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La gran estafa americana

Por Enrique Fernández Lópiz

En esta película, un individuo astuto y con grandes dotes de persuasión, en definitiva, un estafador de pro (Christian Bale), junto a su también sagaz y tentadora compañera (Amy Adams), se ven impelidos a trabajar para un agente del FBI (Bradley Cooper), individuo vehemente e impetuoso que prácticamente los obliga a actuar contra el mundo, no exento de peligros, de la política y los mafiosos de Nueva Jersey.

Al principio el film advierte que la historia tiene visos de realidad. Y efectivamente, indagando un poco, el metraje está basado en el caso Abscan, caso real de una investigación de corrupción –aún controvertido– que se llevó a cabo de Jersey a Florida a finales de los setenta y principios de los ochenta, para obtener evidencia sobre ladrones y mafiosos, que también terminó siendo un caso de corrupción política, cuando funcionarios electos aceptaron sobornos. La polémica vino porque, como un abogado del gobierno dijo, era «una estafa dentro de una estafa», siendo que al parecer se violaron las directrices del Departamento de Justicia para las operaciones encubiertas, que incluyó el uso ilícito de dinero. La película ha generado cierta discusión sobre su fidelidad con los acontecimientos y personajes retratados, así como sobre las tácticas utilizadas por el FBI para atrapar a criminales y, “por accidente”, a miembros de la política. Y de otro lado, James Zogby, Presidente del Instituto Árabe Americano, ha abierto otra dimensión en el debate que él mismo considera: «ha sido ignorada», tanto por la película como por la prensa, al escribir un artículo sobre las implicaciones e impacto que tuvo el caso real en los estadounidenses de origen árabe y en su cultura. Pueden leer más extensamente estos datos en: http://www.enfilme.com/notas-del-dia/abscam-el-verdadero-escandalo-americano-detras-de-american-hustle.

Yendo más a la película, a mi modo de ver no es tan gran película como suele leerse en las elogiosas críticas de diferentes medios. Pero tampoco una obra desdeñable del todo. Es, ante todo, una película interesante y en cierto modo entretenida. Tiene una buena dirección de parte de David O. Russell y un guión bien elaborado del propio Russell y Eric Singer; buena fotografía de Linus Sandgren y un elenco de actores que cumple bien con su cometido, como ahora matizaré. En realidad hacen una decente interpretación coral del caso Abscan, caso al que me he referido antes.

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La trama se desarrolla con cierto atractivo y los ocurrentes diálogos de un guión de calidad, con interpretaciones que hacen creíble esta historia real de delincuentes, agentes poco ortodoxos del FBI, políticos buenos que resultan malos, otros realmente corruptos, y un desenlace en el que los personajes implicados deciden poner los pies sobre la tierra y rehacer sus vidas desde cierto grado de honestidad y buena ciudadanía.

Hay, no obstante, cierta acidez y mala idea en algunos de los episodios, aunque sin exageración, y es que la historia da para todo. Pero al final prevalece alguna forma de dobles intenciones, artimañas, jugosidad y diversión que no hay que olvidar, a pesar de que se da igualmente en pequeñas dosis.

Buenas interpretaciones de actores como Christian Bale, Amy Adams, Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Jeremy Renner, Michael Peña o Jack Huston, entre otros, sin olvidar la colaboración de Robert de Niro que, conjuntamente, hacen una buena orquesta actoral.

Sin embargo, considero el metraje muy largo (138 minutos), de los que sobran más de treinta; el final es bastante previsible y lo más destacable si cabe son las interpretaciones.

Quizá el principal mensaje del film sea una crítica a la no sinceridad, a la falsedad, a las apariencias en las personas y en la sociedad. Como que el sueño americano fuera en un alto porcentaje una falsedad y que, por ende, ello trae desgracia e infelicidad frente a falsas oportunidades y posibilidades que en apariencia la vida trae de forma sugerente, pero con una carga de fondo que mejor es evitar.

A la película le falta chispa, le falta emoción y le falta ante todo que el espectador se meta y sintonice con la historia, que es vista desde afuera, como mero espectador pero sin empatizar con la trama o con los personajes, que resultan en cierta manera artificiales y dramáticos, en el sentido teatral del término.

Me gusta ver todo tipo de cine, y a este fui un tanto engañado, como dije, por las buenas críticas, según mi criterio, pues el film merece sólo a medias esas buenas calificaciones. Y además, de nuevo volvemos a modelos éticamente reprobables. Ya sé que no todo ha de ser bonito o perfecto, pero es que en esta cinta, el único personaje aceptable, el buen Alcalde, es también condenado y destrozado por las circunstancias de la historia, ¿será realidad la historia?

En resolución, película lenta, poco atractiva, sin sabor, le falta ingenio y excelencia, le falta más causticidad y sarcasmo para con los “malos” y de parte de los “malos” y, pues, una especie de comedia agridulce sobre temas punzantes en este mundo de corruptela y depravación en que vivimos y con el que se habría podido hacer un mayor paralelismo.

Eso sí, me ha gustado la música de la época, entre otros los Bee Gees o Duke Ellington. Pero ni siquiera esto es una banda sonora sensu stricto.

Tanta paz como gloria; yo, por mi parte, no la volveré a ver, y mucho me temo que la olvidaré rápido, ¡le falta caligrafía y semántica cinematográfica!

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