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La gente cree lo que quiere creer

Por Adrián Pena

La gente cree lo que quiere creer, con ese lema presenta David O. Russell su nueva cinta, American Hustle o como, desafortunadamente, han decidido titular aquí, La gran estafa americana (en ocasiones es mejor dejar las cosas como están).

Y la verdad es que no podía estar más de acuerdo con la frase citada por Christian Bale en la cinta; la gente cree lo que quiere creer y, en este caso, la crítica y los jurados de los grandes premios creen lo que quieren creer. Creen que American Hustle es una gran cinta y creen que David O. Russell es un gran director y, lo peor de todo, pretenden hacérnoslo creer a nosotros también, unos simples espectadores, fáciles de manejar con comentarios positivos para acudir en tropel a las salas a ver una cinta cuyo mayor y verdadero reclamo son sus actores.

Ahí es donde reside el verdadero potencial de American Hustle, en su reparto coral, que lejos de ser mala no es ni de lejos una firme candidata a ganar el Oscar, al igual que su director de orquesta, un buen director, que no grande, que conoce muy bien sus puntos fuertes y los explota. Es decir, explota a esos cinco talentosos actores que conforman el envidiable cartel y los coloca en la carrera por los Oscar (a cuatro de ellos); y ya van 3 de 3 películas, en las que al menos tres de sus protagonistas reciben nominación a la prestigiosa estatuilla, siendo al menos una cada vez el vencedor. Ahí es donde reside el verdadero talento del director, engrandece sus filmes con soberbias actuaciones, hace creíbles historias que, sin llegar a ser verdaderamente excepcionales, se cuelan de manera notable en la lucha por los Oscar.

En lo que a esta cinta respecta, no es ni de lejos la mejor de su carrera, por mucho que se empeñen a inflarla a premios y nominaciones. Diez nominaciones a los Oscar me parecen excesivas, American Hustle no es mejor cinta que Rush o Prisioneros, ni David O. Russell ha hecho una mejor dirección que Ron Howard (Rush) o Paul Greengrass (Capitán Phillips), ni siquiera Bradley Cooper merece estar en el quinteto que opta por la dorada estatuilla, el tipo está bien, pero no para desplazar a un mejor Daniel Brühl por la puja. Incluso la candidatura a Mejor Guión Original me parece que no cuadra. Pero qué le vamos a hacer, así son los Oscar, nunca llueve a gusto de todos; ya veremos cuando se reparta la suerte.

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En cuanto a la historia, se nos presenta a un timador y su peculiar sueño americano, Christian Bale, un tipo fondón con ligeras dificultades para andar y respirar, pero con una facilidad pasmosa para la estafa. Junto a él su amante, una espectacular Amy Adams, una chica con las mismas facultades pero con el poder seductor femenino. Ambos forman una sociedad perfecta para hacer pasar el dinero de bolsillos ajenos al suyo, hasta que un buen día un federal, Bradley Cooper, les pilla con las manos en la masa y les pide colaboración para participar de ganchos en un caso de corruptela política, todo a cambio de que no entren en la cárcel. A partir de entonces es cuando aparece el caso Abscam -un escándalo tipo Gürtel- que salpicó a senadores, políticos y mafiosos en la América de los 70.

Adams y Bale están fabulosos en su rol de estafadores, no me extraña que les nominen al Oscar, gracias a ellos podemos disfrutar de una cinta que no sería del mismo nivel sin su presencia en pantalla. Cooper y Renner están bien y cumplen más que de sobra en sus papeles. Pero la auténtica reina de esta fiesta es Jennifer Lawrence, la joven actriz encarna a la alocada e inestable mujer de Bale, y se apodera del show sin ni siquiera formar parte de la trama principal. Su presencia es un goce, sus momentos en pantalla son los mejores y es su personaje el que consigue sacarnos alguna sonrisa (de otra manera no entendería que esto es una comedía). Tal vez el problema del film sea ese, que el verdadero brillo del mismo no se encuentra en la trama principal. No hay una escena verdaderamente memorable y las que están más cerca de serlo están encuadradas dentro de las subtramas. Una lástima, de verdad, porque me esperaba una cinta superior a lo que encontré, a pesar de no ser mala.

Otros factores, que juega a favor de la cinta son la excelentemente seleccionada banda sonora, la ambientación y el vestuario. Complementando de modo inmejorable una película entretenida.

American Hustle, tal vez llegue un poco tarde a nuestros cines. Creo que el estreno de El Lobo de Wall Street puede perjudicarla a ojos del espectador, porque a pesar de que O. Russell mama directamente del cine de Scorsese en este film, no ha sabido mostrarlo con la maestría y el talento del italoamericano. El descaro y el atrevimiento no son señas de identidad de un film bueno, pero no brillante; es ágil y aguda pero no tan inteligente como cree ser y nos quieren hacer creer. Al termino del film mi gran pregunta era, ¿es David O. Russell un artista o un estafador? Juzguen ustedes.

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