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La guerra ha empezado

Por Javier Fernández López

En primer lugar me gustaría decir que a mí, personalmente, me gustó la versión de El planeta de los simios dirigida por Tim Burton. El único motivo por el cual acabo desprestigiando a la película es sencillamente porque está dirigida por el propio Tim Burton, pues dicha cinta no contiene ninguno de los elementos propios del director, se aparta del todo de su cine, de sus formas y de su estilo. No obstante, diré que la película no tiene mucho que envidiarle a la cinta original protagonizada por Charlton Heston. Más comercial y más apartada de la serie b, algo que tampoco encaja demasiado con el propio Burton, pero sin duda supo llevar lo mejor que pudo la riendas de un proyecto quizá demasiado complejo y ciertamente aparatoso. El final de su versión, al menos, es una genialidad como pocas veces pueden verse.

Dicho esto, lo único que podía esperar de aquella cinta llamada El origen del planeta de los simios era lo peor, un intento más de exprimir una franquicia muerta. Pero para mi sorpresa, esta película, apoyada por el mismo estudio que realizó los efectos especiales de Avatar y protagonizada por el siempre incomprendido por la Academia del Cine Andy Serkis, fue una genialidad. El origen del planeta de los simios es la perfecta precuela, un film hecho con cariño, con esfuerzo y con entusiasmo, sin ánimo de que la acción deriva en guerras sin sentido.

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La única maldición de este proyecto es saber cómo terminará el cuento de César. Sin embargo, eso no quita mérito a las virtudes de una historia que se está narrando con coherencia y precisión. Ahora podemos ver la secuela, El amanecer del planeta de los simios, con una factura técnica impecable, los efectos especiales muestran un nivel absolutamente sobresaliente. La ambientación recuerda un poco a otras cintas como Soy Leyenda o videojuegos como The Last of Us. Un virus ha acabado con la raza humana, y los últimos supervivientes llamaron a ese virus “la gripe del simio”, achacando a estos toda la culpa de la casi total extinción de la especie humana. César vive con los suyos apartado de la civilización, ha creado una sociedad de simios fuerte en la que él es un líder sabio, bueno y respetado. Pero los problemas vienen cuando estos y los humanos se encuentran de nuevo, y es cuando César tendrá que tomar decisiones difíciles que pueden poner en peligro a sus seres queridos.

Vemos que César ahora tiene una familia. Su hijo mayor cobra vital importancia en esta secuela. Vuelve Koba, al que vimos en El origen del planeta de los simios ayudar a César con la rebelión de los simios contra los humanos. Se echa de menos al personaje de James Franco, pero tiene sus minutos en la película en forma de recuerdo.

Lo que tiene esta “nueva” franquicia es que hay potencial en ella, te hace pensar. Si te metes en el contexto de la película, ¿qué bando escogerías? Lo único que está claro es que la próxima entrega promete dar mucho de sí. ¿Veremos alguna referencia sobre aquella nave espacial que viajaba al espacio en la primera película? Sería todo un detalle.

El amanecer del planeta de los simios es una secuela muy buena, aunque también cabe decir que no tiene el mismo nivel emocional que la primera. A cambio, esa rebaja emocional se ve satisfecha por unas épicas escenas de acción, con un César imponente en pantalla. Andy Serkis se merece todos los premios posibles, ya es hora de que toda institución referente al cine reconozca la validez de estos trabajos. Lo que sí muestra la cinta dirigida por Matt Reeves es un alto nivel político y diplomático, tanto que la película gana puntos gracias a esa tensión que se nuestra en su desarrollo, tornando en momentos hacia la guerra y en otros hacia la paz.

El más desaprovechado es Gary Oldman, quien en los últimos años ha aceptado papeles de este tipo, pequeños o de poca relevancia, pero como siempre, sus minutos son los mejores (al menos en cuanto a los personajes humanos).

Lo que empezó por un terrorífico e imponente “¡NO!” por parte de César en la primera película ha terminado como una aceptación del estado natural de la evolución: la guerra. Esa quizá sea una de las grandes reflexiones de la película, y es que si una especie evoluciona hasta el nivel de inteligencia que tiene la raza humana, ya sea un león, un gato o cualquier ave, posiblemente acabaría como la propia especie humana. Pero los simios tienen algo que los humanos no tenemos, tienen a un líder, alguien que conoce los dos bandos, además de conocer el lado bueno y el lado malo tanto de humanos como de simios. Estamos ante la historia de César, un héroe al que veremos convertido en símbolo.

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