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La La Land

Por Alejandro Arranz

-Enérgica, colorida, nostálgica y tan simplona como el confeti. Stone y Gosling están soberbios.
-Chazelle usa todo su talento para convertir la típica historia de amor en un cuento inolvidable, mientras suena la música no hay problema, pero luego le cuesta aguantar un análisis.

Al fin se ha estrenado en nuestro país, la película más elogiada del 2016. El regreso del musical romántico a la gran pantalla, con las caras de dos actores de la talla de Emma Stone y Ryan Gosling, bajo la batuta del prometedor Damien Chazelle, que también escribe el guion. El filme ya ha pasado a la historia por ganar más Globos de Oro (7 de 7) que nadie y va de camino de arrasar en los BAFTA y en la futura ceremonia de los Oscar que se celebra el 26 de Febrero. La crítica y el público creen que es lo mejor que han visto en años, la gente sale de la sala y graba sus vídeos cantando para subirlos a las redes sociales y todo el mundo se descarga la banda sonora de Justin Hurwitz. Yo vengo a hacer el papel de villano, creo que La La Land está sobrevalorada.

Ante todo, no pienso que el nuevo trabajo de Chazelle sea malo ni mucho menos, de hecho para el argumento que maneja, estamos ante una película muy lograda y con escenas que cautivan. Pero está lejos, muy lejos, de ser la mejor película del año. El cineasta lleva años queriendo llevar a cabo esta idea y con ella devolver el musical a primera plana. Su forma de hacerlo es recurrir a los clásicos, remozar lo ya visto con un envoltorio brillante. Y así es como a partir de una historia simple y manida, Chazelle crea una película que te contagia su amor por el género, por el cine y por la música. Algunos compañeros han dicho que la espectacular escena inicial es una especie de definición de lo que se cuenta, para mí el mensaje queda definido en otra escena, cuando el personaje de Stone canta en una prueba de casting. Esta primera escena, sin embargo, nos transmite lo que Chazelle siente por el musical, nos muestra que la historia principal es una de muchas que se viven en esa ciudad de las estrellas y saca pecho mostrando a donde llega el musical con las técnicas actuales. Desde aquí somos conscientes de que el montaje frenético de Whiplash ha abandonado el escenario para dejar paso a la elaborada puesta en escena protagonizada por los planos secuencia y el constante movimiento de cámara. Así es como la colorista fotografía de Linus Sandgren, la energía visual de Chazelle, la deliciosa música de Hurwitz y el carisma de dos actores; van a lograr ganarse nuestro corazón. Stone y Gosling brillan a pesar de sus estereotípicos personajes, que no vemos en pantalla; en pantalla solo vemos a los intérpretes, es su irresistible química la que nos insta a quedarnos.

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Uno de los mayores problemas de La La Land es su irregularidad. Una buena parte de tiempo el hechizo funciona, pero hay escenas que son presa de la convencionalidad, algunas que se sienten artificiales y un intervalo en el que la cinta se conforma con funcionar correctamente. Los primeros 30-40 minutos son fantásticos, pero la película va perdiendo la magia durante un tramo medio que se acerca a olvidar su condición de musical. El tramo final es como un bálsamo, libera algo de atrevimiento, deja salir la melancolía que imbuía el filme desde un principio y entrega su mensaje sobre lo que obtenemos en el caos, en el vivir el momento, en la pasión irracional, en la contradicción. Y además, el director se arriesga con un desenlace poco común en este género. No obstante, la forma en que lo plasma no me convence en absoluto y me lleva directamente a rememorar la escena final de Café Society de Woody Allen. Chazelle necesita 10 minutos de excesos formales para lo que Allen es capaz de expresar en un travelling circular. Y sí, creo que el dedo de Gosling tocando la última nota y la mirada posterior son magistrales, pero el empacho previo no era necesario. Mi último pensamiento se relaciona con lo curioso que resulta que Chazelle se permita cierto grado de innovación o intenciones postmodernistas cuando al mismo tiempo su película está atada a los clásicos y a su requisito de agradar a todos los públicos. Algo que no le ocurría a su polémica Whiplash, con la que convendría no comparar.

Tengo sentimientos encontrados por este “revival” del género. Tiene mucho que merece la pena atesorar pero también tiene innumerables problemas que aumentan cuanto más profundizo. Sigo enamorado de Emma Stone, reivindicando a Gosling como actor (no como director, no estoy majara) y creyendo que Chazelle está destinado a algo grande. City of Stars es una canción estupenda y La La Land una buena película con instantes inolvidables, una película para soñadores empedernidos. Una pena que no sea redonda.

Alejandro Arranz

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Comentarios

  1. Áralan

    Pues sí, Alejandro. COincido contigo. Sobre todo en eso de “cuanto más profundizo”., porque cuanto más pienso en la peli, más problemas le veo, desde la incapacidad de Gosling para cantar o bailar hsta los pasos tan pobres de baile que se marcan. Y más.

    Pero bueno, que cada cual decida.

    Gracias por compartir la crítica.

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