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La decisión de Ridley Scott

Por Marcos Cañas Pelayo

Debemos evitar volver a los lugares donde hemos sido muy felices. Cuando Ridley Scott retomó la batuta de la saga Alien para narrar la pre-cuela Prometheus (2012), quizá el célebre director debió tener en cuenta esa advertencia. Precisamente de avisos fue su siguiente film, apenas un año después, donde dispuso de un casting que aunaba talento y popularidad Hollywoodiense: The Counselor.

La película recibió críticas tibias, cuando no directamente negativas. ¿Qué le estaba pasando al maestro Scott? ¿Podía un artesano como él tropezar dos veces en la misma piedra ante la taquilla? Difícil determinar algo así en el blanco albedrío del libro de los gustos, pero considero que hay la suficiente oscuridad y sofisticación en El Consejero para permitirle un re-visionado. Hay cintas que ganan con el tiempo. Sospecho que nos hallamos ante uno de esos casos.

 

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En primer lugar, por la historia, la cual no es una al uso. Volvemos a un tópico que conocemos, más en estos días donde el Chapo Guzmán negocia los derechos de una película sobre su vida: el cártel mexicano, la frontera, el negocio de los narcos, los impolutos trajes de ejecutivos que llevan algunos empresarios que se nutren de él sin ensuciarse las manos… Cormac McCarthy ofrece un guión tenebroso al cineasta, aunque no esperen un relato de crimen organizado al uso.

Básicamente, porque el propio protagonista es una excusa. Sí, puede sonar raro teniendo en cuenta que se escoge a toda una estrella como Michael Fassbender para interpretarlo, pero el personaje no tiene ni siquiera nombre. En todo momento se referirán a él por su profesión, una que le ha llevado a ser letrado de individuos poco recomendables. Sin embargo, ha caminado por el alambre sin caerse. Lo que dependa de su futuro, el cual incluye a su atractiva y complaciente novia (Penélope Cruz), parece sólido y digno de todo un ganador para la cultura de mercado más salvaje. Claro que, hay que tener cuidado con las decisiones que se toman.

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Igual que hacía en No es país para viejos, la prosa de McCarthy va logrando que surja un vendaval que ponga juntas las piezas desordenadas. Dos son las grandes influencias que llevan al Consejero a dar un salto a la piscina: Reiner (Javier Bardem), cliente adinerado por un oficio donde es un peligro considerarte el más listo, y Westray (Brad Pitt), antiguo socio del primero e intermediario básico para contactar con quienes de verdad mueven el negocio.

Más que un thriller milimétricamente medido en su avance, nos hallamos ante un cuento comenzado, al igual que hace George R. Martín en Canción de Hielo y Fuego, el espectador aterriza en un día cualquiera de personajes con un gran pasado detrás. Intuimos, gracias a la experiencia de Scott tras la cámara, que Reiner se ha enriquecido mucho, pero también ha ampliado su nómina de enemigos. Asimismo, comprendemos que la “amistad” que puede ofrecer un superviviente como Westray depende de la fortuna de la última operación, pudiendo ser muy rápido en desaparecer.

Y es aquí donde creo que se comete la injusticia con estas más que eficaces dos horas de metraje. El Consejero no da todo masticado, aunque tampoco cae en las redes de lo que podríamos llamar un film tramposo. Al contrario, vemos con calma (que no lentitud), cómo se llevan a cabo esos viajes y la clase de operarios involucrados en ella. Carreteras, Sol, frontera y presidios. El letrado tendrá una entrevista son la madre de un sicario a pequeña escala del cártel (Rosie Pérez), un diálogo aparentemente insustancial, si bien decisivo, como lo son muchos en este pequeño drama.

La violencia no nos estalla de una forma rimbombante o grandes acordes musicales que nos hagan predecir que va a producirse un tiroteo. Tampoco encontramos machadas de delincuentes y policías capaces de enfrentarse a todo un ejército en solitario. Todo es pragmático y funcional en este mundo. Cuando quienes dan las órdenes se enfadan porque falta algo en la caja de lo que esperaban ganar, no lanzan sudorosos bramidos mientras acarician un feo gato obeso; simplemente, las consecuencias son lógicas. El caos y el horror tienen un sentido.

Quizás le penalicé en determinados mentideros por la falta de espectacularidad, pero creo que es el gran acierto de Scott. Lo que ocurre y sucede tiene un efecto, así de simple. Suficientes ingredientes para que pueda ser considerada esta obra una afortunada incursión al cine negro. De cualquier modo, faltaría la última e imprescindible presencia: la sensualidad que motiva a los protagonistas del relato, el deseo y el placer culpable.

