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La gran evasión

Por Enrique Fernández Lópiz

No hace mucho he comentado sendas películas de John Sturges, este memorable director de tantos filmes de reconocido prestigio. Comenté, Conspiración de silencio, 1955; y Los siete magníficos, 1961. Pero he visto otras excelentes como El último tren de Gun Hill, 1959, El viejo y el mar, 1958 o Duelo de titanes, 1957. Pues bien, hoy toca La gran evasión de 1963.

Esta película se desarrolla durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) en un campo de concentración nazi donde son agrupados unos oficiales ingleses y norteamericanos conocidos por el ejército alemán y la Gestapo por sus reiterados intentos de huida. De esta manera, los germanos, como dice un jefe militar, colocan todas las manzanas podridas en el mismo cesto, o sea, en el mismo campo de prisioneros: Stalg Luft III, un campo de prisioneros de altísima seguridad. Y efectivamente, nada más entrar en él, los reclusos ya comienzan a organizar una fuga en la que se verán implicados doscientos cincuenta presos. Para llevar a cabo su plan deben excavar tres túneles. Y de esta guisa se inicia esta cinta de 168 minutos de duración que se pasan volando por la emoción, el tenso ritmo y las alocadas ocurrencias de los aliados por huir a toda costa.

Entre estas huidas, la primera de ellas fracasa, y sus dos organizadores, el capitán de la USAAF Virgil Hilts (Steve McQueen) y el oficial de vuelo de la RAF Archibald Ives (Angus Lennie) son encerrados en “la nevera”, una celda especial de aislamiento y castigo, en la prisión del campo, durante un tiempo. Cuando los tres estadounidenses del campo (Hendley, Hilts y Goff) están celebrando el Día de la Independencia de los Estados Unidos junto con los demás prisioneros (la mayoría británicos), los guardias descubren el primer túnel primero, luego el segundo. Ives, muy deprimido, intenta un desesperado intento de escapar delante de las torretas de los guardias. Hilts lo ve y corre para detenerlo, pero llega demasiado tarde y los guardias matan a Ives.

A partir de este punto, todos los esfuerzos se polarizan en la segunda evasión: excavar un nuevo túnel, confeccionar ropa de civil, falsificar documentos, vigilar las entradas de los barracones en los que están trabajando, conseguir materiales de contrabando, etc. Tras el descubrimiento de dos de los tres túneles que estaban excavando, los aliados completan la última parte del tercer túnel en la noche prevista, pero por un error de cálculo, descubren que faltan seis metros hasta los árboles que los cubrirían, distancia que tendrán que recorrer arriesgando sus vidas a campo descubierto. Setenta y seis prisioneros consiguen escapar antes de que los guardias descubran el túnel, si bien son pocos los que realmente logran escapar de las garras nazis.

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Es una película muy bien dirigida por Sturges que hace una historia muy entretenida y emocionante, con un guión de James Clavell y W.R. Burnett basado en novela de Paul Brickhill. La música es magnífica y acompaña el suspense y la emoción del film junto con una gran fotografía de Daniel L. Fapp.

Entonces dejamos ya claro que se trata de una entretenidísima obra, famosa por demás, sobre la laboriosa preparación y fuga de un campo de concentración nazi de varios prisioneros aliados durante la Segunda Guerra Mundial, y que es ya todo un clásico del cine de evasión, dicho sea en todo sentido. Cine clásico paradigmático y un lujo de ritmo y de progresión dramática; obra que yo considero maestra en la que una medida puesta en escena subraya tanto la esencia aventurera como los elementos claustrofóbicos de la trama.

