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La “falta básica” y la necesidad de redención

Por Enrique Fernández Lópiz

Ayer tuve oportunidad de ver Tierra de ángeles del director sueco Kay Pollak. Pollak dirige con entusiasmo y un tempo pausado no apto para cualquiera, este film que en ocasiones llega a hacerse algo pesado, pero que tiene, empero, valores importantes que ahora comentaré. Tiene la cinta un guión con dramatismo, detalles y matices escrito por el propio Kay Pollak junto a Carin Pollak y Margaretha Pollak. Excelente fotografía de Harald Gunnar Paalgard que se recrea en la belleza de los paisajes nórdicos de invierno y primavera, al mismo tiempo que a las dinámicas de grupo y a la expresión corporal colectiva, filmando en ocasiones con la cámara al hombro. Y una música muy llamativa de Stefan Nilsson, música envolvente, suave, espiritual diría yo, con la memorable escena final cuando el coro hace una interpretación colorista y sin letra que emula el canto de los ángeles. Incorpora fragmentos de composiciones clásicas (Wagner, Bach, Vivaldi, Schubert, Bruckner, Mendelssohn, etc.).

El reparto es bueno, profesional y con actores de primer orden donde destaco a Michael Nyqvist como protagonista principal en un rol convincente. Frida Hallgren muy sugerente y atractiva. Y acompañan a estos dos principales actores un conjunto de intérpretes de reparto encomiable y de gran talento para la actuación conjunta como Helen Sjöholm, Lennart Jähkel, André Ajöberg, Mikael Rahm, Ulla-Britt Norman-Olson, Ylva Lööf, Barbro Kollberg o Lasse Petterson.

La película comienza con imágenes retrospectivas de un niño tocando el violín en un pequeño pueblo, en un bello escenario de trigales extensos. Es en ese escenario cuando el pobre niño es brutalmente golpeado por sus compañeros de escuela. De esta guisa, su madre, a la sazón viuda, decide llevarse al hijo a la capital donde se convertirá en Daniel Daréus, protagonista de la historia. Daréus se ha convertido en un afamado violinista y director de orquesta que a pesar de haber llegado a la cumbre de su carrera, se siente miserable, solo y cansado, entre otros, por el peso de la fama y el trabajo. En un concierto, Daréus sufre un infarto de miocardio y decide cerrar el capítulo de afamado director y regresar al pequeño pueblo donde nació y vivió de niño, al norte de Suecia, en un lejano lugar.

Obviamente su llegada significó todo un revuelo en el pueblo, siendo objeto de curiosidad y fascinación entre sus habitantes. Los lugareños, haciendo acopio de valor deciden visitarlo en la antigua escuela donde se ha instalado, para pedirle consejo con relación al pequeño coro de iglesia que tienen organizado. Al principio Daréus se muestra remiso, pero finalmente acepta su responsabilidad como director del modesto grupo musical. Esto no evitará habladurías e incluso enfrentamientos con el pastor protestante que regenta la iglesia.

Premios y nominaciones en 2004: Nominada al Oscar: Mejor película de habla no inglesa. Premios Guldbagge (Suecia): 8 nominaciones.

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Algunos han querido comparar esta película con Los chicos del coro, 2004, de Christophe Barratier. Pero la verdad, nada tiene que ver. En esta obra se hace un esbozo psicológico, diría yo, de un personaje enigmático y con un interior vacío de afectos que es Daniel Daréus (Nyqvist). Daniel, cada vez que le preguntan la razón de su vuelta dice que es para “escuchar”. A mí el protagonista me recuerda el concepto denominado la “falta básica”, enunciado por un conocido psicoanalista de nombre Michael Balint. Según Balint, algunas personas experimentan una especie de defecto o carencia interior que se origina en la más temprana infancia por disfunciones en el cuidado materno. Se trata de consecuencias diferidas de la primera relación entre dos: madre e hijo, cuya fuerza dinámica suele aplicarse a cierta forma incapacidad para “enderezar las cosas” y sentir amor. El protagonista sufre esta especie de “vuelta atrás”, de “regresión”, lo cual hace que él no pueda establecer vínculos adultos con otra persona, más concretamente con una mujer. Pero esta “falta básica”, esta deficiencia, necesita repararse, algo que el protagonista conseguirá finalmente en el film.

Daniel, soltero, solitario, reservado e idealista tiene un comportamiento que dista mucho de su fama. Y además es un hombre sencillo y honesto, y bajo su dirección, el coro reverdece, aumenta el número de sus componentes y mejora la calidad de sus interpretaciones. Además, Daniel utiliza métodos heterodoxos en los que invita a los componentes del coro a buscar su genuino tono, a través de la liberación de sus tensiones y emociones. Es por ello que la interacción entre director y coristas provocará cambios psicológicos en muchos de ellos.

