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La guerra de los botones, lo más fácil muchas veces es lo más efectivo

Por Lourdes Lueiro

La guerra de los botones es una película muy fácil de ver, con una estética apasionante, una banda sonora de ensueño, unos actores que resultan entrañables, unos paisajes de cuento y una forma de contarlo todo sencilla y fresca.

Christophe Barratier, después de la efectiva Los chicos del Coro (2004), firma esta película titulada originariamente La nouvelle guerre des boutons (2011), sobre todo para diferenciarla de la comedia estrenada en el mismo año y también francesa de Yann Samuel titulada Le guerre des boutons, ambas remakes de una película de 1962 con el mismo título, y todas basadas en una novela de Louis Pergaud.

No sé muy bien lo que tienen las películas francesas (excepto Amelie que no le encontré el punto), pero desprenden frescura, enamoran, crean una atmósfera inolvidable, llena de color, son especiales, aunque lo que te estén contando sea lo más simple del mundo.

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La trama de La guerra de los botones como ya dije sencilla, sin ningún tipo de originalidad, sin giros de guión, sin sorpresas, sin pretensiones, nada de nada, pero aun así resulta sumamente efectiva, llegando a emocionar, logrando trasmitir la delicadeza y dulzura apropiadas, y consiguiendo despertar en el espectador un cúmulo de sentimientos de lo más positivos.
El film transcurre durante la II Guerra Mundial en una Francia ocupada por los alemanes, teniendo como protagonistas a un grupo de niños de un humilde pueblecito llamado Longeverne que rivalizan con los muchachos del pueblo vecino de Velran, su confrontación no es otra que por qué simplemente se odian y no quieren que unos pisen la tierra de los otros; así los chicos de Longeverne se inventan la guerra de los botones, en la que su mayor logro será conseguir los botones de las ropas de sus oponentes, para que así se sientan humillados y ridiculizados. Por otro lado, viviremos el inicio de un primer amor, entre uno de estos chicos (el principal protagonista), Lebrac (que tiene bastantes problemas en casa), con una niña rica y judía que traerá algún que otro problema. Lebrac es un chico bastante rebelde pero con un corazón de lo más noble; Barratier nos ofrece también un mundo un poco más adulto, en el que los protagonistas son los padres de los chicos y otros personajes del pueblo, y nos ofrece además (en contraposición al primer amor) un amor algo más maduro.

Las interpretaciones son de los más naturales, Jean Texier como Lebrac hace un trabajo magnífico, tiene una mirada de niño duro a la vez que tierno que convence totalmente, dudo que hubiese otro mejor para el papel, tan rubio, tan guapo y tan gracioso. Guillaume Cannet como el profesor de los chicos está estupendo como siempre (es un actor que realmente me fascina) y Laetitia Casta en un personaje un poco más secundario que el resto está correcta, además de guapísima como es habitual en ella; debo hacer especial mención al pequeño del grupo, Clèment Godefry como el petit Gibus, que hace un trabajo fenomenal, encandilándonos a todos, y convirtiéndose en una de las partes más agradables y simpáticas del film.

La película nos quiere contar una historia dura, de la forma más amable posible (incluso el final es de lo más amable, sin ningún tipo de tragedia ni desgracia). Barratier nos enseña dos formas enfrentadas de ver la guerra, la primera reflejada en los ojos de los niños, un poco “gamberretes”, divertidos y tomándome la vida como un juego, y la segunda mostrándonos la guerra en los ojos de los adultos, de una manera un poco más seria, aunque jamás sin caer en destrucciones ni derrotas, para eso, ya existen muchas otras películas.

En definitiva, que el film me encantó (muchísimo), me trasmitió magia, optimismo, naturalidad y ternura. La recomiendo a todo aquel que quiera pasar un rato maravilloso viendo una película realmente preciosa, dejándose llevar por todo lo hermoso que este film nos regala (eso sí, no tiene ningún Óscar en su haber, que a veces no es lo más importante del mundo y existen muy buenas películas sin ninguno, éste es uno de esos casos) y que desee adentrarse en un mundo fabuloso más allá del presuntuoso Hollywood. (No me mal interpretéis, Hollywood me encanta, pero no todo es América señores).

Comentarios

  1. Iker Yañez

    Efectivamente no todo es el cine de Hollywood. Buena crítica.

  2. Lourdes lueiro

    Gracias Iker, un saludo

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