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La indiferencia a través de una cámara Super-8

Por Javier Fernández López

El año 2011 fue, en lo que respecta al ámbito del cine, un año un tanto flojo. Pero de entre todas esas películas que decepcionaron, Super 8 se lleva la palma. Promocionada de forma similar a otras películas como Monstruoso, con la norma de no enseñar demasiada para crear expectación, la película resultó ser un insulto demasiado grande y un “homenaje” muy pobre al cine que presuntamente quería homenajear.

Bien es cierto que ni de pequeño sentí empatía por obras como E.T. El extraterreste, pero sí que disfruté mucho con las aventuras de Los Goonies. Los 80 fueron una década muy destacada en la historia del cine, famosa por introducir películas ya míticas y otras que pasaron sin pena ni gloria, siendo también la década en la que se inició el fenómeno de cine teen, cine para adolescentes. Super 8 se iba presentando al mundo como un homenaje a aquellas películas que creó Steven Spielberg. Dirigida por J. J. Abrams, un hombre vigilado con lupa desde que tiene a su cargo la nueva trilogía de Star Wars, la cinta ambicionaba mucho. En numerosas entrevistas no paraba de leer las intenciones de Abrams, afirmando éste que querían recuperar la magia y el encanto del cine de hace treinta años. Quizá lo peor de leer tantos artículos y entrevistas fue ver una comparativa con películas como Cuenta conmigo, pues las comparaciones pueden ser un arma de doble filo.

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Al señor Abrams le recomendaría que le echase un vistazo a una película de animación llamada El gigante de hierro, bastante parecida en muchos elementos y en el esquema estructural. La diferencia es que la de animación es buena y no necesitó tanto bombo. Porque ni esto es Los gremlins ni Los Goonies, más quisiera. Spielberg está mostrando en sus últimos años una imagen de conformista, no se atreve a hacer que los últimos proyectos que llevan su nombre en el cartel luzcan la calidad de antaño. Para ejemplo su última película de Indiana Jones. El señor Abrams juega a ser discípulo no de un hombre, sino de un tiempo, y damas y caballeros, lamento informar que falló en el intento, porque todavía hay algún sujeto por ahí que va diciendo que Super 8 es la E.T. El extraterreste del siglo XXI. ¿En serio? Sólo con la poca repercusión que ha tenido el film basta para decir que esto sólo es un intento por seguir exprimiendo la marca “Spielberg”. Willy el tuerto volvería a morirse en la cueva con su barco si viera el desastre que firmaron Abrams y Spielberg.

¿El problema? Los conceptos. ¿Quieres homenajear el cine de los 80? De acuerdo, construye, pues, a partir de las bases de aquel tiempo y no introduzcas elementos que no tienen nada que ver. ¿Es espectacular? Sí, pero que yo recuerde no era tanto el espectáculo como el encanto que se transmitía por entonces. Corríjanme si me equivoco.

La cinta cuenta con un buen reparto encabezado por el joven Joel Courtney (The Between), Elle Fanning (Maléfica) y Kyle Chandler (King Kong). A día de hoy no sé decir si su trabajo en la película es bueno o malo, pero lo que sí puedo decir es lo que me transmitieron sus papeles, siendo una sensación que rozaba la vergüenza ajena. Chandler deja frío al espectador ofreciendo un padre policía incoherente y plano, mientras que los niños de la película tiran de tópicos, que desde cierta perspectiva puede ser correcto tirar por ahí, ¿pero y la profundad de los mismos? No confundan profundidad con un primer plano de varios segundos de Elle Fanning, porque no es lo mismo.

Si por algo destacaban las películas de hace treinta años, en su mayoría, es por su agradable simpleza. Porque eran películas adolescentes que hasta los más pequeños disfrutaban. No te metas en esquemas complicadas, no pongas a unos perros huir de un pueblo sin motivo alguno creyendo que así logras misterio. No te montes una historia con unos cubos para que luego sea un detalle casi sin importancia. No te metas en movidas bélicas espectaculares cuando se trata de la historia de un monstruo y unos niños. No me enseñes un choque de trenes que ríete de la saga Transformers (quizá Spielberg llamó a Bay para la escena, a saber). Y aquí quisieron enseñar un conflicto paternal de tal calibre que se olvidaron de la coherencia.

Banda sonora y fotografía lucen en un conjunto que se presenta nefasto. Lástima, porque el trabajo de Michael Giacchino en el aspecto musical es muy digno. La dirección no tanto. Y tampoco lo vas a arreglar con el epílogo de la cinta, que por supuesto que está por encima del resto de metraje, pero la indignación alcanza un nivel tan alto que no lo arreglas ni devolviendo el dinero de la entrada.

Diré, para terminar, porque no hay mucho más que decir, que Super 8 ha sido, a mi juicio, el intento de imponer un clásico, y se han olvidado que el clásico no nace creándolo, sino mediante la repercusión, el estilo y la fascinación de los espectadores. Suspenso sin posibilidad de aprobar para la película. Me divertí más viendo Chicos Monsters en su día. En cierta medida, parece una película que se alegre de mostrarse al mundo como un producto alternativo, y eso crea en mí cierta risa. Y como reflexión personal, diré que la nostalgia es lo que es por aquel tiempo que fue y nunca volverá a ser.

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