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La génesis de la incoherencia

Por Javier Fernández López

Me pregunto si en Hollywood son conscientes de lo que hacen, tanto por lo bueno como por lo malo. Me pregunto si miramos lo suficiente al pasado para no cometer los mismos errores en nuestro porvenir. Dije en mi artículo sobre Terminator 2: El juicio final, en base a su historia, que “el hombre era testigo de su propia destrucción a manos de una ambición que lo llevó a querer ser más que un dios”. Hice una lectura de la película más allá de todo eso, quería comprender realmente aquellos créditos de inicio con el parque ardiendo. Y volví atrás en el tiempo, al momento en el que aún me preguntaba cómo era posible que Kyle Reese fuese el padre de John Connor, y entonces me hice otra pregunta: ¿tuvo John Connor algún padre, en cualquier otro momento del espacio-tiempo, que no fuese Kyle Reese? La respuesta viene de la mano de las paradojas temporales, pues precisamente por ser lo que son, una paradoja, la respuesta no deja de ser algo que te choca, hasta que al final lo vas comprendiendo. Nunca hubo otro padre distinto a Kyle Reese, pues sólo es posible que John Connor a partir de Kyle Reese, su único y verdadero padre, un soldado enviado al pasado por su propio hijo. Todo es un círculo que se va repitiendo sobre esta línea que llamamos “vida”. Y la grandeza de Terminator 2: El juicio final es que al final lograban salir de ese círculo, vencían al propio tiempo, no a Skynet. Lograban cambiar su destino.

Profundizas hasta ver que John Connor es causa de sí mismo al enviar a su padre al pasado para así poder nacer, pero si algo nos han enseñado muchos filósofos, como Aristóteles, es que el único ser que podría ser causa de sí mismo es Dios, por lo que John Connor es Dios en esta historia. ¿Y si miramos al otro lado? Mucho se ha discutido sobre si Kyle Reese fue siempre el padre de John Connor, pero qué hay de Skynet. Nos cuentan en la película que Skynet nace a partir del chip del primer T-800 enviado al pasado en Terminator, la primera entrega de la saga. De nuevo, nos encontramos ante un caso idéntico al anterior, sólo que ahora es Skynet quien es causa de sí mismo, pues es Skynet quien manda el T-800 al pasado. Entonces, ¿Skynet es Dios al ser causa de sí mismo? ¿Una máquina puede ser Dios? Quizá éste sea el auténtico relato de terror en la película, la muerte de Dios mostrada a través de un holocausto nuclear, la inocencia del hombre corrompida por jugar demasiado con aquello que no conoce. Dios ha muerto por jugar con el tiempo al lanzar el dado en dos direcciones opuestas, pero en el mismo tablero. ¿Y qué había después de su muerte? La posibilidad de elegir, de decidir, de ser libre.

terminatorgenisys2

Y ahora aparece una quinta entrega, algo llamado Terminator: Genisys. Después de hacer que una de las mejores películas de la historia fuese en vano gracias a Terminator 3: La rebelión de las máquinas por aquello de “el destino es inevitable”, ouno simplemente lo terminó aceptando porque había unos cuantos que deseaban que la saga llegase al momento de la guerra, al futuro. De acuerdo, tuvimos otra del género slasher pero más cutre. De esperar, no estaba James Cameron detrás de las cámaras ni de la producción. Luego llegó Terminator Salvation para intentar mejorar lo anterior, pero sus buenas intenciones no se reflejaron del todo en la pantalla grande. No obstante, como película me parece algo más que aceptable, salvando las distancias con las dos primeras películas de la saga. Finalmente el proyecto de una quinta entrega recae en las manos de un tipo que es famoso por dirigir algún capítulo de Juego de Tronos y de Los Soprano, además de dirigir la excelente Thor 2 (nótese la ironía). No es que uno fuese con prejuicios, eso jamás. Ya está bastante aprendida la lección desde hace años, cuando fui el primero en no ver con buenos ojos la elección de Heath Ledger como el Joker. Desde entonces, guardo paciendo para soltar mi juicio sobre algo. El problema es que ni las primeras fotos del set de rodaje ni las primeras imágenes promocionales ayudaban, ni tampoco el reparto escogido, ni el hombre encargado de la banda sonora (apadrinada, aunque no compuesta, por Hans Zimmer). Y finalmente llegan los trailers, los avances promocionales, y tu cara es la de un niño decepcionado porque le han regalado lo que no quería en su cumpleaños. Acabas destrozado por completo, viendo tu infancia corriendo lejos, muy lejos, yéndose a otra parte, quizá a otro tiempo distinto al tuyo. Sigue apareciendo más material promocional que te escupe a la cara, ya ni escoden las “sorpresas” como convertir al profeta salvador de la humanidad en el villano de turno, hasta que ves esto:

