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La guerra, un drama en el que nadie gana

Por Enrique Fernandez Lópiz

En la película En el valle de Elah estamos ante una especie de drama, suspense, que gira en torno a la guerra, en este caso la guerra de Irak. En la historia, Hank Deerfield (Tommy Lee Jones) es un veterano de la guerra de Vietnam ya jubilado, un hombre formado en el valor, el honor y la sagrada defensa de la patria, en la que ha educado a su hijo Mike. Es por eso que Mike se alistó para luchar en la guerra de Irak. Pero ahora, una vez de vuelta del campo de batalla y ausentado sin permiso de la base, ha desaparecido literalmente de la faz de la tierra para estupor de su angustiado padre que lo busca por todos lados sin éxito. Hank investiga sin descanso y con la ayuda de la detective Sanders (Charlize Theron) podrá ir reviviendo las experiencias del joven en Irak. Paradójicamente, las autoridades militares no hacen sino poner trabas a la investigación.

Hank, en su búsqueda va descubrir el horror de una realidad que ni en el peor de sus sueños habría podido imaginar. Descubrirá que su hijo ha aparecido descuartizado cerca del campamento donde vivía, ya de regreso a Estados Unidos. Y al indagar sobre las razones de tan cruel crimen, va a comprobar absolutamente perplejo que esos modélicos soldados de la guerra contra el Mal, han sido tan transformados con una estrategia y un esmero propio de la ingeniería humana más perversa en individuos sádicos, drogadictos, violentos y, en suma, en asesinos que cometen todo tipo de barbaries con el enemigo e incluso entre ellos mismos con absoluta impunidad. Además, el Gobierno los exime de toda responsabilidad encontrando “normal” esos actos de vandalismo sociópata que cometen, amenazados en su permanente psicosis.

El director de este film Paul Haggis ha construido una autentica película densa, tensa, dramática y de denuncia contra las terribles consecuencias que para una generación de jóvenes tuvo la reciente Guerra de Irak. Haggis se basa en una historia escrita por él mismo junto a Mark Boal. Recuerdo aquí que Paul Haggis fue el guionista de Million dollar baby, 2004; y director de la multipremiada y excelente Crash, 2004. Pues bien, en el guión se narra con inteligencia, sagacidad y dolor lo que está ocurriendo en la psicología y los comportamientos de los soldados que están matando y muriendo en Irak. En realidad, la guerra apenas asoma en la historia, salvo en apenas tres minutos grabados con un móvil. Pero es un momento capaz de aturdir sobre la pesadilla que constituyó esa guerra que aún perdura y cuyas consecuencias aún vemos cada día en los noticiarios. La película de Haggis resulta ser ni más ni menos una tremenda crónica realizada con las mimbres del cine clásico, de manera sobria y sin abusar del exhibicionismo de lo pavoroso, sino meramente “sugiriendo” el tormento de tantos jóvenes rotos por la infamia de una guerra donde todo valía.

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Tiene el film una buena música de Mark Isham, gran fotografía de Roger Deakins y un reparto de lujo en el que cabe destacar a un impresionante, introvertido y desgarrado Tommy Lee Jones que no puede estar mejor; Charize Theron, una actriz que en este film nos hace obviar su indiscutible belleza pues muestra el rol de una mujer abrumada y honesta. Susan Sarandon en una aparición breve pero perdurable, muestra con absoluta maestría el dolor de la madre que ha visto los trozos del cuerpo del que en su momento fue su hijo, un hijo bueno y vitalista. Acompañan en un equipo actoral de lujo profesionales de gran nivel como Jason Patrick, James Franco, Josh Brolin, Wes Chatam, Rick Gonzalez, Jonathan Tucker, Jake McLaughlin, Victor Wolf, Barry Corbin, Brent Briscoe, Mehcad Brooks, Wayne Duvall, Frances Fisher y Zoe Kazan.

