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La ciudad no es para mí

Por Alberto Gonzalo

No tengo la suerte de haber nacido en ciudades tan reputadas como Madrid o Barcelona. No obstante, y tal como rezaba aquella conocida canción  ”Yo no maldigo mi suerte” aunque reconozco que estas capitales pueden aportar grandes valores. De hecho, grandes genios de fama mundial se han formado o criado en ellas o en otras palabras, todo lo que acontece en nuestras televisiones proviene de estas afamadas localidades.

Por lo que a mí respecta, las respeto profundamente porque visitarlas es un placer e incluso puede ser una lección. Siguiendo con esta afirmación, creo fervientemente que la película La Ciudad no es para mí enseña mucho a las personas acerca de las diferencias entre pueblos y capitales. Puedo asegurar que me ha enseñado más su visionado que muchas asignaturas que tuve que memorizar en el Instituto.

Me emocioné con muchas escenas de la misma, mi admirado Paco Martínez Soria borda el papel de una manera incontestable, está claro que estaba predestinado para interpretar a ese personaje. El actor que nació en Tarazona y vivió en Barcelona sabía perfectamente del tema que versaba la película.

Conozco gente que ha huido del pueblo a la ciudad alardeando de lo adelantado que se siente uno en Madrid o Barcelona por ejemplo o incluso en Valencia, Sevilla, Bilbao, Málaga o Zaragoza, ridiculizando aquellos que no se atreven a salir de su pueblo porque son felices llevando una vida “primitiva” como muchos satirizan erróneamente.  Estas personas que emigraron miraban  burlonamente y con desprecio a aquellos que permanecían en el lugar que generosamente les había proporcionado una identidad, cultura, esparcimiento y educación sin pedir apenas nada cambio más que una breve visita en las fiestas patronales y Navidad.

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Pero para ellos esto no era suficiente, necesitaban más. Solían ser mis amigos, vecinos y compañeros de clase (no quiero hablar de los que se fueron a Londres, Nueva York, Berlín, Tokio o París, éstos merecen un artículo aparte).

Tiempo después, tuve la ocasión de verles de nuevo y el cambio asustaba, habían perdido valores y habían olvidado sus orígenes y raíces, ya nada les unía a ese sitio que tan bien les había tratado. Esto es inaceptable, debemos aceptar nuestro pasado por doloroso y vergonzante que sea. Esta gente que se creía “guay” en realidad no lo era, me sentí muy mal. Sus ropas, sus peinados, su acento…, habían cambiado a peor. Incluso uno de ellos llevaba un “piercing”. ¡Lo pasé fatal!

Paco, con esta película nos enseña una realidad, la de la gente que miente y engaña sobre su origen por miedo a ser rechazada en la alta sociedad. Hay demasiada gente que se cree superior por pertenecer a un entorno más reconocido y nombrado por los medios de comunicación que otro, nadie es mejor que nadie y mucho menos por haber nacido en un pueblo, barriada deprimida o incluso chabola tiene uno que sentirse triste o avergonzado ¿Es que acaso no han visto Slumdog Millionaire?.

Salvando las distancias, afirmo rotundamente que da igual de donde vengamos, lo importante es ser feliz y si encima eres tan gracioso y tienes el carisma que despliega Paco Martínez Soria mucho mejor. Muchas veces, somos esclavos de lo que nos dicta la sociedad, publicidad y revistas. Hay que andarse con cuidado y analizar todo con rigor y cordura sin dejarse llevar por los escaparates y luminosos de la gran ciudad ni los vestidos y el look de las personas. No es oro todo lo que reluce y bien sabido es que las apariencias engañan.

Paco Martínez Soria emigra del campo a la ciudad para echarle una mano a su hijo y  a su nuera cuyo proceder y juicio en la capital dista del que era en el campo debido a sus nuevas amigas y compañías en la alta sociedad madrileña pero, ¿cambia a mejor? Tranquilos, Paco sabe cómo actuar en este tipo de ocasiones.

Una de las mejores escenas de la película y (¿por qué no?) del cine español es cuando Paco Martínez Soria recuerda y desvela el monstruoso pasado de la mujer que tiene ahora amigas burguesas (¿qué se creía esa bribona?, ¿qué el pasado no iba a salir a relucir? ¡Poco conoce a Paco!).

Espero que los lectores que no la hayan visto puedan disfrutar tanto como un servidor de La Ciudad no es para mí. No se preocupen, no la busquen en ningún sitio, ya se encargará Televisión Española de emitirla próximamente este año, el que viene, el siguiente…

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Comentarios

  1. Íñigo

    Amigo, la gente de pueblo que se comporta como gente de ciudad recibe la denominación de “modernos de pueblo”. Por otra parte, me gustaría ver “La ciudad no es para mí” sin el filtro odioso de “Cine de barrio”.

    Pregunta indiscreta: ¿por qué no ponen en “Cine de barrio” todas las películas de la historia del cine español? No es por joder a los mayores de 65 años, pero hay otras audiencias en España.

  2. Tienes toda la razón, a lo mejor lo hacen más adelante, será gracioso, mientras nuestros abuelos veían estas películas nosotros veremos de viejos en Cine de Barrio Lucía y el Sexo con smartphone pero eso sí, seguiremos trabajando porque no existirá la jubilación. Muchas gracias por comentar Íñigo.

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