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La hora final

Por Enrique Fernández Lópiz

He visto esta película varias veces y siempre me parece excepcional, una película realmente dramática y que debe servir de lección sobre lo que podría ser, algo que entra en el terreno de la probabilidad, si a alguna de las grandes potencias del mundo, les diera por utilizar el armamento nuclear. O sea, es una película que en cierto sentido puede ser profética (ojalá que no) y que nos previene, sobre lo que sería nuestro mundo si la locura se apoderara de nosotros. Hay que verla, pues. Y es que además, es una gran obra, a lo que ahora me referiré.

La excepcionalidad sitúa en primer término al gran Stanley Kramer, que dirige con pulso, tensión y sensación claustrofóbica esta cinta fatalista. Y realmente lo consigue. Y lo hace con un gran guión de John Paxton y James Lee Barrett, la gran música de Ernest Gold que le valió ser nominada a los Premios Oscar. La fotografía la considero archimagnífica, con un blanco y negro nítido que acompaña a la perfección el fin de los tiempos.

En cuanto al reparto es de lujo. Un extraordinario Gregory Peck, brillante en su papel, hace dúo con una bellísima Ava Gardner que le acompaña con toda su veta dramática y de hermosura. También está desconocido en su genial dramático papel Fred Astaire, y Anthony Perkins borda su rol de amante esposo que espera con serenidad la muerte junto a su mujer.

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La película trata el tema siempre candente y actual como mal presagio, de un holocausto nuclear que aniquile a los seres humanos casi en su totalidad. En la película, sólo un reducido grupo de población que habita Australia ha sobrevivido a la explosión atómica y Gregory Peck es el comandante de un submarino cuya misión consiste en buscar a los supervivientes. En tanto, la nube radioactiva que ya ha destruido el hemisferio norte, se va acercando a ellos, el último enclave humano.

La película es sórdida, atormentada e irrespirable, cargada de desasosiego e intriga; película que previene y hace una enorme crítica al peligro nuclear que nos rodea. Y en general la cinta, atrapa al espectador durante los 134 minutos que dura el metraje y lo introduce dentro del grupo de personajes que tras la guerra atómica se enfrenta a un mundo cuya violencia ha aniquilado a la raza humana, mientras esperan resignadamente unos, románticamente otros y suicidamente alguno de ellos, a que la nube radioactiva caiga sobre sus cabezas.

Kramer resuelve de manera redonda esta película, sobre todo en el tercio final que es cuando la compostura militar inicial cede paso a un sentimiento poético general y emotivo, más a tono con el tema que toca, esto es, narrar con cierta coherencia el inexorable ocaso de la especie humana. Y como ya he mencionado, todo ello arropado por un implacable “Waltzing Matilda” que se convierte en la brillante banda sonora que entre otras, reivindica la identidad nacional del último reducto habitable del planeta.

Se trata de una película excelentemente filmada, actuada y realizada con amor al oficio; esta obra consigue construir un filme a la vez romántico, dramático, un poco tendencioso, directo, sincero, presuntuoso, brillante, impactante, apasionado: tal es su grandeza.

Comentarios

  1. Toni Ruiz

    Interesantísima crítica de una película muy perturbadora y desasosegante. Aún recuerdo la sensación que me producía ver a una sociedad sin esperanzas que se sabe abocada al fin. Enhorabuena.

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