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La conspiración

Por Jon San José Beitia

Solemne y sobria recreación de los hechos que giraron en torno al asesinato de Abraham Lincoln y al juicio que fueron sometidos los implicados en el caso. Dirigida con buen gusto y elegancia por Robert Redford, que reúne en sus filas a un notable reparto de intérpretes para dar mayor entidad y calidad al relato judicial que presenta.

En el aspecto técnico la película cuenta con una notable ambientación, lograda gracias a una gran labor en la selección de vestuario y a una exquisita fotografía. Emplea la luz como un personaje más, consiguiendo dar al conjunto de la trama judicial de un aspecto visual propio y bien definido, aunque en algunos momentos, el desmesurado empleo de la luz llega a saturar la imagen. Cuenta con una puesta en escena correcta y elegante, desarrollando paulatinamente el drama judicial.

Robert Redford con este drama judicial presenta el final de la contienda bélica de la guerra civil americana, los primeros pasos de la justicia y el establecimiento de una nación, cuestionando los valores del inicio de la sociedad americana.En la forma de presentar y desarrollar el argumento, se respira el cine clásico de antaño, alejado de efectos especiales, se limita a contar una historia de personajes. En su afán por ceñirse a los hechos históricos, abusa del empleo de imágenes y carteles de la época para ubicar la trama judicial. Abusa del empleo de flashbacks en el desarrollo del juicio, donde los personajes relatan los hechos vividos horas antes del asesinato del presidente Abraham Lincoln.

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El desarrollo del argumento peca de simple y demasiado evidente, perdiendo interés el devenir del juicio, cayendo en la reiteración de ideas y conceptos. Las pruebas y argumentos desarrollados por el abogado defensor resultan convincentes e ingeniosos, pero no son suficientes para hacer frente a una lucha que va más allá de la justicia, en  tiempo de guerra las leyes enmudecen.La idea principal que denuncia la película es interesante, pero no llega a tener un desarrollo lo suficientemente adecuado, todo resulta demasiado evidente.

Los personajes, sus vivencias e interacciones están plagados de tópicos y no hay nada reseñable en las interpretaciones de un reparto plagado de nombres, que hacen aportaciones discretas, poniendo en esta lista a Tom Wilkinson y Kevin Kline, secundarios habituales.

La historia deja la sensación de no dar para tanto y resulta excesiva su duración, donde diversas secuencias se podrían haber acortado e incluso extraído de la película.

Robert Redford cuenta con las bases y herramientas para contar una buena historia, pero se pierde en la puesta en escena y fotografía, olvidándose de las emociones de sus personajes. Al término de su visionado, todo resulta frío y vacío.

Jon San José Beitia

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