https://www.youtube.com/watch?v=OPhpNdBH_Ks

El señor James Cameron me dice que ésta es la verdadera secuela de Terminator y Terminator 2: El juicio final. Mi VHS de Titanic y el bluray de Avatar comienzan a temer por su vida a partir de ese momento, pues puede que su destino estuviese escrito desde hace mucho, muchísimo tiempo, pero incluso yo lo ignoraba. Su destino los llevaría a la basura. Pero te calmas, te tranquilizas lo suficiente como para recoger la fuerza necesaria para ver, finalmente, Terminator: Genisys.

¿Por qué el rechazo antes de ver la película? Porque todo lo anunciado carecía de sentido y de coherencia. Buscando información, al final acabas dando las declaraciones del director, Alan Taylor, y de los guionistas Laeta Kalogridis y Patrick Lussier. Están de acuerdo en algo: su producto está incompleto y carece de sentido. Por lo cual, en vez de moverse a través de la solemnidad o la trascendencia del relato original, incluso dejando de lado los momentos más operísticos, ves una cinta que se mueve por los terrenos más gratuitos del mundo. Y lo peor de todo es que este “reinicio” que pretende esta quinta película de la saga a través de su propio argumento no se explica en ningún momento. Lo que en realidad sucede es que se está intentando justificar de la manera más ruin posible, e incluso en los momentos en los que de verdad necesita justificarse, el film lo evita pretendiendo algo de misterio.

La mitificación del personaje de Sarah Connor se desvanece con los nuevos viajes en el tiempo. Su carácter, su vulnerabilidad, su fuerza, todo queda en nada, porque Emilia Clarke pretende ser algo que no puede ser con este papel, porque está muy lejos de conseguir lo que hizo Linda Hamilton. Ya no es el 1984 que conocemos, así que no podemos ir a bailar o tomarnos una copa en el Tech Noir. Tenemos que conformarnos con el nuevo Kyle Reese encarnado por Jai Courtney. Y no es que pretenda, ni mucho menos, ser purista con esta saga. Si mañana me anuncian un remake al uso, no tendría problema alguno. Pero estamos ante una mala película, con un mal reparto y pésima en el apartado técnico. No es más espectacular que lo que vimos hace más de 20 años. Y por supuesto está lo de Arnold Schwarzenegger, quien ya debería aceptar que sus años ya han pasado y no está para papeles de este tipo.

Si quería una película en la que al final todo se reduce a persecuciones y explosiones, lo mejor es contratar al verdadero maestro en ello, Michael Bay. Por lo menos en ese apartado habrían conseguido un producto sólido con ese presupuesto. En cambio, tenemos unas escenas con helicópteros que dan vergüenza ajena.

No hay más palabras para esto, salvo que James Cameron pida perdón por ese vídeo promocional. Estamos ante la película de Terminator que autotermina con la saga. Si algo han conseguido con Genysis, aparte de crear más desconfianza con futuras superproducciones, es hacer que Terminator 3 y Terminator Salvation sean mejor de lo que parecían. Porque a Genysis no la salva ni las escenas sacadas de la original Terminator. Si querían que nos pusiéramos melancólicos, al menos con un servidor se han equivocado al completo.

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