Por supuesto que este film no habría sido posible sin un reparto de auténtico lujo en el que todos los actores hacen una interpretación coral, pero también con toques individuales destacables, excelentes. Actores como Steve McQueen, James Garner, Charles Bronson, Richard Attenborough, James Coburn, James Donald, Donald Pleasence, David McCallum, Gordon Jackson, Angus Lennie, Hannes Messemer, John Leyton, Lawrence Montaigne o Nigel Stock: ¿alguien da más? Por supuesto siempre en estos casos alguno destaca algo más, tal el caso del rebelde y sufrido Steve McQueen –único militar yanqui-, el fuerte pero claustrofóbico Charles Bronson, el genial James Garner que imprime con su papel un endiablado ritmo con sus planes de evasión, unos excelentes Richard Attenborough y James Coburn, y así, como digo, todos en una conjunción actoral que conforma el equipo de militares aliados más rebeldes y huidizos de cuantos se han visto en la pantalla con la relación a la guerra contra la Alemania nazi; un reparto, pues, amplio y promediado, donde algunos de los personajes resultan tan singulares que más parecen vividores que soldados.

La película resulta siempre amena, pero los últimos cuarenta y cinco minutos son trepidantes y fabulosos. Hay pocas películas bélicas de evasión tan emocionantes y bien llevadas como esta obra de Sturges que difícilmente no satisfará las exigencias de cualquier cinéfilo, pues aunque la fuga puede parecer un tanto desigual en su desarrollo, el director del film resuelve admirablemente la historia. No creo que nadie que haya visto la peli, pueda olvidar las escenas de la fuga frenética en moto de parte de Steve McQueen que creo que ya pasado con toda justicia a los anales de las más célebres del séptimo arte; y tampoco hay que olvidar las escenas de Garner y cia en el tren, el vuelo en la avioneta de pruebas nazi robada por Hendley y Blythe, el remar de Bronson y compaña, o meramente la escena de James Coburn leyendo el periódico en una terraza de París camino a España.

El final de la peli nos muestra a Hilts (Steve McQueen) que vuelve al campo y a va directo a “la nevera” de nuevo. Allí, saca su guante de béisbol y su pelota, y la lanza contra la pared. El guardia se gira para oír el familiar sonido de la pelota rebotando contra la pared.

Y como sabemos, la película es en gran medida un homenaje a los más de cincuenta oficiales tiroteados a sangre fría por sus captores tras el intento de huida, como represalia y por orden expresa de Hitler, con el mayor Roger Bushell al frente de ese pelotón. Tras la guerra se condenó, a diversas penas, a los participantes de los fusilamientos.

Hay un documental que cuenta los secretos de aquella monumental escapada. Los soldados aliados lograron huir del campo de prisioneros de guerra Stalag Luft III, situado en la actual Polonia, tras, efectivamente, excavar en secreto tres túneles de los que sólo se pudo utilizar uno. El Stalag Luft III era un campo de prisioneros alemán gestionado por la Lufwaffe en el que había alrededor de 2.500 oficiales de la RAF y cerca de 7.500 de la USAF, y otros pilotos de diversas naciones aliadas, llegando a tener 10.494 entre oficiales y suboficiales.

En el Diario ABC de 17 de Noviembre de 2012 se describe que Paul Brickhill, autor del libro en el que está inspirada la cinta, fue un piloto derribado en Túnez y trasladado a aquel campo, por lo que vivió esta aventura que el cine ha hecho célebre. E incluso el túnel por el que se fugaron los prisioneros ha permanecido intacto durante casi 70 años y con él los últimos secretos de la interesante historia de esta fuga. Un equipo de investigación de primer nivel, formado por ingenieros, arqueólogos e historiadores logró acceder en exclusiva al Stalag Luft III. Los responsables del programa consiguieron, además, un permiso para hacer excavaciones en el túnel conocido como Harry, con un plan especialmente ambicioso para descubrir todos sus secretos. Y se conocen igualmente historias verídicas de algunos supervivientes de aquel campo.

O sea, que más allá de la cinta existe una realidad que anima la historia, realidad dramática, como dramática fue la más cruenta y fatal guerra en la Historia de la humanidad: ¡que no se repita! En ello habremos de empeñarnos y ganar la paz día a día, para que la guerra, al fin, se convierta en un mal recuerdo para la Humanidad.

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