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La gravedad de estar sin gravedad

Por Adrián Pena

Gravity. Un punto de inflexión en el cine, la película que con su simplicidad y belleza puede ser capaz de cambiar el concepto de cine que a día de hoy teníamos. El film que no sólo logró maravillar a un grande como James Cameron, un director perfeccionista y difícil de asombrar, sino que está dejando boquiabierto a cada espectador que ha pasado por las salas a verla. En definitiva, una excusa para ir al cine y ver el siguiente paso de su evolución.

Alfonso Cuarón vuelve tras más de 6 años a su hábitat natural, las salas de cine. Durante este tiempo, el mejicano, no estaba de parranda, estaba mimando y puliendo su último trabajo, su gran obra maestra. Un film que a cada segundo le ha supuesto múltiples dificultades, pero como bien se dice “el que no arriesga no gana”. Y en este caso el riesgo es tomado por una persona perfeccionista, con lo que el resultado sólo puede ser sobresaliente.

Gravity ha venido para convertirse en un hito de nuestro cine actual, su historia sencilla y consistente se hace fuerte desde su simplicidad. Su director es capaz de que lo bello del principio se vuelva caótico; todo ello proviniendo de lo que es una teoría científica, el denominado síndrome Kessler, donde un satélite colisiona con otro y su basura espacial desata una reacción en cadena capaz de librar el caos alrededor de la Tierra; y no sólo eso, influyendo las comunicaciones terrestres y todo lo que conllevaría. Con esa teoría puesta sobre la mesa y llevada a la práctica tras el previo guión, Cuarón explota todas y cada una de las posibilidades que el espacio exterior le da por jugar. Los que preveían ver una Buried en el espacio estaban muy equivocados, la cinta del mejicano poco tiene que ver con la de Rodrigo Cortés. La única similitud con la cinta del español podría ser esa sensación de claustrofobia que Sandra Bullock sufre dentro del traje espacial, una claustrofobia agorafóbica vivida en el espacio. Si buscáis similitud con alguna cinta, tal vez la halléis con Naúfrago, donde se prima la supervivencia individual de una manera parecida.

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La dirección de Cuarón es magnífica, francamente. Sobresaliente. Es más, con Gravity soy capaz de tirarme a la piscina y augurarle el Óscar a Mejor Director y alguno técnico importante y no sólo eso, creo que hasta su actriz principal también se lo llevará. Lo técnico aquí es maravilloso, Cameron (Avatar) ha llegado a comentar que es el 3D mejor aplicado que haya visto, desde mi opinión no se pueden comparar una con otra (Avatar-Gravity) porque ambas son de 10, esos halagos del cineasta canadiense son motivos más que suficientes para ir a verla. En 2009 el director de Titanic puso la primera piedra en esto de las 3 dimensiones bien aplicadas, Scorsese y Ang Lee se le acercaron, y Cuarón ha dado ya el siguiente paso.

El director de esta cinta consigue transmitir lo que quiere en cada momento, silencio, paz, caos, tensión. Y utiliza a Sandra Bullock como vía para transmitir todo esto y dejar al espectador clavado en la butaca. La actriz no sólo hace una actuación de 10, sino que parece reivindicar un lugar en el drama, muy lejos de las comedias de medias tintas tipo Miss Agente Especial; papeles como éste la elevan a un rango infinitamente superior en cuanto a lo interpretativo. Es el sol que eclipsa totalmente la actuación de un George Clooney con un personaje que aporta un toque cómico y diferente a una cinta seria y sobria.

Gravity es belleza visual, puro cine. Como arte, como conjunto. Buen guión, buenas actuaciones y una dirección de 10. La paciencia de casi 5 años de buen trabajo debería verse recompensada, si impera la lógica, en forma de muchos premios. Para mí sólo hay dos opciones o el Óscar a Mejor Director o el Óscar a Mejor Director.

Ethan Hawke y Gwyneth Paltrow pueden decir con orgullo, “yo trabajé para Cuarón” (Grandes esperanzas). Maribel Verdú, Gael García Bernal y Diego Luna pueden decir con orgullo, “yo trabajé para Cuarón” (Y tu mamá también). Daniel Radcliffe, Emma Watson, Maggie Smith, Emma Thompson, Alan Rickman, Gary Oldman y Michael Gambon pueden decir con orgullo, “yo trabajé para Cuarón” (Harry Potter y el prisionero de Azkaban). Clive Owen, Julianne Moore, Charlie Hunnam, Michael Caine y Danny Huston pueden decir con orgullo, “yo trabajé para Cuarón” (Hijos de los hombres). En cambio, George Clooney y Sandra Bullock además de eso pueden decir aún más orgullosos, yo hice Gravity con Cuarón. El público sólo puede darle las gracias al mexicano.

Si el espectador no va al espacio, el espacio va al espectador, todo por cortesía de Alfonso Cuarón.

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