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La gran boda

Por Jon San José Beitia

La gran boda podría haberse titulado fácilmente, la gran reunión, ya que reúne a cuatro veteranos ganadores del Óscar en una comedia fácil y simplona, donde olvidan su oficio y se limitan a hacer acto de presencia como ellos mismos.

El director y los guionistas piensan que con tener en el reparto a grandes intérpretes haciendo cuatro muecas, ya es suficiente para hacer reír. En este tipo de producciones todos salen ganando, la productora consigue el reclamo para el público al tener a veteranos intérpretes en su reparto y éstos engordan sus cuentas bancarias, para garantizarse una buena jubilación, algo que alguno ya debería planteárselo seriamente.

Los americanos exportan lo que ellos consideran cómico al resto del mundo, con este tipo de producciones que se limitan a explotar la fórmula mágica de contar con veteranos intérpretes que se ríen de ellos mismos.

Robert De Niro, ese gran actor que participó en grandes películas como El padrino II, Toro salvaje y tantas otras, regalando interpretaciones memorables. Se ha encasillado en el papel de padre de familia.

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Desde su participación en comedias ligeras y, sobre todo, en Los padres de ella y sus innumerables continuaciones, ha terminado por repetir este tipo de papel en demasiadas ocasiones, las dos últimas en El lado bueno de las cosas, que le valió como nominación al Óscar a mejor actor secundario, y ésta que nos ocupa, La gran boda.

Tenemos a Diane Keaton y Robin Williams, habituales de este tipo de comedias ligeras en las que hacen de ellos mismos. Se suma a la fiesta y a la modalidad de secundario de lujo Susan Sarandon, que ha visto el filón que supone participar en este tipo de producciones.

El argumento, si es que lo hay, abusa de los enredos y se basa en ellos, como forma de generar situaciones supuestamente cómicas, pero que terminan por resultar forzadas.

La película tiene el perfil de telefilm de sobremesa, ideal para conciliar el sueño y despertarse a su término.

Analizando La gran boda, se encuentran numerosas similitudes con el tono cómico de Los padres de él  y Una jaula de grillos, en la que curiosamente participaron también Robert De Niro y Robin Williams.

La película no es una obra maestra, ni pretende serlo. Simplemente trata de ofrecer un entretenimiento banal y ligero, sin maldad, con el único propósito de hacer pasar un rato agradable, que lo consiga o no depende del nivel de exigencia del público y de su sentido del humor.

Jon San José Beitia

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