En esta película se presenta a un hombre que desconoce el amor, como decía. Su amante madre, con la que de niño tenía un vínculo muy estrecho, falleció siendo él un adolescente de manera dramática. Esa circunstancia, su vida con la falta de una figura paterna y su focalización en la música y el trabajo, han conducido a Daniel a un colapso presidido por un enorme vacío interior y la búsqueda de afecto. Esta película por lo tanto, hibrida drama, música y romance, lo cual enlaza con el concepto de “falta básica” a que antes me refería.

Daniel ha comprado y ocupado, como decía y curiosamente, el antiguo edificio de su antigua Escuela a modo de vivienda. Además, en la película, su asfixia afectiva conecta igualmente con el aislado y pequeño pueblo de su niñez. Un pueblo donde los únicos acontecimientos son los pequeños hechos que presiden cotidianamente a una comunidad encerrada y “profunda”. Y ya se sabe: “Pueblo pequeño, infierno grande”, o sea, un contexto en el que se manifiestan envidias, celos, sospechas, rumores, secretos a voces y falsas suposiciones, que avivan y expresan rivalidades, antagonismos y enemistades. Quiero en este punto recordar que ante este tipo de rumores y chismorreos, el gran Sócrates sugería, que estos comentarios había que pasarlos por tres filtros: el filtro de la VERDAD (la seguridad de que es cierto); el filtro de la BONDAD (si el comentario es bueno, positivo, o no –en cuyo caso hay que rechazarlo); y el filtro de la NECESARIEDAD (es decir, si es preciso o urgente contar el tal comentario). Lo digo porque el protagonista aplica en cierto modo sin aludir a esto que comento, este sabio consejo, actuando sinceramente, con transparencia, y desde la veracidad y la honradez. Este es un elemento muy pedagógico del film, contra esas maneras destructivas de calumnias, chismorreos y habladurías que pueden destrozar a un prójimo/a. Hay también en la película la enseñanza de otro refrán en el mismo sentido de estar en un pueblo: “Adonde fueres, haz lo que vieres”; es decir, acomodarse lo más posible a la política y costumbres del lugar.

De otro lado la película tiene mucho que ver con la necesidad de reparación y redención. La necesidad de Daniel de hacer algo por los demás, de emplearse en algo que ayude o colabore en el bienestar o la felicidad de los otros, de un lado; y de otra parte, la búsqueda del amor, como decía antes, la búsqueda del afecto que él desconoce. Él, en una relación inicial e ingenua con una bella joven del coro, siempre le pregunta cómo se sabe que una persona quiere a otra. Para él es como iniciarse en un lenguaje que desconoce.

Y también la película habla de la liberación de los “malos espíritus” (malos pensamientos y emociones parásitas) que habitan en el propio protagonista y en los componentes del coro, y también en otros personajes, como es el caso del pastor protestante del pueblo, concretamente de la Iglesia Luterana Sueca. Lo cual que toca igualmente el tema de la religión, yendo contra los trasnochados prejuicios y viejos valores, y el manido mensaje de pecado, culpa y perdón. Lo cual que hay una severa crítica a los comportamientos clericales dirigidos por el afán de dominio y control social.

Y analiza igualmente otros capítulos tan en boga como la violencia de género, la cultura de la complicidad en asuntos supuestamente privados que requieren soluciones del colectivo en su conjunto, o el mal trato infantil.

De igual forma el film es un canto a la amistad, la tolerancia, el cariño, la ayuda, y sobre todo muestra con un tono bello y suave el efecto terapéutico de la música, cómo la música mejora las relaciones con los demás, mejora la autoestima, alivia la ansiedad, colabora en la auto comprensión y el conocimiento de los demás, y también y principalmente, la enseñanza de que la música tiene valor en sí misma.

El relato es fluido, con un ritmo templado y un tempo sostenido en el aire con delicadeza, que equilibra bien los bellos exteriores con las escenas de interior, y la música que concatena con los estados de ánimo y las diferentes situaciones dramáticas o festivas del film.

Es una película humanista, positiva, que alzaprima el valor de la comunicación, incluso cuando el director de orquesta no está, como se ve al final. Y apunta acertadamente, desde mi modo de ver, a elevar la confianza en las personas y en la capacidad colectiva para brindar soluciones a problemas cotidianos comunes. Una película en suma, recomendable.

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