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Eso se ejemplifica de manera clara en Laura, la ya citada novia del protagonista, y Malkina, la exótica amante de Reiner. Esta segunda personalidad es la más fuerte de todo este drama, en buena medida, gracias al carácter que le imprime una Cameron Díaz que, quizás, haga el mejor trabajo de su carrera con este leopardo ingobernable que es su personaje. De todas las piezas del tablero, es su amoralidad la que mejor acepta la esfera donde se mueve. Un mundo de abusos, lujos horteras, coches de alta velocidad y donde el sexo es básico, sobre todo si se hace en el último vehículo comprado por tu pareja. Con encapuchado grisáceo, Malkina podría ser la mentora ideal para la Caperucita Roja versión gore que firmó Ellen Page en Hard Candy (2005).

Laura es su reverso, aunque desconocemos si, por ello, necesariamente más positivo. Puesto que no es tonta, la venda voluntaria que se coloca ante lo que hace su amante lleva a la duda. Nuevamente, las decisiones. Algo se intuye en un diálogo que comienza muy prometedor entre el Consejero y el Jefe (excelente Rubén Blades, cita a Machado incluida), pero que se desinfla por un exceso de artificio pretencioso (tal vez el gran pecado en que, ocasionalmente, cae un gran escritor como McCarthy).

Hay un tercer elemento en este cherchez la femme, pese a los riesgos que conlleva. Es una aparición más fugaz pero no menos deslumbrante. Hago referencia a la chica rubia interpretada por Natalie Dormer. Cómo alguien que capta tan rápido la atención en la pantalla tiene tan escasos segundos de aparición (no es la primera vez que le ocurre, recordemos Capitán América [2011]) es uno de esos postergeist que de tanto en cuanto ocurren en los ejercicios de casting.

Para muestra un botón en una de las escenas eliminadas del film, la compra de unas prendas de lencería en seda para Laura por parte del Consejero. Tanto Fassbender como Dormer dan un clinic de seducción y lenguaje corporal, con un erotismo taimado que chocaría con la brutal sensualidad de Malkina o la cálida tranquilidad de pareja que da Laura entre las sábanas.

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Sin grandes rupturas con el nudo, el tercer acto llega con aroma carmesí de sangre, cuando Scott ha colocado a todas sus piezas en la cacería. Siguiendo la estela de lo dicho, no es tanto la espectacularidad de lo que se ve, sino su contundencia, el sobre-entendido de que el peor de los terrores puede venir escrito en un simple rotulador.

Un humilde consejo, si la vieron y no les gustó, intenten darle otra oportunidad. Se sorprenderán.

No hay desperdicio en las conversaciones que establecen los personajes. Puede establecerse un diálogo filosófico en torno a un diamante entre el sabio vendedor de Ámsterdam y el nuevo rico que quiere ofrecérselo a su novia como prueba suprema de amor. O las explicaciones sobre los riesgos y los mecanismos del oficio que ofrecen los profesionales del narcotráfico a los que se inician temerariamente en él. […] El consejero proporciona entretenimiento de altura”. –Carlos Boyero.

Comentarios

  1. Marta

    Marcos, sinceramente me ha gustado más tu artículo que la propia película. Hasta por un momento he tenido ganas de volverla a ver.

  2. Marcos Rafael Cañas Pelayo

    Hola Marta, muchas gracias por tus palabras, me alegra que te haya entretenido el artículo y, si te ha movido un poquito para darle una oportunidad de revisionado en el futuro a la peli, objetivo más que cumplido. 1 cordial saludo-Marcos

  3. Alberto

    A mi me pareció una película más que aceptable.

    Totalmente de acuerdo con lo que comentas respecto a los diálogos que le hacen ganar muchos enteros, a que no esté todo bien masticado y a que quizás la falta de espectacularidad le ha restado potencia. Pero precisamente por todo esto seguro que gana enteros con un segundo visionado, aunque a ver de dónde demonios saco tiempo para hacerlo con todas las que tengo que ver por primera vez ;)

    Muchas gracias por compartir el artículo, me sentía un bicho raro cuando puntualmente, y susurrando casi, he recomendado verla.

    Saludos

  4. Marcos Rafael Cañas Pelayo

    Buenos días, Alberto, sí, todos hemos tenido esa sensación cuando recomendamos esta película, bastante denostada por regla general. Sin embargo, como bien dices, tiene varios alicientes (por ejemplo, los diálogos) que le hacen ganar enteros en los revisionados. Muchas gracias por compartir tus impresiones sobre “El Consejero”. 1 saludo.

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