En 2007, entre premios y nominaciones obtuvo los siguientes: Nominada al Oscar: Mejor actor (Tommy Lee Jones). Festival de Venecia: Premio SIGNIS. Nominada al León de Oro (mejor película).

Mi impresión tras haber visto recientemente esta película es que se trata de una película de lujo, con gran profundidad y hondo calado trágico, un film que no es estricto sensu sobre la guerra, sino como apunta Travers:Va de cómo se les succiona la humanidad a los soldados que son enviados allí, y de cómo ese proceso se refleja en todos nosotros como nación. Sí, Haggis se tambalea y pierde foco. La inquietante y conmovedora ‘Elah’ no es perfecta. Es algo mejor: esencial”. O sea, de nuevo y venturosamente, la poderosa industria de cine norteamericana entona un sentido mea culpa por tanto despropósito como su país cometió al meterse en un conflicto de base falaz e innecesario, y contraproducente en todo sentido. Scott, otro crítico norteamericano escribió:Debajo de la -aparentemente tranquila- superficie de ‘En el Valle de Elah’ yace un crudo, rabioso y serio intento de comprender las consecuencias de la guerra en Iraq.” Además, la cinta está hecha con el tono y la justeza que requiere un tema tan delicado. Lo cual que subraya Rodríguez Marchante cuando señala: Sólo la inteligencia y la puntería de Haggis nos libran de las habituales diatribas y de las frases hechas y apologías sobre lo bueno y lo malo.

Es una película que te conmociona, que no te deja impávido, sino todo lo contrario: te hace sentir un horror inopinado, a la vez que te hace flotar pues estás viendo una obra de enorme calidad, una película hermosa, estremecedora y enternecedora. Boyero dice así, y creo que lo dice a la manera que a mí me habría gustado, por eso lo transcribo: Tengo que remontarme al mejor Eastwood, al mejor Scorsese, al mejor Schrader, al mejor Coppola, para encontrar en el cine moderno una forma de narrar tan poderosa, tan perturbadora, tan creíble, tan compleja como la de esta película. Haggis no sólo ha escrito un guión que te hiela la sangre, ha sabido desarrollarlo en imágenes a las que no les falta ni les sobra nada.”

En resolución, recomiendo con total convicción esta estupenda obra de cine, un cine denuncia, antibelicista, una obra que nos previene de que las guerras no son baladíes, sino que más pronto que tarde se pagan sus consecuencias a todo nivel, pierdas o ganes. Haggis se revela un maestro removiendo conciencias y tocando la fibra sensible del espectador de manera acertada: un yermo y turbulento viaje hacia el mismo corazón de las tinieblas. El film viene a decir que cualquier guerra está, al fin, compuesta de batallas y victorias pírricas encadenadas en las que todos sin excepción pierden. Incluso esos que creen ganar obteniendo pingües beneficios, esos los mercaderes de la muerte y de los artefactos de guerra. Pues esos, créanme, también pierden.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=JUo1lptXd1E.

Quiero para acabar transcribir unos versos de ese genial poeta nacido en Buenos Aires que vivió algunos años en nuestro país, poeta de altos vuelos con la influencia de la Mística española, Francisco Luís Bernárdez (1900-1978). Lo hago para ilustrar mejor esto que he escrito al final de mi crítica de que en una guerra todos pierden. Bernárdez aplica la tesis al amor, el polo opuesto, donde no hay perdedores ni ganadores igual.

Soneto del amor unitivo

Tan unidas están nuestras cabezas
y tan atados nuestros corazones,
ya concertadas las inclinaciones
y confundidas las naturalezas,

que nuestros argumentos y razones
y nuestras alegrías y tristezas
están jugando al ajedrez con piezas
iguales en color y proporciones.

En el tablero de la vida vemos
empeñados a dos que conocemos,
a pesar de que no diferenciamos,

En un juego amoroso que sabemos
sin ganador, porque los dos perdemos,
ni perdedor, porque los dos ganamos.

Francisco Luís Bernárdez (De La ciudad sin Laura)

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