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La la Land

Por Áralan Aidir

Era un musical. Ya sabéis, ese tipo de películas que muy rara vez se ven en una sala de cine; donde se narra cantando, los actores se expresan bailando y al final sales de la película tarareando el tema principal y con sensación de felicidad, de ligereza, de optimismo y alegría. Además, el director involucrado en el proyecto me había conquistado con Whiplash, el actor me parecía bueno y la actriz me encanta en casi todo lo que hace. Y, para finalizar esta parte, dos de mis películas preferidas son Cantando bajo la lluvia, con cliché amoroso incluido, y La leyenda de la ciudad sin nombredonde se vive en el poliamor por más que la mujer siga cocinando y cuidando de la casa. Quiero decir con esto que puedo ser amante de un musical en toda regla como el primero y de algo más excéntrico como el segundo.

Que tenía ganas de verla, vamos.

El problema de La la Land es que no es casi nada de esto. Ryan Gosling será (y es) buen actor, pero aquí pasa por la película con el mismo gesto de aburrimiento todo el rato, como si se preguntara qué hacía ahí si eso no es lo suyo. Y le doy la razón. Su voz es un horror, su forma de bailar es rígida, sin expresión. Vamos, que pones a bailar a Robocop y saldría algo parecido. No le ayudan para nada las horribles “coreografías” que han sido ideadas. O quizá han sido ideadas de esa manera porque ni Emma ni él saben cantar ni bailar. De hecho, la película sube enteros cuando no bailan y cae en picado cuando lo hacen. Y no solo ellos. La secuencia de entrada en el atasco rodada en plano secuencia (o falso plano secuencia, que después de Birdman uno ya no sabe qué creer), estando bien rodada y siendo el mejor tema musical de la banda sonora, ese que sales tarareando, ya avisa de la mediocridad de los pasos y de los artificios que se van a meter para solventar unos pasos que cualquier alumno de 3º de ESO de Educación física, cuando aprenden danzas tradicionales, es capaz de hacer. En serio, no tienen más complicación (a veces, incluso menos). El número siguiente cuando salen las amigas de juerga te hace también torcer el gesto por la forma tan lamentable de moverse. Y no hablemos del número de “claqué” de ellos dos. Patético hasta rozar el ridículo.

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Salvan la película Emma Stone, incluso en algún número vocal como cuando narra la experiencia parisina en la audición, y la sensación de “buenrollismo” que desprende toda la cinta hasta sus quince últimos minutos, donde nos volvemos a encontrar un buen momento cinematográfico en el universo alternativo de Gosling y la forma en que está rodado.

Así que uno sale del cine tarareando Another Day of Sun y preguntándose si no había actores de caras conocidas que tuvieran mejor voz (hasta Ewan McGregor parece un tenor en Molin Rouge al lado de Gosling e incluso Lee Marvin, en La leyenda de la ciudad sin nombre, saca más jugo a esa vozarrona nada dotada en el inolvidable tema A Wandering Star. E Incluso Clint Eatwood) y más desparpajo corporal para que lo que nos cuentan a través del baile nos emocione mínimamente. ¡Que es Hollywood, leñe! Y es un sentimiento contradictorio. Y no muy bueno.

En resumen, es una película pasable, que se deja ver, que me parecerá que se olvidará en un año y que hubiera ganado mucho puntos si se hubieran dejado de bailes y canciones o hubieran cogido a otro actor que supiera algo de lo que se requiere en un musical.

Espero que a vosotros os guste mucho más.

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Comentarios

  1. Enrique Fernández Lópiz

    Lamentablemente no acuerdo con tus comentarios sobre La La Land. Y aquí está la grandeza de “ojocritico”, que los que escribimos en él, no estamos cortados por el mismo patrón. Cuando salga mi crítica, si te parece, le das una ojeada. Un abrazo

  2. Áralan

    Bueno, Enrique, siempre digo que espero que a vosotros os guste algo más. A mí me ha parecido normalucha y me alegro de que a ti te haya encantado.

    Si al final esto siempre es cuestión de gustos.

    Saludos.

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