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La fiesta de las salchichas

Por Alejandro Arranz

-Todo lo incorrecta, obscena y grosera que prometía ser y algo más. Este equipo ha creado una película que te dará ganas de todo, menos de comer.
-Bizarrada existencialista tan pasada de rosca que uno se echa las manos a la cabeza. Esta fiesta se mueve entre guiños, homenajes, reformulaciones y gags controvertidos.

Termino “La fiesta del cine” con La fiesta de las salchichas, puedo poner algunas pegas a semejante experimento pero la verdad es que no había manera más destructiva y alucinógena de concluir. Lo que podía hacer un equipo formado por Evan Goldberg, Seth Rogen, Jonah Hill, Kyle Hunter y Ariel Shaffir -entre otros-, lo tenemos todos bastante claro. Pero la animación es un mundo que se rige por otras normas, y la verdad es que los límites de ese mundo aún están por delimitar. Estos chicos han decidido poner a prueba esos límites al tiempo que observaban hasta donde podía llegar su humor sucio en el trayecto. Para darle vida a sus perturbadoras ideas están los directores: Conrad Vernon y Greg Tiernan. Lo que ha surgido finalmente de muchas horas de trabajo ha sido algo divertido, algo diferente y en alguna medida, relevante. El problema es que cuando estoy visionando la película, ni parece tan divertido, ni tan diferente, ni tan relevante.

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Aunque la película podía haber fracasado en cuanto su premisa diera el salto hacia el prólogo, los responsables han sabido ser los suficientemente irresponsables para elaborar algo tan impredecible como genial. La canción inicial ya es una tentativa de sondear a un público que no sabe hasta donde puede llegar una historia que para sorpresa de un servidor, tiene mucho más qué contar de lo que puede parecer, y que aprovecha estupendamente los elementos de su simplona narración. La canción doblada es una pena, porque se entiende más bien poco de lo que canturrean los alimentos. No obstante, el concepto general se comprende, resulta tener importancia argumental y deja interesantes interpretaciones como el resto de gags y guiños al cine que se irán sumando para construir una fastuosa broma teológica/metafísica en la que además de dios y el existencialismo, entran todo tipo de temas desde la comunicación o la sociedad moderna, hasta el resentimiento de los nativos americanos, la sexualidad, la muerte, la inmigración o la lucha israelí-palestina. Así que la narración es una excusa para que los constantes gags den forma a una broma de mal gusto pero muy inteligente y rica en contenido, ademas son precisamente los gags en su búsqueda de llegar más allá en chifladura, los que hacen imprevisible el siguiente golpe, y no una narración bastante esquemática. Uno de los problemas de ésto es que a la larga parece que la película va quedándose sin artillería y empieza a sentirse un poco pesada y reiterativa, un sentimiento que enfatiza esa preocupación exacerbada por ofender, traumatizar y convulsionar al público en cada minuto. Pero cuando la película ya lleva un rato sintiéndose más convencional de lo que gustaría, llega un climax tan bastardo, trastornado y denunciable que uno no sabe si partirse el culo de risa o encomendar su vida a dios. Entonces el espectador recuerda el mensaje de la película, y decide que partirse el culo suena más apetecible.

La fiesta de las salchichas es diferente y divertida tan solo dentro del marco que ella misma se permite. Porque si bien es cierto que va más allá, lo hace siempre dentro de unos límites impuestos. Es una película ingeniosa (más interesante que graciosa) y con más que decir que la mayoría del género. Es distinta y alocada por fuera, pero en su interior es una película domesticada cuyo único objetivo -obsesivo- es agradar a su público. Un experimento curioso y moderadamente exitoso, pero no una gran película.

Alejandro Arranz

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