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La gran apuesta

Por Alejandro Arranz

-Una de las películas más atrevidas, inteligentes y necesarias del año. McKay te explica los motivos de la crisis, la historia de como unos desgraciados codiciosos se cargaron un mundo empeñado en autodestruirse.
-Guión y dirección fluyen conjuntamente a un ritmo endiablado e impecable, el estupendo reparto se encarga del resto.

¿Puede la economía ser divertida? Por supuesto que sí. ¿Puede serlo también hablar de como millones de personas perdieron sus empleos, sus casas, a sus familias, etc? Adam McKay ha logrado que así sea, con una película tan indignada como preparada para transmitir su sentimiento con el mejor de sus aliados, el humor. Un humor agrio, negro, incómodo y “glacial” para ser exactos. Pero vayamos al quid de la questión. Muchas películas han tratado el tema de la Gran Recesión, también conocida como la crisis mundial que comenzó en 2008, cada cinta lo ha hecho a su manera y en su género, así tendríamos ejemplos de todo tipo y con diferentes puntos de vista: The Company Men, El Capital de Costa-Gavras y más claramente Margin Call de J.C. Chandor o el escalofriante documental Inside Job -entre otras-. Todas ellas tienen temas, miradas y reflexiones en común pero son filmes bien distintos, en dos de ellos a penas se habla de las causas de la crisis, en las dos últimas, no se observa una simplificación de la información para un público medio; sin embargo el director Adam McKay ha hecho algo que nadie parecía dispuesto a hacer, explicarle a toda esa gente que aún no entiende lo motivos de la crisis, que mierda fue lo que pasó. El guión viene firmado a dos manos, la del propio director y la de Charles Randolph (Amor y otras drogas, La vida de David Gale), y está basado en el libro homónimo de Michael Lewis, siendo ésta la tercera adaptación de sus obras tras The Blind Side y Moneyball. Por último, para contarnos de primera mano semejante algarabía, tenemos un sensacional reparto de estrellas, entre las que se encuentran: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, Brad Pitt, Jeremy Strong, Marisa Tomei, Melissa Leo, Margot Robbie y un largo etcétera.

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Todo el mundo considera para bien o para mal esta propuesta, como una secuela espiritual de El lobo de Wall Street, y aunque es cierto que McKay aprovecha lo mostrado por Scorsese para ir varios pasos más allá, no creo que ambas películas tengan el mismo espíritu. Ambas son muy críticas, ambas tienen un ritmo enloquecido y ambas juegan con el humor negro, pero creo que The Big Short me enfada más. El filme de Scorsese tenía la misma furia, pero la fiesta se pasaba volando, sus risas provenían de un humor negro puro, sin embargo el filme de McKay no se me pasa volando (no lo digo como algo malo). Medito sobre cada diálogo, me cabrea todo lo que ocurre aunque me lo esté pasando bien, el humor aunque tenga el mismo origen y el mismo objetivo, es diferente, está viciado con otros sentimientos enfrentados, es más siniestro, no tienes claro que debas reirte aunque lo hagas; en realidad McKay y Randolph están hablando con suma seriedad. A casi todos nos ha sorprendido que McKay -dado su curriculum- haya logrado que esta película funcione tan bien, y es precisamente el haber mantenido su estilo, lo que ha conllevado ese triunfo. Me explico, ese humor sinsentido, disparatado, absurdo y excesivo que caracteriza el cine de su director, le viene a esta historia como anillo al dedo, es increíble que todo esté contado en ese tono de farsa surrealista pero que en realidad esconda tanta triste y terrible veracidad. Bajo esa negrura humorística, bajo esa mirada sarcástica y esa comedia agria, hay muchísima seriedad (mucha más de la que se ve a simple vista), por la gravedad de lo que se cuenta. He aquí una de las mejores y más lacerantes tragicomedias de los últimos años.

El ritmo del filme está permanentemente enloquecido, continuamente está ocurriendo algo importante y en ciertos tramos puede llegar a agobiar a cierto tipo de público. McKay se sirve de algunos excelentes trucos narrativos y visuales para explicar lo fundamental del tema al gran público, al mismo tiempo que juega con ingeniosas ironías. No obstante las partes no tan fundamentales son más difíciles de seguir, en especial sus rapidísimos diálogos repletos de jerga financiera, sin embargo el director en lugar de pararse a explicar cada detalle, prefiere que la exposición sea a través de todo ese contexto (entorno si se prefiere) mostrado y desarrollado en la película, que sea ese conjunto incendiario el que explote en la cara del espectador a modo de explicación perfectamente construida y comprensible, y hay que decir que lo logra con nota. El guión está muy bien escrito: es ágil, complejo, rico en detalles, con un modelo narrativo claro y funcional, simplificado con ingenio y sentido del humor en las partes necesarias e irónicamente es realmente económico con sus elementos, los aprovecha con habilidad y mucha eficiencia. Ambos guionistas saben atacar donde duele y no tienen reparos en hacerlo, en esta escabechina no se salva ninguno de los despreciables personajes que aparecen en pantalla retratando el cinismo, la codicia y la inhumanidad que anega Wall Street. Unos personajes perfectamente definidos en un par de pinceladas, porque no hay que confundir como hizo “Margin Call”, desarrollar a un personaje para que no sea plano, con humanizar lo inhumanizable. El reparto está muy bien escogido, resultan creíbles pero con el toque justo de exceso que justifica el filme, si tengo que elegir me quedo con el trabajo de Bale, fantástico como siempre. Por último queda hablar del trabajo tras las cámaras de McKay, una dirección vigorosa y con carácter que se ajusta a la perfección a los requerimientos del guión, una cámara libre que transmite entre muchas otras cosas la ansiedad y el superávit, mucho material de archivo radiografiando la evolución de la sociedad moderna, constantes rupturas de la cuarta pared; todo ello con un estilo personal y muy estético que también consigue que el espectador nunca aparte la vista de la pantalla. Además un preciso y dinámico trabajo de montaje que le pone el broche de oro a la película.

Donde Margin Call me decepcionó, La gran apuesta me sorprende gratamente. Es una película que sabe como entretener, como mover a reflexión y en especial sabe como golpear. McKay nos sube a su ring y nos golpea con un humor arriesgado pero tremendamente efectivo, que aterra, que atraganta. Porque aunque sólo entiendas el grueso del filme, seguirás pensando largo tiempo en la terrible historia que te ha contado esta película. Moderadamente transgresora, incómodamente divertida, sobradamente atrevida y absolutamente necesaria; “La gran apuesta” es un inteligente y osado triunfo cinematográfico calibrado como un reloj suizo, o si se prefiere, una de las películas más importantes de los últimos años.

Alejandro Arranz

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