Image Image Image Image Image Image Image Image Image

La España cainita de postguerra en una obra emblemática

Por Enrique Fernández Lópiz

Esta conocida película, La Caza, narra el episodio de tres amigos y un joven que les acompaña, que van a cazar conejos a un coto que fue escenario de una batalla durante la Guerra Civil española. Son hombres de mediana alta y todos pasan por momentos conflictivos y difíciles en sus vidas privadas: separaciones, problemas con la bebida, dificultades económicas, etc. De manera con el transcurrir de los minutos, el espectador asiste entre atónito y angustiado, a contemplar cómo la supuesta tranquila jornada de caza se va convirtiendo poco a poco, en un encarnizado enfrentamiento entre los protagonistas.

La vi hace poco y confieso que gustándome el cine y siendo esta película un icono de nuestra cinematografía hispana, no la había visto con anterioridad; y me quedé estupefacto al visionarla. Toda la película destila inquietud y olor a “jarra pellejo” y violencia de postguerra.

José, Paco y Luís, acompañados del joven Enrique, tres amigos metidos en años; y entre ellos, rencillas, chismorreos, conflictos, rivalidad. Y también en ellos hay mucha dinamita encerrada, recuerdos y vivencias de tiempos no muy antiguos.

lacaza2

Ya en la primera media hora se sabe que aquello va a acabar mal. El encuadre es angustioso, de calor abrasador insoportable y sudor a raudales, de páramo, de jara y tomillo hasta en las narices, de pobres conejos aniquilados de forma brutal, como brutales y propios de la España de antañazo son sus personajes. Los diálogos concisos, la atmósfera irrespirable y gris, con malos augurios, como la novela de ciencia ficción que lee uno de los protagonistas. Ni Franco ni política ni guerra civil, nada. Sólo la España yerma del cainismo, la envidia y la escasa apertura de miras. A tiro limpio, como en un western, a bocajarro, como corresponde con el salvajismo y el drama universal de tres amigos unidos por profundos túneles de miedo e ira.

Destaco la brillantez de la dirección de un Saura sembrado, el excelente guión del propio Saura y Angelino Fons, la gran fotografía en blanco y negro, como no podía ser de otro modo para esta historia gris, de Luís Cuadrado, las enormes interpretaciones de tres grandes de la época: Ismael Merlo, Alfredo Mayo y José María Prada, acompañados de forma excelente por un joven Emilio Gutiérrez Caba y otros secundarios que se lucen igualmente. Una música llamativa y muy acorde del gran Luís de Pablo.

Esta película, de enorme fondo social e histórico, de la España soterrada y animal, salvó las censuras. Al parecer sólo le prohibieron que se titulara Caza de conejos, por aquello de la significación sexual del término “conejo”. Hasta en eso eran ignorantes y burdos en aquella época, hasta en la censura, hasta los censores eran toscos y torpes. Entonces, a los tales censores se les pasó por alto la enorme carga de profundidad que el film tiene. La tremenda época del odio y la brutalidad que hoy resultan inimaginables.

Elías Querejeta fue el productor de lujo de esta película. Comenzaría así una relación fructífera y estrecha con Saura que se prolongaría hasta 1981 con una última película como productor, también de Saura: Dulces horas. Antes recuerdo producciones importantes de Querejeta con Saura como: Peppermint frappé, 1967; La madriguera, 1969; Ana y los lobos, 1973; Cría cuervos, 1975; o Elisa vida mía, 1977, por mencionar algunas. En fin, quiero al hilo de estos comentarios rendir un homenaje merecidísimo a ese gran productor que fue Elías Querejeta y por supuesto al gran Carlos Saura, aún vivo.

La película consiguió el Oso de plata en el Festival de Berlín de aquel año al mejor Director, con un jurado formado, entre otros por Pier Paolo Pasolini, que felicitó personalmente al Saura por su magnífica visión metafórica de enfrentamiento fratricida en la España profunda del momento.

Estimado amigo o amiga, si te gusta el cine y no la has visto, vela, es una auténtica obra de arte. Y además te servirá a modo de patrón para que, si eres, joven, compares cómo éramos y cómo, venturosamente, somos en la actualidad.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario