña.

Siendo duro en su trama y en los acontecimientos que toca, el film no se deja llevar por ni por el fatalismo ni por las soluciones fáciles, y consigue construir una historia creíble y tierna, sin afectación y con un hilo dramático impecable en fondo y forma. Para ello es necesario señalar la enorme interpretación de la jovencita Sophie Nélisse, cuya mirada es suficiente para darle sentido a cada escena en la que participa: ¡gran interpretación!

Es una película nominada a importantes premios por su BSO, lo que para quien no sepa este concepto, se refiere a la banda sonora (término también conocido como “Banda Sonora Original”, del inglés OST original soundtrack), que es la parte de sonido completa y el resultado de la edición de diferentes pistas de sonido, ya sean diálogos, sonidos y música de un film o el acompañamiento paralelo. Pues claro, en banda sonora y sonido queda perfecta.

Por consiguiente es una película que hay que valorar en su conjunto, mirarla en lo que es, una bella cinta con un buen mensaje. De cómo las ilusiones, en este caso el arte y más concretamente la literatura, puede cumplir una función curativa, salvadora, un lenitivo ante la barbarie y un enorme consuelo frente a la muerte que se pasea por doquier a lo largo de la historia. Leer, leer, leer para espantar la desolación. Pues eso, leamos amigos.

 

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