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La inquietante realidad social de la China de hoy

Por Enrique Fernández Lópiz

La película Un toque de violencia se construye sobre la base de cuatro historias que hablan de la actual China, un país que ha pasado del comunismo maoísta, a una forma de dictadura que sigue llamándose a sí misma comunista, pero en cuyo trasfondo late con fuerza el poder del  dinero, el enriquecimiento ilícito de unos pocos a cuyas manos han ido a parar  las grandes empresas y fortunas, antaño del estado. Por lo tanto, unos pocos ricos y una gran mayoría pauperizada e incluso esclavizada.

La primera de estas historias cuenta la vida de Dahai (Jiang Wu), un minero y a la vez abogado de un pequeño pueblo, cansado y exasperado por la corrupción de los dirigentes de la ciudad, que se han apropiado de la mina de carbón y viven opulentamente. Esta circunstancia le hace pasar a la acción de una forma muy violenta. La segunda narra la historia de San’er (Zhao Tao), un emigrante y padre de familia peligroso que  vuelve a casa por el Año Nuevo; al amparo de la pistola que porta y que tanto le gusta, descubre las posibilidades que con ella se le ofrecen para robar, matar y enriquecerse. El tercer relato habla de Xiao Hui (Luo Lanshan), una bonita joven enamorada de un hombre casado que ha emigrado para encontrar un puesto de recepcionista en una sauna-prostíbulo, y que no tolera el acoso de un cliente rico que la agrede con un fajo de billetes instándole a que acceda a sus peticiones sexuales. Esta historia tiene igualmente un final brutal. Finalmente, Xiao Hui pasará de un trabajo a otro en condiciones cada vez más degradantes. Otro personaje es un pobre joven, Zhou San (Wang Boaqiang), que huyendo de su mal destino en una fábrica, acaba enamorándose de una prostituta, un amor imposible, una vida a imposible y un final atroz. Como digo son cuatro personajes,  cuatro escenarios en diferentes provincias, tomados de la realidad como ahora diré, que nos hacen reflexionar sobre la actual China, una sociedad donde se trenza un enorme desarrollo económico, junto a una desazón y una gran violencia de fondo. De hecho, la última pregunta que en un teatro popular se le hace a los asistentes es: “¿Tú entiendes tu violencia?”.

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Considero este film una obra de excelencia, dirigida con gran precisión por Jia Zhang Ke, con guión del propio Jia, una fotografía amarillenta tirando a oscura que nos conduce por una sórdida realidad, fotografía de Yu Likwai con paisajes que se extienden más allá del horizonte; y una música inquietante acorde de Giong Lim. El reparto es muy bueno, con actores orientales como Jiang Wu en el papel de Dahai; Luo Lanshan (Xiao Hui); Wang Boaqiang (Zhou San); Zhao Tao (Xigo Yu) o Jiayi Zhang, que conforman un cuadro de actores envidiable.

En su curriculum de 2013 cuenta con el de Mejor guión en el Festival de Cannes (un premio muy importante); o su nominación a la Mejor película extranjera por el Independent Spiritonto Awards.

A veces nos preguntamos sobre qué pasa en el país chino, en aquella que fuera la China de las bicicletas con Mao y en la que ahora circulan caros y potentes automóviles, mezclados con miserables motocicletas y carros tirados por un pobre caballo azotado sin compasión por su rudo amo. El director Jia Zhang Ke, en una entrevista dice lo siguiente con relación a su país: “Las últimas tres décadas han visto amontonarse los problemas sociales, siendo la desigualdad y la corrupción los más sangrantes, y no se han afrontado a tiempo. La acumulación de problemas sociológicos y la creciente conciencia del concepto de libertad personal ha dado pie a un clima en el que la población espera cada vez más de los cambios”. Y es que China ha pasado del comunismo, el colectivismo y la falta de conciencia de si mismo, al encuentro del ciudadano con su mismidad, con su propia identidad, dándose cuenta de lleno de las grandes injusticias y de toda la problemática que proviene de la desigualdad y la falta de oportunidades para una gran mayoría de los habitantes del país. Esto, claro está, provoca mucho malestar y genera violencia, todo lo cual expone y denuncia flagrantemente este magnífico film. Es una película densa, enérgica y brutal. Como escribe Boyero: “Es una película que ha tenido muchos problemas en China, y no me extraña, porque en ella está flotando todo el rato que algo huele a podrido en el país. Todas las historias contadas acaban en una violencia extrema, sin que haya tampoco teorías excesivas sobre esa violencia“.

Como decía antes, el propio director cuenta que los episodios, si bien adobados de ficción, son, empero, tomados de noticias de prensa, es decir, han ocurrido realmente, lo que hace que podamos calificar esta película como un escenario vigente, y también candente, fuerte, violento, humano y que habla de China sin tapujos: un drama agrio, desapacible y triste sobre este país hoy (de hace unas décadas es mejor no hablar, aun cuando en el film se deja ver una escultura a Mao Tse Tung bastante envejecida y polvorienta).

O sea, Jia Zhang Ke, desde hace ya años, es un documentalista, a la vez que radiografía la nueva realidad  del llamado “gigante asiático”, lo que no se ve en los datos macroeconómicos: destierro, ricos muy ricos y pobres muy pobres, vacío, prostitución, crimen, ciudades contaminadas e inhabitables: o sea, mucha desolación. Como apunta Luís Martínez: “Sin piedad, sin concesiones (dos horas y media largas de desolación), la cinta avanza como un ‘buldozer’ sin frenos. No deja heridos. Brutal a ratos, cruda por momentos y desesperanzada siempre. […] Al final, queda, de nuevo, la sensación de que lo real no es tanto lo que se ve como lo que se siente. Y eso siempre, aunque más impreciso y borroso, duele mucho más. Una gran película por necesaria”.

Y no quiero acabar este comentario sin decir que uno de los aspectos mejores de este film es, no sólo su retrato del descontento, sino también el diálogo que su director Jia establece entre el estado de ánimo de los protagonistas y sus entornos inmediatos, el nexo de unión entre los sentimientos y los ruinosos edificios o los desérticos y mal asfaltados paisajes urbanos que rodean a los protagonistas, sin excluir el pobre entorno social.

Estimado amigo, si usted quiere saber qué pasa en ese gran país que es China hoy (grande en todo sentido), no deje pasar esta película. Y no olvide pensar un poco en esa pregunta que el Director Jia Zhang le lanza a sus paisanos que miran atónitos un teatro popular al final de la cinta: “¿Tú entiendes tu violencia?”.

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