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La Gran Belleza

Por Alejandro Arranz

-Paolo Sorrentino presenta la obra más fastuosa, profunda y artística de este año cinematográfico; metafórica orgía visual cuyas escenas iniciales deberían estudiarse desde ya.
-Un irreverente, eufórico y también soberbio estudio de personajes; un profundo retrato del ser humano que ahonda en la esencia de la vida de formas totalmente nuevas.

Paolo Sorrentino vuelve tras Un Lugar donde Quedarse para presentar su nuevo proyecto, una sátira sobre la existencia a través de los ojos de un trágico personaje en el escenario de la vida. La Gran Belleza ha sido una de las películas más alabadas y galardonadas del año, y no hace falta ver más que la primera escena para saber el porqué, es una de las películas más hermosas de los últimos 20 años.

Una de las escenas iniciales más excepcionales que se hayan podido ver, en a penas 20 minutos el cineasta da una clase maestra de como abrir el telón, presentando a todos y cada uno de los personajes en medio de una de las fiestas mejor rodadas de la historia del cine y descubrir al personaje protagonista de la forma más memorable que vayamos a ver este año. Ni la furiosa genialidad de Martin Scorsese en tres horas es capaz de igualar lo logrado por Sorrentino en esos veinte minutos pero, ¿para qué quedarse con veinte minutos, si podemos disfrutar de 140 gloriosos minutos de poderío cinematográfico sin igual?

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Una película que no va sobre nada en particular y que al mismo tiempo va sobre todas las cosas: habla sobre la vida y todos los matices que la completan, el amor y el desamor, la melancolía, la mentira, la obsesión, la frivolidad, el desdén y tantas otras cuya última instancia es la llegada de la muerte. Todo tratado desde la creatividad y el humor más portentoso que haya logrado nunca Sorrentino, háblese también de dominio, pues el propio director consigue a base de diminutas pinceladas dar pie a más y más temas y profundizar en ellos con maestría y la parcialidad de la comedia, al mismo tiempo convierte incluso al personaje más secundario en complejo y lo utiliza de medio para ahondar en la esencia del ser humano. No son esos todos los méritos de Sorrentino, pues el director napolitano (con ayuda de su habitual colaborador Luca Bigazzi) colma su tragicomedia de imágenes hermosas hasta agotar al espectador; qué más se puede decir de una película destinada a perdurar y que se coloca a la cabeza de mi lista de mejores películas del año, consiguiendo superar con presteza, a una rival que era sumamente difícil de derrotar; qué maravilla de película.

La Gran Belleza no consiste meramente en un hipnótico festín visual, es una película compleja y reflexiva que logra una sublime armonía en todos los apartados del filme, desde la música, que se define como otro elemento principal de la historia en su intento por ayudar a transmitir el sentir de las imágenes, hasta el fascinante guión, cuya apasionante estructura narrativa hace imposible adelantarse y cuyos magníficos diálogos (llenos de ironía y humor punzante) son puro placer fílmico. Queda para el recuerdo el personaje de Jep Gambardella, su melancolía, su persecución de un sueño no cumplido, su cinismo y todo él, que se vuelve aún más grande al lado del otro personaje importante de la película, la propia ciudad de Roma.

Cuando digo que todo el personaje queda para el recuerdo me refiero también a la interpretación de Toni Servillo, que construye y desarrolla al personaje de Jep con opulenta perspicacia y precisión; el resto de actores también realizan sus respectivos papeles con eficiencia, destacan Carlo Verdone y Sabrina Ferilli -entre otros-.

Finalmente, el director Paolo Sorrentino crea la que seguramente sea su mejor película, una bella obra de arte que atraviesa los límites de la razón para llegar a la esencia de la vida, mientras se ríe de todo lo que hay a nuestro alrededor, de lo mundano que es todo lo que le importa a la gente y lo huecas que están esas mismas personas. Al final toda la belleza está en las raíces, en la nostalgia de esos pequeños momentos de felicidad que encontramos durante esta vida sin importancia en la que no hay nada más que auto-engaño, pues como bien dice Jep al final: «Todo es un truco, nada más que un simple truco.» Puede que todo sea cierto, pero La Gran Belleza permanecerá en mi recuerdo como la imagen de los pechos de Elisa en la mente Jep, como uno de esos momentos de felicidad que encontramos durante esta vida mundana. ¡Qué placer tan intenso ver esta película!

Alejandro Arranz

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