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La humana, la máquina

Por javier Fernández López

Obra de ciencia-ficción dirigida y escrita Caradog W. James, quien filma con ésta su primera película. No, no es una joya, ni tampoco les dirá nada nuevo este relato futurista, pero tiene los suficientes componentes para incitar a la reflexión. The Machine, aunque no sea una obra maestra, sí es una buena película, una cinta que ha sabido llevar sus recursos de forma correcta, y eso se nota. Hay cierta ambición en la historia, y ello se agradece, más aún cuando la ambición no roza la pomposidad. No hay adornos en esta historia, precisamente porque lo que se narra no los necesita. Así es The Machine, una buena película, reflexiva, con mucha carga filosófica, pero que no nos termina de rematar.

Lo cierto es que lo más interesante del film no es su argumento principal, sino las ideas que se pueden extraer. Cualquiera que haya leído un poco acerca del funcionalismo verá en la obra una potente carga filosófica acerca de si las máquinas pueden llegar a ser como los seres humanos. ¿Imitar es lo mismo que vivir? ¿Los seres humanos aprendemos o imitamos? ¿O es lo mismo? De igual forma, ¿qué necesidad puede tener una máquina de ser semejante a un ser humano cuando puede ser algo superior? ¿Puede la máquina interpretar la realidad o sentirla como lo hace un ser humano?

De paso, la película va dejando hueco a ciertas ideas que quizá en un futuro lejano sean una realidad. En El sexto día y otras obras de ciencia-ficción ya se visiona algo parecido: la inmortalidad. En la película se juega con esta idea, una máquina que aprende conforme a los recuerdos y conocimientos de una persona. Se realizan análisis cerebrales, y estos se guardan igual que cualquier archivo Word o MP3 de nuestro ordenador. Imaginemos por un momento que fuese posible guardar nuestro yo (perdón si suena demasiado filosófico) en un dispositivo de memoria, como un pendrive. Imaginemos que en vez de llevar un reloj, llevamos eso en cada instante de nuestra vida y se va copiando nuestra persona, la información que tenemos en nuestro cerebro, nuestra mente, en él. Un día tenemos un accidente, algo que nunca queremos que ocurra, pero desgraciadamente es así. Pero cosa de la magia, ¿y si sólo se tuviese que cargar la información guardada en el pendrive en un cuerpo biomecánico y así poder seguir viviendo? Y al ser biomecánico, que no orgánico, ¿cómo se comprendería eso?

Lo cierto es que es un tema bastante interesante y con mucha proyección a largo plazo, la idea transhumanista de que hombre y máquina algún día serán algo más que un hombre sentado enfrente de un ordenador personal.

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The Machine, por otra parte, se va más al terreno de la Inteligencia Artificial, una máquina que comprende la información recogida de sus creadores y crea una personalidad por sí sola, llegando a ser más humana que nosotros mismos. ¿Qué es ser propiamente humano? Es algo más que el hecho biológico, es una constatación de nuestro ser en tanto que somos seres que nos comunicamos, construimos, creamos y amamos. Ser propiamente humano quizá no esté ligado con el concepto de humanidad, porque la historia nos ha enseñado que hay personas que carecen de ella. Y son miles de obras las que han señalado que la máquina, por ser una existencia superior al hombre y al comprender mejor que éste la realidad que se le presenta, ve en las personas un enemigo, porque al mismo tiempo éstos temen lo desconocido, tememos que nuestras creaciones puedan ser como nosotros, cuando irónicamente es una de nuestras metas. Todo se relaciona con Frankenstein al final, el hombre que ambiciona crear vida y al final ésta acaba convirtiéndose en un monstruo y que acaba siendo su fin.

Por ello, Isaac Asimov, inteligentemente, inventó las famosas leyes de la robótica:

1.- Un robot no puede hacer daño a un ser humano.
2.- Un robot debe obedecer siempre a un ser humano, a no ser que la orden entre en conflicto con la primera ley.
3.- Un robot puede defenderse a sí mismo, siempre y cuando no se entre en conflicto con la primera o segunda ley.

Y curiosamente, la que nunca ponen en las películas

1.- Un robot no puede alterar el libre albedrío de un ser humano.

Porque la máquina, en tanto que analiza e interpreta, concluye que la única forma de proteger y garantizar la seguridad del ser humano es aprisionarlo o, llegados a un extremo, exterminarlo.

Tampoco se dejen influir mucho por estas palabras, porque The Machine no será una cinta que se recuerde ni perdure en el tiempo, pero, en lo personal, creo que entra sin problema alguna a esa filmoteca de ciencia-ficción cuyos argumentos pueden llegar a ser apasionantes, que ofrezcan reflexión e incluso debate, como El hombre bicentenario o Blade Runner.

Cabe destacar que con los pocos recursos que han tenido, el resultado resulta más que notable. La película sólo muestra tres escenarios: una base militar, sus alrededores y un hospital. Eso sí, déjenme decir que el trabajo de fotografía me ha parecido muy bueno o como mínimo diferente. La banda sonora, por otro lado, es digna de aplauso. No conocía ningún trabajo de Tom Raybould, y creo que se ha colado en esa lista de compositores a los que hay que seguir de cerca.

Y como he dicho anteriormente, la cinta muestra más intereses en las ideas que la rodean que en el propio argumento. Se trata de un futuro en el que China y EEUU viven una Guerra Fría, y por ello los Estados Unidos quieren crear un supersoldado que sea capaz de infiltrarse en el bando enemigo con la misión de deshacer el conflicto con los medios que sean necesarios. Toby Stephens (007, Muere otro día) y Caity Lotz (El pacto) son los dos protagonistas, actores no muy reconocidos pero con la suficiente experiencia como para aportar hacer que los espectadores se crean la historia.

En conclusión, una película más que entretenida, a la que sólo le hubiese pedido un final menos forzado y menos “Terminator”. Por lo demás, es un producto muy sólido y digno, capaz de satisfacer la demanda de los amantes de la ciencia-ficción y del cine en general. Recomendada.

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